Sábado 19 de Abril de 2014
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Domingo 10 de Febrero de 2013 - 02:11 PM

Las historias detrás de los muros de San Camilo

Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
Las historias detrás de los muros de San Camilo
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
¿Qué ha ocurrido durante las seis décadas de labores del Hospital Siquiátrico San Camilo? ¿Cómo afrontaba el personal médico la llegada de los pacientes y cómo recibían las críticas de la comunidad, que por años satanizó el lugar y lo tachó de manicomio? Algunas de las historias protagonizadas por expacientes, pacientes y el personal médico fueron reconstruidas por Vanguardia Liberal.

Lo reciben con los brazos abiertos y se abalanzan sobre él como lo hacen los niños que apenas dan sus primeros pasos y buscan los brazos de sus padres. Le entregan frutos que recogen de los jardines, hojas que cortan de las plantas sembradas en materas y, sobretodo, le regalan una gran sonrisa cuando da la vuelta y se despide de ellos.

“Chao, Don Pedro”, “no se vaya todavía, Don Pedro”, “lo extrañamos, Don Pedro”. Esto le gritan a quien fue su enfermero, su hermano y su amigo durante 40 años, a quien les ayudó cuando apenas eran unos niños a su llegada al San Camilo y que durante las noches les dio la mano para salir, por momentos, de los laberintos en los que caían arrastrados por sus mentes.

Él es Pedro Pablo Rivera Roa, un pensionado del lugar, que hoy recorre las instalaciones de este centro siquiátrico y recuerda lo que él llama los mejores momentos de su vida.

En otro lado de la ciudad, específicamente en el Instituto Regional de Medicina Legal, se encuentra el siquiatra Carlos Otero Orjuela, sentado frente a viejas fotografías del Hospital y de periódicos amarillentos y revistas que destacan la labor que durante seis décadas ha adelantado esta institución médica en la región.

A diferencia de Pedro Pablo, el doctor Carlos sigue trabajando en San Camilo y todos los días visita pacientes. No habla mucho de cómo fue su llegada al lugar, pues le recuerda la dura etapa que tuvo que atravesar un familiar que estuvo allí recluido, pero asegura que todo lo dejará plasmado en un libro que escribe desde hace varios años y que recoge la historia de San Camilo.

Un lugar ganado a pulso

Pedro Pablo Rivera Roa apenas era un joven cuando uno de sus tíos, funcionario de la Gobernación en la década de los cincuenta, le dijo que existía una vacante en el Hospital Siquiátrico de Bucaramanga, para trabajar ayudando a los “loquitos” que llegaban de los municipios cercanos y que eran recogidos de las calles por la Policía.

Poco a poco, en medio de las extenuantes jornadas de trabajo, Pedro logró adelantar estudios en enfermería. A diferencia de sus compañeros, quienes solo podían salir dos horas cada dos meses, él no se apartaba de la realidad que se vivía fuera de los muros que encerraba la antigua hacienda, que fue paso obligatorio de las tropas durante la Guerra de los Mil Días. 

Recuerda que su trabajo inició en una casona vieja, que fue la primera sede del centro asistencial, junto a tres hermanas de la caridad traídas de España, especializadas en tratamientos para enfermos mentales.

El lugar, según Pedro, contaba con una granja, galpones con hasta 500 gallinas, porquerizas, cuatro vacas y cultivos de toda clase de hortalizas. Además, árboles frutales y mucha tranquilidad.

En medio de los tratamientos, este pensionado vivió toda clase de experiencias, entre ellas, ver a los enfermos amarrados con cadenas a las columnas del hospital, debido a que por aquellos días la ciencia no tenía otra clase de tratamientos para controlar enfermedades como la esquizofrenia, la depresión y el retraso mental.

Por esto decidió acercarse más a los enfermos, especialmente a aquellos que padecían de depresión. Un paciente en particular, que gritaba a los médicos que moriría ahogado, no se aparta de sus recuerdos. Según Pedro Pablo, un día el hombre aprovechó la soledad, buscó un tanque lleno con agua y allí se sumergió hasta que se le acabó el aire y murió.

Otra de las anécdotas, menos cargada de tragedia, también es narrada por este hombre. Jairo era un enfermo que ayudaba en algunas áreas del hospital durante sus ratos libres. Un día, Pedro le pidió que asegurara el cuarto y que estuviera al tanto de lo que pudiera pasar. Jairo, sin refutar, cumplió con su misión.

“Al siguiente día, cuando llegamos a abrir la sala de salud ocupacional, el lugar estaba invadido por el agua y unos doscientos barquitos de papel flotaban. Al preguntarle a Jairo lo que había ocurrido, este respondió: “Qué mejor que tener una flota de la marina para que nos cuide Don Pedro”.

Y las historias siguen, en especial la de Amado, como es conocido por todos en San Camilo. Su nombre real es Leonardo Jiménez y llegó al Hospital cuando tenía tan solo 7 años. Pedro Pablo asegura que este hombre fue el segundo paciente que recibieron en este lugar y desde entonces, hace 60 años, nunca más volvió a salir de allí.

Junto a él está ‘Pastrana’, Samuel Espinosa, quien vive en San Camilo desde hace 40 años. Fue apodado con el nombre del expresidente Misael Pastrana, porque durante la época en que este se lanzó a la Presidencia, Samuel sólo gritaba arengas a favor del candidato: “¡Qué viva Pastrana! ¡Qué viva!”.

Una historia por escribir

El Hospital Siquiátrico San Camilo fue abierto el 21 de julio de 1953, gracias a la importante labor que adelantó ante la Cámara de Representantes Martín Carvajal Bautista, miembro del Partido Conservador. Este hombre, según cuenta el siquiatra Carlos Otero, coordinador del área de farmacología de esta institución, propuso la creación de un centro para la atención de enfermos mentales, cuyo servicio se hizo indispensable por aquellos días.

 Lo que hoy se conoce como la Empresa Social del Estado Hospital Psiquiátrico San Camilo fue edificada sobre caminos de herradura que comunicaban a Bucaramanga con Girón durante la Guerra de los Mil Días. Luego, el terreno se convirtió en una finca que estuvo en manos de dos hombres reconocidos en la región, Alfonso Silva Silva y Apolinar Pineda, quienes la vendieron a la Beneficencia de Santander.

 “Allí se estableció el Ejército conservador. Hace algunos años se encontraron cientos de herraduras bajo tierra, así como una serie de cráneos, cuando se adelantaban unas adecuaciones. Se presume que muchos de los que estuvieron en la Batalla de Palonegro fueron enterrados allí”, explica Carlos Otero.

Para la apertura del Instituto Psiquiátrico San Camilo, cuyos planos fueron diseñados por un alemán, se llamó a un grupo de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón, quienes llegaron el 18 de enero de 1953 provenientes de España.

“Fue la Beneficencia de Santander la encargada de comparar los terrenos para construir el hospital, pues muchos pacientes debían ser trasladados a centros especializados en Cundinamarca y el departamento debía cancelar sus tratamientos”, dice Otero.

Antes del hospital, existió un lugar conocido como ‘el asilo de locas’, una casa con capacidad para 12 personas; pero cuando se abrió San Camilo, el departamento trasladó primero a las mujeres y luego a los hombres, entre estos a Leonardo Jiménez, conocido como Amado, y muchos otros que aún permanecen recluidos en el lugar, sin familia que vele por ellos.

Carlos Otero afirma que desde niño sintió afinidad con este lugar, a pesar de que no lo dejaban entrar a visitar el familiar que permanecía recluido allí. Recuerda que los malos comentarios sobre el centro asistencial crecieron porque no había control de los pacientes.

“Los visitantes entraban y se topaban en los pasillos con los enfermos y esto causaba impresión, pero años después se construyeron nuevos pabellones y los pacientes sólo podían salir acompañados del personal médico”, afirma el siquiatra Otero.

En uno de los capítulos más tristes que ha logrado recopilar este amante de la historia, encontró que durante la organización de bazares para recoger fondos muchas familias aprovechaban para participar de la obra de caridad y luego dejar abandonados a sus familiares víctimas de enfermedades mentales.

“Es algo triste que aún se presenta, pues pasan meses, incluso años, y muchas personas no reciben el apoyo de sus familias”, aclara este especialista.

El doctor Carlos Otero asegura que para la celebración del aniversario número 60 de esta institución abrirá una exposición fotográfica y participará en una serie de visitas guiadas a la comunidad.

“Queremos que Bucaramanga conozca la verdadera labor que hacemos en esta institución, única en su género. El trabajo es arduo, pero si nos acercándonos a la historia y atraemos a la comunidad, podemos dejar en alto el nombre de este lugar, como se ha hecho con otros igual de emblemáticos en la ciudad”, concluye Carlos Otero.

DATOS

* Lipsamia Rendón Cross, directora de la ESE Hospital Siquiátrico San Camilo, asegura que a partir de abril se realizarán una serie de visitas guiadas, para que la comunidad pueda entrar y conocer las instalaciones del lugar.

* En 1998 esta institución fue transformada en Empresa Social del Estado y les presta servicio a distintas EPS.

* 89 pacientes crónicos, 60 mujeres y 29 hombres, viven en el hospital desde hace más de 40 años y están a cargo de la institución.

Publicada por
XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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