Viernes 31 de Octubre de 2014
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Domingo 24 de Febrero de 2013 - 11:07 AM

La mujer que dejó su vida para salvar a una bebé

Nelson Díaz/VANGUARDIA LIBERAL
La mujer que dejó su vida para salvar a una bebé
(Foto: Nelson Díaz/VANGUARDIA LIBERAL)
Esta madre comunitaria aceptó el desafío de criar hijos ajenos, que debe regresar al Icbf y a sus padres biológicos, quienes muchas veces no los quieren recibir. Pero con Elena*, una bebé de seis meses, víctima de un tumor en el rostro que la expone a diario a la muerte, su vida ha tomado otro sentido y no contempla una separación definitiva.

Martha* se cubre el rostro con una toalla percudida  al ver a la pequeña Elena* en brazos de extraños que visten trajes de médico. Sus ojos color miel se llenan de lágrimas, su piel se pone fría y nadie logra sacarla del silencio que por momentos la asalta. No quiere imaginarse qué vendrá después, cuando los médicos ‘gringos’ duerman sobre sábanas azules a su “muñeca” de seis meses y la contemplen bajo las luces del quirófano.

¿La liberarán de la carga que le roba el aire y las sonrisas que toda mamá enmarca en portarretratos durante el primer año de vida de sus hijos? Esta madre comunitaria del barrio Villa del Rosario de Cúcuta se limita a decir que todo lo hace por amor y que Elena es su hija, así no la haya parido.

Desde el pasado lunes llegó al Hospital Universitario de Santander, HUS, a cumplir una cita médica con la bebé, que le fue dada a su cuidado por parte del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf. Por casualidad se encontró con la Misión Wisconsin, la tradicional jornada de cirugías gratuitas que cada año se adelantada con el apoyo de los miembros de la Unidad de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital, quien le entregó uno de los 210 turnos para que la pequeña fuera intervenida.

Al ver que decenas de padres biológicos vivían su misma situación volvió a tener esperanza. La sola idea de poder dormir al menos cinco horas seguidas durante la noche junto a Elena, sin la punzada en el pecho que la lleva a despertarse y a poner su oído sobre el corazón de la pequeña, para comprobar que aún sigue en este mundo, la hacían olvidar el tumor que le cubre toda la nariz a la niña y la complicada cirugía a la que debería ser sometida.

Martha, por un momento, dejó atrás la noche en que la llamaron a su casa y le dijeron que fuera a una clínica de la capital de Norte de Santander a recibir una niña recién nacida, entregada al Icbf por su madre –una joven del municipio de El Tarra de tan solo 15 años–,  quien alegó que no podía criarla por la falta de recursos.

“Tiene una manchita en la nariz, pero eso se le quita luego” fue lo que le dijo una enfermera a Martha. Ella, sin saber lo que le esperaba, la tomó en sus brazos, la llevó a su casa y le brindó los cuidados necesarios hasta convertirse en su “mamá”. Sin embargo, la “manchita” creció hasta convertirse en una tumefacción de cuatro por cinco centímetros, que le obstruye una de las fosas nasales, le cubre parte de su mejilla izquierda y le marca su rostro infantil con una huella indeleble y peligrosa, que amenaza con estallar al ser rozada. 

¿Y eso tiene cura?

Esto fue lo primero que preguntó Martha a los cirujanos que trataron a Elena en Cúcuta. El diagnóstico no fue alentador. El tumor benigno, llamado hemangioma, es una malformación vascular, un problema congénito de los vasos sanguíneos, que con el tiempo tiende a aumentar de tamaño, debido a que más vasos se suman a esta protuberancia carnosa.

Según estudios científicos, el hemangiona tiende a desaparecer hacia los nueve años de edad del paciente, pero muchas veces esto no se da. Es por esto que los especialistas de la Misión Wisconsin decidieron intervenir a Elena, quien se refugia en el pecho de Martha, colgada de un canguro.

Esta madre sustituta solo pide a Dios que le dejen a la bebé un tiempo más bajo su cuidado, pues sabe que no habrá marcha atrás el día en el que el Icbf imponga sus reglas: regresar a la pequeña al hogar donde nunca se han hecho cargo de ella o, para su dolor, entregarla en adopción.

El relato bíblico del Antiguo Testamento cuenta la  historia del ingenioso rey Salomón, quien para ponerle fin a la disputa entre dos mujeres que alegaban haber dado a luz a un mismo hijo, decidió que el recién nacido debía ser partido en dos y entregada cada parte a cada una de las mujeres. Bien sabía el monarca que la verdadera madre no iba a permitir que su descendiente muriera al ser dividido, y observó atento cuando ésta prefirió entregárselo a la otra, confirmando así su interpretación.

Quizás Martha no conozca esta historia, pero sí siente el mismo dolor que una madre al ver que Elena es ingresada a un quirófano, protegida solo por sus oraciones y entregada a las manos de los médicos, que si bien tienen en sus manos una cura, advierten que puede presentarse una gran hemorragia durante la cirugía. 

Renace una ilusión

El pasado 21 de diciembre, cirujanos plásticos de Cúcuta le practicaron a Elena una infiltración en el tumor que no funcionó. “Decían que una de las causas del hemangioma se debía a la toxoplasmosis, porque la mamá salió positiva en el examen, pero no sabemos más, así que me mandaron para el HUS”, dice la madre comunitaria.

Los médicos de Wisconsin corren de un lado para otro llevando en brazos a bebés ajenos, cuyas madres biológicas siguen con sus miradas. Martha habla con ellas, “sí, es mi hija”, repite cada vez que le preguntan por la niña y la hacen recordar las pocas visitas que la verdadera mamá de Elena le ha hecho. “Le soba la cabeza, le dice mi bebé, pero luego se va y se demora mucho en regresar”, narra la desesperada mujer mientras entrega a Elena a cirugía.

Con la voz quebrada dice que nunca deja a la pequeña Elena en manos de nadie. “Ahora va a estar solita en el quirófano, ¿quién me la cuidará?”.

Una mujer del sur de Bolívar que esperaba a su hijo recién operado de paladar hendido y labio leporino ríe al escuchar a Martha y le dice: “Está en manos de los mejores, se lo digo yo que también soy mamá y que esto me ha dolido más que haberlo parido”.

Horas después Elena salió de cirugía en perfecto estado. Según el cirujano plástico, Carlos Ramírez Rivero, coordinador de la Misión Wisconsin, se logró retirar el hemangioma y se salvó parte de la nariz de la niña.

Con la alegría y el dolor que le produce toda esta situación, Martha hace una última confesión: “Sé que algún día debo entregarla al Icbf, pues hace cinco años adopté una bebé que también abandonaron y hoy es mi hija por escrito. Si Dios me da licencia y más tiempo en este mundo, algún día le contaré a Elena que yo fui su primera mamá”.

*Nombres cambiados como protección al derecho a la intimidad de estas personas. 

DATO:

700 pacientes fueron valorados durante 2012 para ser intervenidos este año en la Misión Wisconsin. En total, 210 resultaron seleccionados y serán intervenidos hasta el próximo fin de semana.

Problemas con las EPS

Óscar Felipe y su esposa Diana Marcela aún no saben cómo cubrir los gastos de hospitalización de su hija Gabriela, tras la cirugía practicada a la niña por los especialistas de la Misión Wisconsin, ya que la EPS a la que están afiliados no autorizó el pago. Gabriela, de un año, tiene sindactilia, una malformación congénita que le fusiona varios dedos de una de sus manos. Si sus padres o la EPS tuvieran que pagar la intervención, su costo alcanzaría los 37 millones de pesos.

“¿Quieren que perdamos esta cirugía que es gratuita? Lo chistoso es que cada mes nos descuentan del sueldo para pagar un servicio de salud que luego debemos pelear para que no lo den”, dice este padre de 28 años.

Una situación parecida vive Luz Marina, una docente de Puerto Carreño, Vichada. Su hija María Paula, de seis años, tiene en el rostro un nevus verrugoso que se le ha extendido por los labios, las encías y la garganta desde el momento en que nació, que puede deformar el rostro y la mandíbula.

“He interpuesto dos tutelas y dos derechos de petición, pero la costumbre de las EPS es cambiar de nombre. María Paula debe ser atendida en Bogotá por la complejidad de lo que tiene y en cada viaje gasto mucho dinero. Esta vez, viajé por Venezuela, entré por San Cristóbal hasta llegar a Cúcuta y luego a Bucaramanga. Por poco pierdo la cita con los cirujanos de Wisconsin. Ahora, no sé de dónde pagar la hospitalización, porque la EPS no ha querido autorizármela”, cuenta esta docente de preescolar.

El cirujano Carlos Ramírez Rivero, coordinador de la Misión Wisconsin en el HUS, explica que el hospital pone los cirujanos, los anestesiólogos, los materiales y todo lo que se necesite. “La EPS solo tiene que pagar los costos de hospitalización y a pesar de esto le niegan el servicio a los pacientes”, añade el especialista.

“El problema con las familias de muchos de estos niños es que si las EPS no autorizan el dinero, nosotros no podemos hacer nada por ellos. Algunos deciden pagar de sus bolsillos, pero no me parece que sea justo, como tampoco es justo que pierdan estas cirugías gratuitas”, concluye Ramírez.

Publicada por
XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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