Miércoles 23 de Abril de 2014
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Domingo 09 de Diciembre de 2012 - 11:29 AM

El guardabosques de la “estrella fluvial”: el Páramo de Santurbán

César Flórez León / VANGUARDIA LIBERAL
El guardabosques de la “estrella fluvial”: el Páramo de Santurbán
(Foto: César Flórez León / VANGUARDIA LIBERAL)
Esta es la historia de un hombre que abandonó su trabajo en las minas de Vetas y se dedicó a cuidar uno de los tesoros naturales de la región: el Páramo de Santurbán. Luego de 12 años de labores en la zona y de conocerla como la palma de su mano, asegura que mientras tenga fuerzas en sus piernas recorrerá a diario los valles de frailejones, en busca de todo aquello que pueda contaminarlo.

A las 5:00 de la mañana un grupo de periodistas no lograba quitarse las pesadas cobijas y se resistía a salir de las cálidas habitaciones que Benjamín Rodríguez Ramírez, guardabosques del Páramo de Santurbán, les había acondicionado para la visita. Vea el especial del Páramo de Santurbán.

Él sabía que era hora de despertar y de “ponerle la cara al sol”, aunque en este caso, por las condiciones climáticas, solo había neblina. Fue entonces cuando Benajamín sumergió su cabeza en el agua helada de la pileta, secó las gotas que escurrían por su rostro y luego se abrigó un poco para comenzar con su rutina diaria, pues como dicen por la zona, el frío cobija y sirve de excusas para “aquellos menesteres del amor”, pero también abandona al mejor postor, en este caso, el resfriado.

Benjamín asegura que Santurbán se comporta como quiere, que su cielo “demasiado azul” es caprichoso y que cuando deja asomar el sol, una delgada línea de luz dibuja las curvas de la cordillera, ofreciendo a los curiosos un espectáculo único en la zona. Para fortuna de los reporteros, muchos no se fueron sin ser testigos de lo que ocurrió ya a las 5:45 de la mañana. 

Antes de ensillar las bestias que acompañarían a Benjamín y a los periodistas hasta el complejo de lagunas de El Tutal y Cuntas, el guardabosque de Santurbán sacó una docena de truchas y las colgó del techo de la cocina. Serían el plato principal para despedir esa noche a los visitantes, luego de su recorrido.

Después de una hora de bromas, historias sobre ronquidos y sustos, el grupo liderado por el guardabosques de 48 años partió hacia las lagunas. El reto era recorrer el terreno de cuyas entrañas emerge oro, plata y otros minerales y en cuya superficie crecen frailejones, musgos y microecosistemas llamados turberas, que atrapan la humedad de la neblina y luego la transforma para dejarla caer a los espejos de agua, conocidos como complejos lagunares, que surten del preciado líquido a Bucaramanga y parte de su área metropolitana.

“Fui minero”

Tras alcanzar los 3700 metros de altura durante el recorrido por las filas, vigas, crestas, espinazos, lomas y colinas que se elevan en el Páramo de Santurbán, Benjamín cuenta que trabajó durante cinco años en Macondo, Santa Isabel y Providencia, reconocidas minas de oro del municipio de Vetas. Asegura que por aquellos días no existía tanta disputa por el oro y que un gramo se ofertaba en 5 mil pesos. “Esto no ocurre en esta época; el precio alcanza hasta los 80 mil”, asegura este vetano.

También recuerda que como muchos de sus paisanos, desde niño sabía que estaría frente a la labor de ser minero y que esto no lo desvelaba. “Desde hace más de 400 años el oro ha estado en estas tierras, no veo por qué ahora se quiere mostrar esto como algo nuevo”, añade. Sin embargo, “por vueltas que da la vida” o tal vez por “amor al medioambiente”, Benjamín le dio un giro a su vida y se empleó como guardabosque de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa del Meseta de Bucaramanga, Cdmb.

Ya completa 12 años en esta actividad, que lo lleva a recorrer casi a diario el complejo de lagunas de El Tutal y Cuntas, que nacen de la cuenca alta del río Suratá, y que bañan a Vetas y California.

Reconoce que asumir este trabajo no ha sido fácil, especialmente porque predomina la minería y todos quieren escarbar la tierra y apropiarse de su riqueza. “Mi familia y mis amigos me criticaron porque dejé mi trabajo como minero, que esto no me sacaría de pobre y que menos me daría plata. Yo no les decía nada, solo me limitaba a hablarles de las bondades del Páramo. En pocas palabras, alguien también debe cuidar la otra riqueza, Santurbán”, narra Benjamín.

Pero no se ha logrado desvincular del todo de la minería. Su hijo de 19 años hace ocho meses se vinculó a una y espera que el salario recibido le permita adelantar estudios universitarios. “No le puedo decir que no trabaje en esto, pues es la principal opción que se le ofrece a los jóvenes en esta región”, comenta el vetano.

A pesar de la riqueza…

Este hombre recuerda que el día que vio el letrero en la Alcaldía de Vetas donde se buscaba a un guardabosques para el Páramo, no imaginó que su salario fuera tan poco. “Uno cree que porque estas tierras son ricas en oro la naturaleza vale igual, pero no. Me ofrecieron medio salario mínimo por un año. Poco a poco la cosa ha ido mejorando”, comenta Benjamín.

Al principio, el trabajo no fue nada fácil. El gaurdabosques de Santurbán debía ahuyentar a los campesinos que llevaban su ganado y a los que cultivaban papa y cebolla. Pocos le hacían caso y menos entendían que estas tierras estaban bajo el cuidado de la Corporación.

Durante varios años la comunidad se resistió, como lo hicieron décadas atrás varios frentes de la guerra de las Farc, que acampaban frente a las lagunas y quemaban frailejones para calentarse.

Cuenta que en un principio salía a las 8:00 de la mañana, que se fue adaptando y que ahora regresa a las 5:00 de la tarde. “Nunca me he perdido”, afirma sonriente.

Asegura que nadie lo molesta en su labor, que las más necias son las vacas y las cabras que logran burlar las cercas de las fincas cercanas al área protegida y que muchas cosas que no son ciertas se especulan sobre los pobladores de los municipios de Vetas, California y Saratá.

“Existe polémica desde otras tierras del departamento por la explotación minera y dicen que la gente de esta zona es peligrosa porque no deja entrar a extraños. A mí eso me da risa, porque desde hace más de medio siglo estas tierras no han tenido doliente y menos los páramos. Las multinacionales llevan años acá y ¿qué se ha hecho? No todo es como lo pintan”, comenta Bejamín.

La despedida

A Benjamín le causa gracia ver al grupo de reporteros intentando subir una ladera rodeada de plantas espinosas y frágiles, al mejor estilo de un grupo de nazarenos que en Semana Santa trata de calmar sus culpas golpeándose la espalda.

Quejas y más quejas es lo único que oye el delgado y moreno hombre, mientras observa a los malhumorados periodistas, fotógrafos y camarógrafos. Mientras Benjamín sonríe, ellos se aferran a los tarros recargados con agua pura nacida en estas montañas de la zona y a los trozos de bocadillos que guardan en sus bolsillos.

Un espejo de agua, el de la Barrosa, llenó de esperanza al grupo. Benjamín, en silencio, les seguía los pasos y aprovechaba para revisar los pajonales y las orillas de la laguna buscando desechos.

Esperó a que el grupo de curiosos buscara un lugar seguro para almorzar, se sentó y se recostó contra una piedra, en medio del valle de frailejones. Luego, se echó una paja a la boca y se dejó acariciar por el paso de la neblina, que a los cuatro mil metros de altura cubrió el cielo pintado con “demasiado azul” y opacó los pocos rayos del sol.

Benjamín recordó sus años de juventud, cuando en compañía de su familia y amigos venía a estos mismos lugares a disfrutar un día soleado de domingo. Cuenta que se bañaban en las lagunas y que preparaban sancocho. Ahora la experiencia es distinta y que el Páramo devora todo ruido distinto al del pasar de la brisa o la neblina.

“A veces se me va el tiempo tratando de escuchar algo en este lugar, pero no lo logro. Tampoco logro describir lo que me produce habitarlo y recorrerlo. Soy privilegiado y a pesar de que por el paso de los años y el dolor las rodillas se me debilitan, no logro apartarme de este camino. Por algo soy el guardabosques de Santurbán”, concluye.

DATOS:

* En 2006, el Ideam definió al Páramo de Santurbán como una “estrella fluvial” perteneciente a las cuencas hidrográficas de Caribe, Magdalena y Orinoco. Según la entidad, su principal valor está en el complejo de lagunas, de las cuales Santander aporta 22 y Norte de Santander, 35.

* En el Páramo de Santurbán existen dos especies de frailejones únicas en la geografía nacional, que son el Espeletiopsis Funckii y el Espeletia Brassicoidea, catalogadas como bajo peligro de extinción en el libro rojo de plantas de Colombia.

* La ecorregión del Páramo de Santurbán, según el Instituto Alexander Von Humbolt, está ubicada entre los 3.000 y los 4.290 metros sobre el nivel del mar. En total, abarca 15 municipios de Santander y Norte de Santander, 80 mil hectáreas en total, custodiadas por la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, y la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental, Corponor. El 26% del Páramo se ubica en los municipios santandereanos de California, Charta, Suratá, Tona y Vetas.

Publicada por
XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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