Jueves 17 de Abril de 2014
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Martes 29 de Enero de 2013 - 11:18 AM

Las voces de los que habitan el Páramo de Santurbán

Las voces de los que habitan el Páramo de Santurbán
“¿No nos desplazó la guerrilla y ahora nos van a desplazar por el ecosistema?” se preguntan los pobladores,

Dicen que en Páramo Rico hay tanto oro, que décadas atrás a los españoles que colonizaron la zona sólo les bastaba “arrancar una matica”, para encontrar en sus raíces el dorado metal.

Dice el Ministerio de Minas que este sector, ubicado en la vereda el Mortiño, en el municipio de Vetas, puede albergar entre sus rocosas entrañas hasta 3 millones de onzas de oro y que está confirmado que “Colombia tiene en esta parte del país, un importante potencial para su desarrollo minero a gran escala, sobre todo en lo que a minería subterránea se refiere”.

Pero esta vereda no sólo es rica en oro. No es raro caminar por la zona y encontrarse con pequeños cúmulos de agua, que a simple vista parecen simples charcos, pero que en realidad son las fuentes que dan origen al agua que luego corre al río Vetas y a otras vertientes que llegan al río Suratá.

En esta estrella fluvial, el Gobierno Nacional, a través del Ingeominas, entregó títulos mineros que abarcan toda el área de la vereda. Según las autoridades ambientales, para evitar que la actividad minera siguiera creciendo hasta afectar los nacimientos de agua, se decidió incluir Páramo Rico en el Parque Regional Natural del Páramo de Santurbán, donde, como en todo parque natural, se prohíbe toda actividad minera, agrícola y pecuaria.

Esta situación tiene angustiados a Domingo Villamizar y a María Modesta Guerrero de Guerrero, quienes llevan más de seis décadas viviendo en la vereda. Domingo tiene cuatro hijos y María Modesta tiene ocho, todos, con sus respectivas familias, viven en distintos predios de El Mortiño.

María Modesta, una mujer de más de 60 años, dice que la única información que ha logrado conocer del Parque viene de chismes y de la radio. “De los chismes sé que esto quedó parque, que por eso no nos dejan sino un año para que desocupemos. Allá a la casa no nos han llegado a decir nada, uno ve que pasan en la camioneta y ve que llegan al morro, pero a la casa no llegan”, señala la señora montada en una yegua blanca.

Domingo, al igual que María Modesta y sus hijos, vive de su huerta de cebollas, siembra papa una vez al año, tiene una vaca y una tienda pequeña. Sabe que desde hace años “están con el cuento del parque”, pero no comprende cuál es la necesidad de declararlo, si desde que tiene uso de razón vive ahí, cuida los nacimientos de agua y la vegetación de la zona.

“A mí no me han llegado a preguntar nada, no me han dicho qué van a hacer con nosotros, de qué vamos a vivir, si ya no podemos cultivar o tener nuestros animalitos. Nosotros hemos vivido toda la vida acá y hemos cuidado el páramo: mire, ahí están los pajonales y ahí está el agua”, señala el agricultor santandereano. Su hija, Florelba Villamizar, de pie al lado de su padre, llora.

“Lloro por la angustia de no saber qué va a pasar con nosotros – dice Florelba–. ¡Que nos dejen como estábamos, que así estábamos bien!”. El campesino, de 64 años, tampoco oculta su angustia. “¡Que nos dejen en paz!”, dice María Modesta Guerrero de Guerrero.

¿Desplazados por el ambiente?

A mediados del año pasado, el proceso de declaratoria del Parque del Páramo de Santurbán se vio frenado, porque la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, autoridad encargada de diseñar el proyecto del Parque, señaló que era necesario un proceso de socialización y concertación con las comunidades afectadas. El director de la Corporación, Ludwing Arley Anaya, explicó que se hicieron 34 reuniones con autoridades y habitantes del área donde se ubica el parque.

Sin embargo, las propuestas que se socializaron formalmente fueron las de 12. 267 hectáreas, que fue la primera que se presentó, y la de 10.089 hectáreas; y lo que finalmente se aprobó fue un área de 11. 700 hectáreas para el Parque Natural Regional y un Distrito de Manejo Integrado de 600 hectáreas.

Luego lo que se le contó directamente a la comunidad no fue lo que finalmente se aprobó, y los pobladores cercanos al parque no saben a ciencia cierta si sus predios están o no están dentro del Parque ni si pueden seguir trabajando en sus tierras.

El personero de Suratá, Henry Delgado, sostiene además que las reuniones y socializaciones hechas fueron realmente un saludo a la bandera. “A las personas les hacían firmar un documento de asistencia, a veces para darles un refrigerio, y eso se presentó como socialización, pero en realidad no hubo concertación, no se atendieron nuestras solicitudes y hoy tampoco hay información certera acerca de lo que sucederá con los dueños de los predios”, dijo.

La autoridad ambiental, tanto en reuniones privadas como públicas, ha reiterado insistentemente que no se desplazará a las personas de la zona, pero los pobladores del parque no ven qué garantías tienen para quedarse y tampoco confían en la autoridad.

“Es que toman unas decisiones sin antes venir y conocer la situación de la gente y eso es muy complicado. Y le dicen a uno quédense, pero no puede tener uno ni un mosco amarrado en su tierra y entonces de qué vive uno”, dice María Isabel Cacua Álvarez, quien se despertó el 17 de enero con un parque natural regional en el patio de su casa, en el corregimiento de Cachirí, en Suratá.

Ludwing Arley Anaya le dijo a este diario que las personas que viven y tienen sus parcelas podrán mantenerlas, al menos mientras se determinan las soluciones para la comunidad en el plan de manejo del parque. Lo que sí quedó expresamente prohibido fue hacer exploraciones y explotaciones mineras en la zona.

La Cdmb ha dicho que ahora empieza el trabajo fuerte de la entidad, es decir de concertación del plan de manejo del parque y acuerdos sobre cómo compensar a sus habitantes. En la comunidad hay una mezcla de escepticismo y esperanza frente a este proceso, pero sobre todo hay incertidumbre y desinformación.

Varias personas, como Joselín Pulido, ya vivieron la declaratoria de un parque, el de Sisavita, a cargo de Norte de Santander. Allí Pulido tenía parte de su finca y hoy tiene que pagar impuestos por la tenencia de la tierra, pero ni siquiera puede poner a pastar una vaca, porque podría acarrearle una sanción. “Para Sisavita nosotros hicimos unos estudios de títulos  y avalúos, fuimos a la Corporación y no nos dieron respuesta, y tampoco han vuelto por la zona”, señaló.

Para este campesino, nada le garantiza que no suceda lo mismo con el parque de Santurbán, en especial porque desde que se declaró no han visto presencia de la autoridad en sus predios, y no les han dado información clara de cómo les compensarán por dejar sus terrenos como área de conservación.

Para Pulido, y para muchos campesinos de los municipios de influencia del parque la cosa es así de sencilla: “Hay gente que dice que el páramo no tiene precio, ¡claro que no tiene precio!, pero porque no nos pagan a nosotros lo que ha valido mantenerlo todos estos años. Vale tanto que no vale nada”.

La otra cara de la gran minería

María del Pilar García trabajó cinco años en la parte de saneamiento ambiental de Eco Oro. La compañía minera, que tiene su principal yacimiento en el ecosistema de páramo, quedó con la mitad de su mayor título minero en el parque y otro gran porcentaje, incluyendo el depósito de Oro de la vereda Angosturas, podría quedar declarado como zona excluida de actividad minera. Esto depende de cómo se trace la nueva línea del páramo de Santurbán, que adelanta el Ministerio de Ambiente.

Ante la incertidumbre sobre el futuro del proyecto minero de la empresa, Eco Oro lanzó en septiembre un plan de retiro voluntario, al que María del Pilar se acogió, pensando que no sería elegida por ser madre cabeza de familia.

“Me sacaron de un ‘riendazo’”, dice. Lleva cuatro meses desempleada. En ese transcurso ha “barequeado” (lavar arenas del río para sacar oro), ha lavado y planchado para otras familias, ha prestado asesorías, en otras palabras se ha rebuscado la vida y recibe un bono de desempleo de $140 mil al mes.

Pero ahora que sus dos hijas y su hijo reiniciaron el año escolar y que el subsidio de desempleo está por acabárse, está pensando seriamente en la posibilidad de mudarse a Bucaramanga, porque piensa que allí podría ganar más dinero. “Yo no puedo dejar a mis hijos sin estudio, y ellos, por la situación, quieren dejar de estudiar para trabajar. Me da miedo tener que irme para la ciudad, porque los niños míos son niños de pueblo y allá es otro ambiente distinto, están expuestos a más cosas”, dice.

Así como María del Pilar hay otras 20 mujeres en una situación similar en California. Y según el Sindicato de Trabajadores del Sector Minero, Sintramisan, temen que vengan más despidos por las mineras de la zona, si no se define rápido la delimitación del páramo.

De acuerdo con el Ministerio de Minas, el 90% de la economía de California, Vetas y Suratá depende de la minería. En el 2006, oficialmente había 600 personas trabajando en esa industria. Hoy esta cifra puede ser el doble, pues hay nuevos proyectos y nuevas empresas.

Pese a que para algunos sectores la minería legal e ilegal y la titulación minera en zona de páramo es la principal amenaza ambiental de esta fábrica de agua que hay en Santurbán, existe una gran preocupación, en especial en los municipios de Vetas y California, en torno a lo que sucederá si las empresas mineras multinacionales se van.

Por un lado, quedarían por lo menos 600 personas desempleadas, muchas de ellas sólo saben vivir de la minería, puesto que es la tradición de estos dos municipios. ¿Qué proyecto a corto plazo podría gestarse para lograr la manutención de este número de personas?, ¿hasta dónde llegan los presupuestos públicos para soportar una crisis laboral de esta magnitud?

El presidente de Sintramisan, Freddy Gamboa, señala que de darse ese escenario habría en el municipio una invasión de minería ilegal, pues los yacimientos están identificados y sin presencia de la seguridad de las multinacionales es muy fácil entrar y empezar a extraer el oro de la montaña. De hecho, en California hay personas a los que la comunidad llama “galafardos”, que se dedican a eso.

Otro de los temores que existe es que regresen los problemas de orden público. El alcalde de Vetas, David González, dijo que en la parte alta del municipio se han identificado “personas extrañas” indagando en la zona. Hay en el municipio quienes temen que los grupos guerrilleros que tuvieron fuerte presencia en la zona una década atrás estén esperando que se vayan las multinacionales para ingresar a buscar dominio en el área.

LISTA

Afectaciones en los predios

  • Los predios dentro del parque sólo pueden ser vendidos al Estado.
  • El uso del suelo queda limitado a la conservación, aunque la Cdmb ha dicho que mientras no esté el plan de manejo las personas podrán tener sus cultivos.
  • Los propietarios del suelo que queda dentro del parque no pueden usarlo como prenda de garantía para acceder a una financiación, porque es una tierra que deja de ser productiva.
  • Puede o no haber exención de impuestos para los propietarios.

LISTA

Las soluciones que contemplará la Cdmb en el Plan de Manejo Ambiental y lo que piensa la comunidad.

Pago por servicios ambientales: aún no está definido cómo se haría, pero el Ministerio de Ambiente está preparando un decreto para regular este mecanismo. El reparo de la comunidad es que el dinero que se pague por servicios ambientales debe ser suficiente para reemplazar su actividad económica actual.

Guardabosques: La autoridad va a contratar guardabosques y manifestó que desea que los pobladores del parque se queden allí bajo esta modalidad. Dos grandes preguntas tienen las comunidades: ¿a cuántos guardabosques contratarán? y ¿Lo que les pagarán les alcanzará para sostener a sus familias?

Compra de predios: Esta opción es clara, lo que piden los pobladores del páramo es que paguen la hectárea según el avalúo catastral y que, a la hora de recuperar las áreas, no se cometan los mismos errores del pasado, cuando la autoridad sembró pinos y eucaliptos, plantas que secaron los nacimientos de agua en el parque.

Reubicación: Esta propuesta la hace un grupo de propietarios de fincas en Suratá, que aseguran que si le reemplazan las fincas que tienen en el parque con otros predios de igual proporción cerca a sus comunidades, están dispuestos a trasladarse. El Director de la Cdmb dice que esta opción es viable, en especial porque alrededor del parque se tiene previsto establecer una zona de amortiguación donde se haga producción agropecuaria.

DATO

* 400 predios de particulares, aproximadamente, quedaron dentro del parque regional. Ahora estas familias no saben qué vendrá, pues subsisten de la explotación de sus parcelas.

Publicada por
NOHORA CELEDÓN
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