Viernes 31 de Octubre de 2014
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Miércoles 13 de Febrero de 2013 - 02:36 PM

Las correrías de los olvidadizos por El Carrasco

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Las correrías de los olvidadizos por El Carrasco
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Pasaportes, escrituras, dólares, la nómina del mes, drogas y maletas con prendas de vestir han encontrado y devuelto a sus propietarios los operarios que laboran en el relleno sanitario. Muchos de los que llegan al basurero en busca de estos objetos pocas veces cuenta qué han perdido por temor a ser robados, aseguran los empleados del lugar. Vanguardia.com recogió algunas de estas historias.

“La única que conoce la bolsa que se perdió soy yo. Así que déjeme entrar, por favor”, decía la desperada mujer que perdió por error varios lingotes de oro en el relleno sanitario El Carrasco al ingeniero supervisor de operaciones que ese día controlaba la llegada y salida de residuos del lugar. Ninguno de los allí presenten pensó que un tesoro había viajado durante horas en un camión y que por descuido de su dueña había ido a parar a ese lugar.

Años atrás, recuerdan algunos funcionarios de la Empresa de Aseo de Bucaramanga, Emab, una frase similar era repetida por una estudiante de último semestre de Medicina, que junto a varios compañeros de clase llegó al Carrasco mintiendo y asegurando que había perdido una memoria USB, indispensable para graduarse.

Todos dicen lo mismo, dicen los empleados del lugar, y muchas veces si encuentran lo que buscan, se van sin decir gracias. “Yo sé qué es lo que estoy buscando, no se meta”, “no le puedo decir qué se me perdió, porque usted me puede robar”, “se me perdieron unos documentos, nada más”. Sin embargo, como ocurre con frecuencia, “sabemos que lo que buscan no son bobadas, ni documentos, lo que han perdido son fortunas”. 

Los que presenciaron el angustiante momento que vivió la dueña del oro cuentan que a esta no le importaron las advertencias hechas por el ingeniero, relacionadas con el cuidado de su salud. Aseguró que de ser necesario “nadaría en excrementos” con tal de recuperar lo que le pertenecía.

La estudiante de Medicina no tuvo la misma valentía de la empresaria. El llanto y los reclamos a sus compañeros la pusieron en evidencia frente al personal de la Emab, quienes fueron testigos de la pérdida de cerca de 50 millones de pesos que la joven, por descuido, dejó en su casa dentro de una bolsa negra y que alguien, en el afán de sacar la basura, echó a la caneca. “Era la plata de la excursión, ¿de dónde la voy a sacar y cómo respondo?”, era lo que la desesperada joven repetía. Finalmente, la plata no apareció.

La dueña del oro fue afortunada. Tras ser aprobada su entrada al sitio de disposición de residuos, se puso los guantes, el tapabocas y los elementos necesarios para sumergirse en la basura; se situó frente a la parte trasera del vehículo recolector y vio con detenimiento cómo este vaciaba los desechos.

Cuando los operarios vieron que se abalanzó sobre una bolsa negra, que del saco salieron barras de oro y que la dueña del metal lo escondió debajo de su falda, los hombres de overol amarillo entendieron su angustia.

“Recuperó su tesoro, pero se llevó un gran susto. Esto demuestra lo descuidados que son muchos ciudadanos, quienes muchas veces nos culpan por los errores que ellos cometen”, expresa Luis Alejandro Camacho Miranda, miembro de la Emab.

Descuidos que cuestan

Situaciones como estas se viven con frecuencia en El Carrasco. El descuido de muchos ciudadanos que suelen guardar toda clase de objetos de valor en bolsas negras y que muchas veces son confundidos con basura o desechos parece no tener límites.

Pasaportes, visas, escrituras, contratos, dólares, droga, medicamentos de alto costo y hasta testamentos han llegado al sitio de disposición de residuos, involucrando a los dueños de estos objetos en aventuras que muchos prefieren olvidar, pero que funcionarios de la Emab recuerdan con agrado y a veces hasta con decepción. 

Uno de los casos más sonados ocurrió en septiembre de 2011, cuando un comerciante perdió 14 millones de pesos que fueron a parar al basurero. La causante del dolor de cabeza de este hombre fue su empleada de servicio, que no miró el contenido de la bolsa negra que tenía su jefe y la arrojó a la calle el día que los recolectores y el camión pasaban por el lugar.

El dueño del dinero, fruto de la labor que le producía el alquiler de unas bodegas, guardó el dinero en esta bolsa, argumentando que estaba cansado de ser víctima de los amigos de lo ajeno.

Para su fortuna, un grupo de 10 empleados de la Emab se encargó de la búsqueda del dinero en medio de 14 toneladas de residuos que el camión había recogido durante el día. Fue necesario abrir todas las bolsas negras que viajaban en el vehículo para encontrar el dinero. La búsqueda resultó exitosa y los billetes fueron entregados a su dueño en buen estado.

Otro caso relacionado con la pérdida de dinero sucedió en noviembre del año pasado. Un comerciante, quien también le temía a la delincuencia, escondió un maletín dentro de una bolsa negra, donde guardaba 700 mil pesos. Media hora después de lo ocurrido, el distraído hombre logró localizar el camión que se llevó su dinero en El Carrasco y regresó a su casa con sus billetes.

Otros elementos de valor como las joyas también terminan en la basura, porque sus dueños, en el afán de protegerlas, olvidan el lugar donde las guardan. Así le ocurrió a una mujer en el barrio El Diamante, quien tras perseguir a un reciclador durante media hora, pidiéndole que le dejara ver el saco donde llevaba varias cajas de madera, logró encontrar las cadenas de su esposo avaluadas en dos millones de pesos.

Momentos dramáticos también han vivido algunas personas que alistan viajes a otros países o que a pocas horas de partir pierden pasaportes, visas, dólares y euros. “Lo que más se pierde es el dinero, pero la gente, no sé si por pena o temor, pocas veces revelan lo que les pasa. Es más fácil que comenten lo que les sucedió, porque así se localiza fácilmente el camión, la hora en que pudo recoger el dinero y dónde buscarlo”, añade Camacho Miranda.

La suerte no es la misma

Uno de los casos que más causó sorpresa en El Carrasco y que aún es recordado lo protagonizaron dos hombres armados, al parecer narcotraficantes, que perdieron una suma considerable de dólares que fue a parar al camión de la basura.

Llegaron a las 6:00 de la tarde y les dijeron a los recicladores de ese entonces que ninguno podía salir del lugar, porque en un camión había transportado un dinero y necesitaban recuperarlo. “Hablaron claro, mostraron las armas que llevaban en la pretina y no hubo más remedio que entregar el dinero”, aseguró uno de los testigos del hecho.

Años atrás el hallazgo de varios kilos de cocaína generó un enfrentamiento entre el conductor de una volqueta recolectora y su ayudante, pues ambos querían quedarse con el alcaloide. Lo que recuerdan varios de sus compañeros es que se fueron a los puños y el auxiliar se quedó con el paquete que nunca alcanzó a llegar a El Carrasco.

Un hombre encargado del servicio de recolección de basura en la Plaza de Mercado del centro de la ciudad cuenta que un importante comerciante y vendedor de quesos de este lugar arrojó a las canecas del sótano la nómina de sus empleados, seis millones de pesos, por equivocación. “Se dice que el dinero entró a El Carrasco, que el hombre lo vino a buscar, pero nunca logró encontrarlo”, asegura un recolector de la Emab. 

Otras imprudencias

No todas las historias tienen final feliz. Algunas dejan lecciones no solo a los desprevenidos y descuidados ciudadanos, sino a los operarios de la Emab.

Una de esas fue protagonizada por una mujer que lavó los muebles de su sala y luego los puso a secar en el andén. Ese mismo día pasó el vehículo recolector y uno de los recolectores pensó que las sillas y el sofá habían sido abandonados y los echó en medio de la basura. Cuando la mujer salió a buscar sus muebles, se encontró con la sorpresa de que el vehículo de la basura se los había llevado y que antes de salir del barrio, el carro recolector los había compactado y destruido.

La equivocación le costó al operario una sanción y el pago de los muebles a la mujer, que según recuerdan algunos de sus compañeros fue de un millón y medio de pesos, aproximadamente.

En los carros recolectores también han viajado maletas cargadas con prendas de vestir masculina, encontradas en la mitad de las calles de la ciudad. Sus dueños, en algunas ocasiones, han llegado a El Carrasco a buscarlas y se encuentran con la mala noticia de que estas ya no existen. “Lo que muchos han contado es que pelean con sus novias o esposas y que ellas son las que en medio da la discusión les tiran los “chiros” a la calle”, concluyó un trabajador de la Emab.

¿Qué dice la Emab?

Samuel Prada Cobos, actual gerente de la Empresa de Aseo de Bucaramanga, Emab, aclara a la ciudadanía que los elementos que llegan al relleno sanitario no son de interés para la empresa. “A cualquier persona que llegue con el argumento de que extravió algún elemento valioso, se le facilita el ingreso al sitio de disposición, se le dicta una charla, se le entregan los elementos de seguridad industrial y los empleados lo acompañan en su búsqueda”, expresa el funcionario.

Prada Cobos agrega que muchos ciudadanos piensan que al llegar a El Carrasco se van a encontrar con delincuentes y por esto es que no cuentan qué es lo que están buscando o qué han perdido por su descuido.

“Es imposible que ocho días después de la pérdida se encuentre algún objeto. La búsqueda arroja buenos resultados cuando se hace como máximo seis u ocho horas después de que ha pasado el carro recolector. Muchas personas no entran al relleno y somos nosotros quienes buscamos las bolsas o paquetes y se los entregamos”, añade el gerente de la Emab.

* 900 toneladas de basura son arrojadas diariamente al relleno sanitario El Carrasco de Bucaramanga.

* 100 vehículos recolectores, en promedio, entran a El Carrasco a dejar la basura que recogen durante un día de labores.

Publicada por
XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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