Jueves 23 de Octubre de 2014
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Domingo 20 de Enero de 2013 - 06:31 PM

Historias de madres asesinas

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Historias de madres asesinas
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Desde 1922, en Inglaterra se aprobó el acto de infanticidio (enmendado en 1938) reconociendo que las mujeres son biológicamente vulnerables a enfermedades mentales en el momento del parto y el puerperio. ¿Qué puede llevar a una mujer a matar a su hijo? Aquí las historias de algunas de ellas.

“El infanticidio cometido por una madre es un fenómeno complejo sujeto tanto a comprensión como repulsión. La muerte de un niño inocente es motivo de pena, rabia y horror, es un crimen y demanda retribución: así es la ley. Sin embargo, la perpetradora de este acto es frecuentemente una víctima también, y ese reconocimiento convierte a la pena en una paradoja: por un lado está la imagen del infante indefenso, muerto a manos de la persona por la cual dependía para su supervivencia. Por otro lado está la imagen de una madre mentalmente inestable y presa por un crimen impensable para la mayoría”, explica  Jaime ardilla Salcedo, médico cirujano y especialista en epidemiología de la Universidad del Rosario.          

Los asesinatos de infantes, niños más grandes o adolescentes son quizá algunos de los casos que más pueden llegar a conmocionar a una comunidad. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué clase de madres pueden hacer esto?

El Doctor Michael Stone, que ha estudiado el perfil siquiátrico de diversos asesinos, estableció un índice de maldad que va desde el uno hasta el 22, siendo este último el número dado a los peores criminales.

Vanguardia Liberal presentará tres casos que conmocionaron al mundo y que podrían identificar varias situaciones y perfiles de madres asesinas. Una de estas madres alcanzó el número 22 en el índice de maldad de Stone.

 

Psicópata y torturadora

THERESA KNORR

En el índice de maldad del Doctor Michael Stone, esta madre está en el número 22, el más alto, lo cual quiere decir que esta mujer era una psicópata que infligía torturas extremas a sus víctimas para después asesinarlas.

Theresa Knorr torturó a sus hijas y las asesinó, culpándolas de su obesidad y de estar poseídas por el demonio. Había sido profundamente devota de su mamá, por eso resulta más que paradójica su actitud hacia sus hijas.

Theresa Jimmie Francine Cross nació el 12 de marzo de 1946 en Sacramento, Estados Unidos. Tomó su apellido de su segundo esposo, Robert Knor. Su mamá murió cuando tenía 15 y pronto se casó con Clifford Clyde Sanders, a quien asesinó en defensa propia, según el veredicto.

Pero lejos estaban de conocer que esta mujer supuestamente abusada por su esposo era una cruel madre que torturaba a sus hijas. Tuvo cinco hijos con su segundo esposo, tres mujeres: Sheila, Susan y Terry, y dos varones: William y Robert. Aunque acostumbraba apagarles cigarrillos en la espalda, amenazarlos con cuchillos y atarlos. Estaba celosa de sus hijas, de su juventud y belleza. Su odio se desató principalmente contra su tercera hija Susan. La culpaba de su gordura y la obligaba a comer grandes porciones de pasta en una olla hirviendo que ponía entre sus piernas. Susan la denunció, pero Theresa convenció a la policía de que su hija estaba loca. Al regresar, Theresa obligó a William y a Robert a sostenerla mientras ella le disparaba en el pecho. Increíblemente no falleció, pero entró en coma. Creyéndola muerta, su mamá le prendió fuego.

La siguiente en la mira fue Sheila: la forzó a prostituirse y cuando la niña adquirió una enfermedad venérea, la encerró en un armario para que muriera de hambre. Para que no la descubrieran le prendió fuego a su propia casa. William y Terry desparecieron desde entonces. Solo Robert se quedó con ella y se convirtió en un ladrón y asesino.

Terry la denunció, pero nadie le creyó. Once años después, un oficial escuchó su versión y por fin, arrestaron a Theresa Knorr. Fue condenada a dos cadenas perpetuas, pero podrá salir en libertad condicional en 2027.

¿Qué le pasaba a Theresa Knorr? Tenía un trastorno antisocial de la personalidad. Era incapaz de sentir empatía hacía otro ser humano o remordimiento por sus acciones. Era delirante y paranoica: tenía esquizofrenia y no recibía tratamiento.

 

Los hijos estorban

SUSAN SMITH

Hay mujeres que prefieren el amor romántico por encima del amor filial. Una de ellas es Susan Smith.

Nació en Carolina de Sur, Estados Unidos, en 1971. Tuvo una infancia muy difícil. Sin embargo, no fue su niñez marcada por el suicidio de su padre o el acoso sexual de su padrastro lo que la llevó a asesinar a sus pequeños Michael, de 3 años y Alexander, de 14 meses: fue el deseo de escaparse con su amante y llevar una vida de lujos.

“Hijitos, tienen que ser fuertes. Mamita los quiere mucho y pronto estaremos juntos otra vez”, decía llorando frente a las cámaras de TV.

En 1994, Susan Smith se convirtió en noticia mundial cuando apareció clamando por la desaparición de sus pequeños. Aseguró que un hombre afrodescendiente los había raptado y hasta el presidente Bill Clinton se conmovió con la historia de la atractiva rubia. Su esposo, David Smith, estuvo a su lado en todo momento, pero no sabía la terrible verdad. La policía comenzó a sospechar de los padres. Como suele suceder, la historia no encajaba y fueron sometidos al detector de mentiras. David pasó, pero Susan no salió avante. Confrontaron su historia; la cambió. Apareció nuevamente en televisión y luego, de manera inexplicable, Susan confesó: tenía un romance extramarital con el hombre más rico del pueblo, Tom Findlay, en quien confiaba que la sacaría de pobre, pero él rompió con ella alegando que no quería hacerse cargo de ningún hijo. Esa noche, ella tomó su auto, metió a los niños, los aseguró con el cinturón de seguridad, puso una videograbadora adentro y dejó rodar el carro hacia un lago. El horror de los niños quedó filmado. Fue sentenciada a muerte, pero se le conmutó por cadena perpetua.

Según la escala de maldad del Doctor Stone, Susan está en el puesto número 11: asesinos psicóticos que matan a personas que “estorban”.

 

¿Protegía a sus hijos?

ANDREA YATES

La creencia de que sus cinco hijos serían poseídos por el demonio impulsó a Andrea Yates a asesinarlos. Andrea nació el 2 de julio de 1964. Rasti y Andrea Yates eran un matrimonio devoto de las escrituras bíblicas que vivía en Houston, Texas.

Sin embargo, Rasti era fanático, las mujeres solo podían obedecer y procrear y presionó a Andrea para que tuviera tantos hijos como Dios estuviera dispuesto a enviarles: Noe (7 años), Juan (5 años) Pablo (3 años) Lucas (2 años) y María (6 meses). La continuidad de los embarazos la sumieron en una depresión terrible, que acrecentó sus problemas mentales. Candice Delong, experta forense del FBI y quien analizó el caso de Andrea Yates, explicó que ella padecía psicosis postparto: escuchan voces, pierden contacto con la realidad y deliran. La presión de tener tantos hijos agudizó todos los síntomas.

Andrea escuchaba a Satán que le decía que se apoderaría de sus hijos por ser una mala madre. Cada travesura que hacían era un pecado gravísimo. A pesar de que en alguna ocasión su esposo la encontró en su casa con un cuchillo lista para suicidarse, no recibió tratamiento adecuado. Los psiquiatras le advirtieron que no tuviera más hijos, pero su esposo no estaba de acuerdo y la obligó a seguir con los embarazos. Luego del nacimiento de María, los delirios aumentaron y ella decidió que Satán no sería capaz de apoderarse de sus hijos si ella los mataba primero. Creía que era la única manera de salvarlos.

Una mañana de 2001, Rasti se fue a trabajar y Andrea aprovechó esa ausencia para llenar la bañera y llevar allí a cada uno de sus hijos para ahogarlos. El último en morir fue Noé. Ubicó a cada uno en la sala muy cuidadosamente y entrelazó sus manos para que se acompañaran en el viaje. Andrea llamó a su esposo y a la Policía y confesó.

Rasti permaneció junto a Andrea durante el juicio, porque comprendió que estaba enferma y no la culpó. Según las leyes de Texas, debía morir por inyección letal. Diferentes sicólogos y defensores de los derechos humanos alegaron que debía vivir en una institución mental, pero Andrea quería morir porque creía que Satán vivía dentro de ella y que si moría salvaría al mundo del diablo.

Finalmente fue condenada a cadena perpetua en 2002.

 

VOZ DEL EXPERTO

Jaime Ardila Salcedo

Médico Cirujano  y especialista en epidemiología de la Universidad del Rosario. Magíster en Salud Pública de la Universidad de Sheffield en el Reino Unido. Actualmente adelanta estudios de Doctorado en Políticas en Salud en la Universidad de McMaster en Canadá.

No existe una única causa o motivo para el infanticidio, y el tratamiento y prevención son multifactoriales. Basados en la investigación de cientos de casos de infanticidio en las bases de datos legales y de los medios, Meyer y Oberman, describieron cinco categorías de infanticidio contemporáneo basados en variables sociales, culturales y económicas. 

1.  Neonaticidio: que es la muerte de un recién nacido dentro de las primeras 24 horas de vida; un crimen que típicamente involucra a una mujer joven para quien el embarazo no era deseado. Esta categoría involucra a dos tipos de mujeres: un subgrupo de mujeres con una profunda negación y estados disociativos (es decir, un trastorno de la conciencia) y una mujer que deliberadamente esconde su embarazo.

La evaluación psiquiátrica de aquellas con negación del embarazo revela estados disociativos que frecuentemente están asociados a historias de abuso sexual y situaciones familiares caóticas.

2.  Una segunda categoría de infanticidio involucra mujeres que tienen compañeros violentos y abusivos y matan a sus hijos. 

3.  Una tercera categoría involucra infantes que mueren a causa de negligencia, como resultado de una distracción de la madre o preocupación por otras tareas. 

4.  Una cuarta categoría comprende mujeres cuyos esfuerzos para disciplinar a sus hijos las lleva a abusar de los mismos. 

5.  Una quinta categoría involucra infanticidio con otros propósitos, que puede o no ser debido a enfermedad mental, como esquizofrenia, depresión postparto o psicosis postparto.

Publicada por
BELKYS P. ESTEBAN
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