Viernes 31 de Octubre de 2014
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Lunes 03 de Diciembre de 2012 - 02:02 PM

En viaje por Suramérica, las motos rugen en Bucaramanga

Mauricio Betancourt/VANGUARDIA LIBERAL
Silvio, ‘Shona’ y Paulo llegaron a Bucaramanga el 28 de octubre, tras un mes de viaje en moto desde Brasil.
(Foto: Mauricio Betancourt/VANGUARDIA LIBERAL )
Tres brasileños cumplen el sueño más grande de todo motociclista: viajar en sus máquinas por toda Suramérica. Es así como en octubre comienzan el viaje, pasan por Colombia y llegan hasta Bucaramanga, donde hablan de su aventura por las carreteras de diferentes países.

En el parqueadero de un hotel en Bucaramanga están tres motocicletas robustas e imponentes con su potencia de 1.200 centímetros cúbicos: una BMW de placa MGM0927 y dos Yamaha Super Tenere de placas NRI3922 y NRI3856.  

En un cuarto de ese mismo hotel se encuentra Paulo Floravante Rotilli, que descarga cuatro maletas cuadradas especiales para ubicar en motocicletas. Sidinei Scotton, más conocido como ‘Shona’, y Silvio Domingos do Amaral acomodan la misma cantidad de equipaje en una orilla de la cama.

Los tres llegan a Bucaramanga un lunes cálido que tuvo la extraña ausencia de la lluvia. Es un 28 de octubre, día en que Andrés Alarcón Rojas, un manizaleño, joven y delgado, que vive hace un mes en la capital santandereana, les da la bienvenida. Él conoció a Paulo en Argentina, en un encuentro de motociclistas y ciclistas de todo el mundo. De eso ya hace diez años.  

Paulo enlaza cada hilo de la conversación con palabras sueltas en español y mira fijo la boca de quien se dirige a él para lograr entender lo que le dicen. Es el más joven del equipo de motociclistas, pero a sus 39 años se muestra como el líder, ante el dominio de una segunda lengua, y también, porque es el más grande y alto.

‘Shona’, de 43 años, tiene una sonrisa jovial. Se muestra tímido al hablar poco el español y de un momento a otra, se ve algo eufórico, como si hubiera ganado confianza tras el paso de la charla.

Silvio mira con su gafas en una perspectiva siempre de abajo hacia arriba. Sus labios casi siempre están pegados y de un momento a otro, deja ver sus dientes. Es el mayor de los tres.

– ¿50 años tiene?

–Sí, pero parece el más joven, ¿cierto? –responde Andrés.

Los tres brasileños salen peinados y perfumados del cuarto del hotel. Lucen jean y una camiseta fresca, perfecta para el clima de la ciudad. Se dirigen al parqueadero a buscar sus motocicletas, las cuales rugen en las calles de Bucaramanga, por donde las personas voltean a mirar.

El casco de Silvio es el más llamativo por los rayos amarillos y morados que lo cubren. Y si se mira la parte de atrás se observa una calcomanía de Valentino Rosi, el campeón de motos GP.

–Valentino es un italiano. ¡El mejor. Eso del GP es como la fórmula 1 de las motos! –recalca Andrés.

Paulo, ‘Shona’ y Silvio pasan por Bucaramanga, al cumplir, como dicen ellos, con el sueño de todo motociclista: recorrer Suramérica en moto, lo que les ha permitido cruzar fronteras para conocer culturas y en sí, andar con el rugir de sus máquinas sintiendo la brisa: que les da el aire de libertad.

Esta aventura, la cual llamaron –Expedición América del Sur– la comenzaron en agosto de 2012 en San Gabriel de Oeste, su ciudad natal. Para esa fecha salen con su equipaje, medicamentos, un celular con GPS, herramientas, los documentos de las motocicletas, el permiso para ingresarlas a otros países y sus pasaportes.

El primer destino del viaje es cruzar parte de Bolivia, país en el que permanecen seis días y de donde no fue tan grato el paseo luego de que les cobran 6,5 dólares por cada galón de combustible.

–Es la más cara de América del Sur– menciona inconforme Paulo–, en ese momento Andrés lo interrumpe y le dice: ¡No, la más cara es la colombiana!

Paulo explica que en efecto el combustible de Bolivia, donde Silvio sufrió un malestar estomacal luego de comer una ensalada– hecho que los puso a sufrir algunos días– es la más costosa de latinoamericana, porque a los turistas les cobran impuesto por llenar el tanque de combustible, mientras que en Colombia solo pagan 3,5 dólares por galón de gasolina.

Shona se accidenta

Los motociclistas hacen rugir sus máquinas en el trayecto hasta Perú. El cambio de temperatura y la altura hace que sufran fuertes dolores de cabeza, sensación que no es desconocida para ellos que viajaron en 2010 al Desierto de Atacama, en Chile, y a Machu Picchu, en Perú, al año siguiente.

–Se siente un dolor por la altura y el cambio de clima–señala Paula.

Los tres siempre conducen confiados en que sus motos no les harán pasar una mala jugarreta. La BMW de Paulo, por ejemplo, tiene calefacción en los timones y cuando lo desee, pone el piloto automático. Qué más se le puede pedir a esta máquina.

–Estas son motos para viajes extremos. No van a tener problemas.

– ¿Y cuánto cuesta cada moto?

–Unos 31 mil dólares, en Brasil –afirma Paulo.

Los tres están exhaustos, con hambre y sed, por lo que deciden parar en alguna región de Perú, donde revisan el aceite, los frenos y las llantas cada una de 10 centímetros de ancho. Ya los ha tomado la noche y no queda más que descansar en un hostal.  

–Procuramos viajar de día– confiesa Paulo.

Al día siguiente continúan el viaje a 130 kilómetros por hora hasta alcanzar los 170 kilómetros. Comienzan a recorrer vías en recta –a las que están acostumbrados en Brasil– y luego se encuentran con las montañas de Perú.

–Muchas curvas, no las conocíamos – dice ‘Shona’, quien atraviesa una que hace que disminuya la velocidad, pero aún así, cae al asfalto.

–¿Qué le pasa a Shona? –menciona Paulo.

–Me llevan a hospital. Hacen radiografía, no se ve nada –recalca el accidentado.

‘Shona’ dice a sus amigos que está en capacidad de seguir el viaje con el dolor que impera en el tronco de su cuerpo. Y así lo demuestra, pues resiste al malestar tanto, que llegan a Ecuador después de cinco días de viaje. Sin embargo, el dolor se intensifica.

–Busco otro hospital. Hacen radiografía y sale que son tres costillas rotas– explica ‘Shona’, utilizando sus manos para hacerse entender.

Con la fractura confirmada deciden parar su aventura. La salud de su amigo prima. En ese momento no queda más que comprar los pasajes de regreso a Brasil.

–¿Y las motos?

–Las dejamos en Ecuador– dice Paulo.

Guardadas las motocicletas en un local se hacen la promesa de volver por ellas, seguros de que continuarán la travesía, pase lo que pase. Entonces, Paulo y Silvio se dedican a sus negocios como agricultor y empresario en Brasil, mientras ‘Shona’ espera en cama durante 40 días a que sus costillas se vuelvan a fortalecer.

Se cumple el tiempo

–En avión regresamos a Ecuador. Sacamos las motos y seguimos hacia Colombia –dice ‘Shona'.

Las vías son como caracoles y el paisaje es muy verde: imagen inolvidable que disfrutan entre saltos luego de ingresar a Ipiales, Nariño, en octubre.

–Muchos huecos en carreteras de Colombia –afirma Paulo.

Los motociclistas pasan por Manizales, Tuluá, Honda y paran en Bucaramanga, donde escuchan de la comida santandereana, ante lo cual desean probar algo de su menú. Un mute no es la opción. Necesitan algo más liviano para coger camino hacia Barranquilla, al día siguiente.

– Acá se comen las hormigas–

– ¡Hormigas! ¿Comen hormigas?, pregunta asombrado Paulo.

–Sí, unas grandes y culonas– señala Andrés.

–Hay que probar una– enfatiza Paulo. ‘Shona’ y Silvio asienten. Pero, ese 29 de octubre, solo prueban la arepa de maíz y un caldo santandereano acompañado de varias cervezas colombianas. No fue posible conseguir las hormigas, porque no es temporada, además eran las diez de la noche.

¿Y cómo van las cuentas?

Los motociclistas han recorrido de Brasil a la capital santandereana 21 mil kilómetros. Han tomado 1500 fotografías en las más de 300 paradas que han realizado en los tres países. Cada uno gasta 120 dólares al día y esperan completar 39 mil kilómetros de regreso a Brasil.

‘Shona’ saca un papel arrugado del bolsillo en el que están las regiones que atraviesan. Él las anota luego de verlas en el GPS. Aún así, guiados por la tecnología, se arriesgan a parar en cualquier sitio en el que pueden ser presa fácil de robos, como ocurrió en Ecuador:

–Nos clonaron una tarjeta de crédito –recuerda Paulo.

En la mañana del 30 de octubre, los brasileños se despiden de Bucaramanga y siguen hacia Barranquilla, pasan por Cartagena, Santa Marta hasta la Guajira.

Para el nueve de noviembre habían disfrutado de las playas del Caribe colombiano y se disponían a entrar a Venezuela, donde permanecieron tres días de recorrido en sus motociclistas, sin escala en ningún paraje, según Paulo, por temas de seguridad y –la política–.

El 12 de noviembre se suben, con sus motos, a una embarcación que los llevará durante seis días de Manaus a Porto Velho – en Brasil– para evitar conducir por una zona amazónica en la que cualquier vehículo se podría quedar enterrado.

Alcanzan la recta final, los tres motociclistas escuchando las olas del mar, sentados en el barco, a punto de hacer realidad su más grande sueño, gracias a su espíritu aventurero que los impulsó a recorrer Suramérica en sus máquinas imponentes, las cuales volvieron a rugir el jueves 29 de noviembre cuando llegaron de nuevo a su San Gabriel del Oeste, en Brasil.

Publicada por
SULLY CATHERINE SANTOS HERRERA
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