Viernes 22 de Agosto de 2014
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Viernes 28 de Diciembre de 2012 - 11:41 AM

En Girón, un San Benito los volvió negros

César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL
Un San Benito los volvió negros
(Foto: César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL)
Una fiesta religiosa de más de tres siglos convierte por unas cuantas horas a los ‘blancos’ gironeses en ‘negros’. Vanguardia.com le siguió los pasos a la devoción de San Benito Palermo y al hueso que extrajeron de su tumba en Italia para exponerlo en la Basílica Menor de Girón.

Acólitos de la venta informal ataviados de velas y estampas se disgregan por entre los creyentes esparciendo su tizne negro casero, promoviendo el siempre novedoso mercado religioso de Girón, Santander.

Adentro la Basílica huele a romero, palo santo, eucaliptos, incienso, mirra, sándalo y todas esas hierbas que salen del tarro ahumado  en fumaradas revueltas desde el atrio empedrado hasta los mismísimos cielos.

Este balsámico olor inunda el templo visitado por feligreses, mientras la homilía recuerda la proeza que hizo en Girón San Benito Palermo en 1562.

El chamuscado sahumerio se esparce durante todo el día en honor a este santo patrono cuya imagen está vestida con una sotana color café, acompañada de flores, una figura del Divino Niño bien pulida y un relicario traído de Italia, que guarda un pedazo de hueso (también traído de Italia) del propio San Benito Palermo, comúnmente llamado el “Santo Negro”.

Y aunque en Buenos Aires, Argentina, tiene un barrio con su nombre, y en otras partes como Venezuela, Uruguay o Nicaragua se le implora para que llueva, los gironeses lo buscan con la cara pintada de negro cada 28 de diciembre, para pagarle o pedirle una promesa.

Más acá, más allá y los de las oraciones del fondo también, o los que están sentados, de pie o los arrodillados (cargando su promesa desde el portón principal) o para los que el Credo es apenas un susurro en sus labios, son impregnados de la fumarada de hierbas hervidas cuyo menú de beneficios, dicen algunos en el pueblo, es incontable.

Todos ellos llegan metidos en sus fervores incendiarios, como en un sueño lindo que les niega de sus rostros la sensación de dolor, porque tal vez están cruzando alguna frontera en el cielo, mientras con sus rodillas limpian el piso de la Basílica Menor, como prenda del favor solicitado.

“No siento dolor. Por qué sentirlo, si pago una penitencia. Desde hace tres años vengo a pedir por la salud de mis hijas. Desde que soy devota de San Benito Palermo, ellas no se han enfermado...”, dijo una feligrés.

Junto a ella hay varias mujeres rezando, sus voces desarrugan la mañana de este viernes que se rebulle en sus remolinos de oraciones.

Y es que no hay que ser expertos adivinos para leer en los labios de estas mujeres el comienzo de un Padrenuestro que estás en los cielos...

Son cientas las personas que a cada vuelta del reloj al parque principal en busca del consuelo de Dios, de la mano del fervor de San Benito, un negro tostado, de padres esclavos de Etiopía, limpio de corazón, que a pesar de que nunca supo en vida de este pedazo de tierra llamado Girón, una vez llegó para enseñar que a pesar de que algunos tienen la piel negra, su alma puede ser blanca.

Tienen el mismísimo hueso de San Benito

La devoción a San Benito Palermo en Girón data de 1562, cuando ofició la primera misa el fraile Gaspar Rodríguez, teniendo por tema en su sermón la vida de este santo italiano.

La historia reza que por esa época existía una pugna de razas entre los blancos y los negros, y como una forma de evitar desórdenes y tragedias, el naciente pueblo tomó como ejemplo de vida y devoción a San Benito Palermo, que entre otras cosas, para esos días estaba vivo y residía en Italia.

Para calmar los odios en Girón el sacerdote escogió como modelo de vida a un negro. Significaba que no se debía despreciar a las personas por su piel. En ese tiempo había una lucha de clases entre los blancos de las encomiendas y los negros mineros del Río de Oro. Era una lucha por el oro. Eso llevó a odios y enemistades, relata la historia.

San Benito Palermo nació en Mesina (Sicilia), una isla italiana, en 1526. Hijo de unos esclavos africanos. Su amo le dio la libertad y ejerció como pastor.

Pasados los 20 años entró en contacto con eremitas franciscanos y más tarde ingresó en el convento de Santa María de Palermo, donde le fueron encargadas las tareas de la cocina, ya que no sabía leer ni escribir.

Su gran amor a San Francisco de Asís y su ejemplo de caridad lo llevaron a ser elegido superior del convento, donde impuso una estricta observancia de pobreza y austeridad.

San Benito murió en 1586 y su cuerpo fue sepultado en la Iglesia de Santa María de Jesús en Palermo, Italia. Fue canonizado por el Papa Pío VII en 1808.

Hace unos años el presbítero Luis Alberto Martínez recorrió Italia en busca de mayor información sobre la vida del patrono de los gironeses. Allí le dieron un libro, un video y una reliquia autentica del patrono: Un pedazo de hueso del cuerpo de San Benito.

El hueso, tan grande como una uña, llegó a Girón el 23 de abril de 2004 y permanece expuesto en un relicario dorado con adornos como pequeños rayos de color rojo.

Afuera, en el atrio, por el parque y las calles, la bulla del rebusque en día de fiesta era rumorosa:

- Amor, venga le leo las manos...

- Mire le tengo las espigas para el 31...

- Helados, helados...

- ¿Le pinto la cara?

A medida que pasan las misas (con intervalos de una y dos horas) llegan a la Basílica nuevos rostros de fervor incendiario, mientras otros se van con nubarrones de nuevos augurios.

El diácono Héctor Vecino, aseguró a esta redacción  que el fervor por esta fiesta religiosa ha disminuido. “Hace 30 años uno veía desde por la mañana a casi toda la gente con la cara pintada. Algunos se ponían una túnica marrón, simulando la imagen de San Benito Palermo. Hoy son pocas las personas que se pintan el rostro. Algunos están más interesados en la quema de la pólvora y la fiesta, que en la oración...”.

A pesar de los años y cada vez menos presencia de feligreses con los rostros cubiertos de hollín, dicen que esta fi esta no morirá, porque el legado de San Benito Palermo es inmortal, como las penitencias de rodillas para los necesitados y las bendiciones para los creyentes de este hombre mitad italiano y mitad gironés. Así sólo un hueso de su humanidad haya transitado por las calles empedradas de este pueblo santandereano.

Publicada por
JUAN CARLOS GUTIÉRREZ
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