Domingo 20 de Abril de 2014
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Miércoles 24 de Julio de 2013 - 10:42 AM

Cabecera, la de antes y la de ahora

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Edificio Cabecera I Etapa. Hoy funcionan allí un parqueadero y el almacén Éxito.
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Las zonas verdes, la integración entre familias, las casas espaciosas, la tranquilidad y la solidaridad, es lo que más se añora en este sector. La llegada de la modernidad de manera apresurada, la expansión de las zonas comerciales y el querer imitar a otras ciudades es lo que a juicio de estos ‘hijos de Cabecera’ la han convertido en lo en lo que es hoy.

Imaginemos que nada de lo que hay edificado hoy sobre la carrera 33 entre calles 48 hasta llegar al Colegio de La Presentación existiera, que la zona solo está ocupada por las grandes extensiones del antiguo Club Campestre y algunos lagos, que la iglesia del parque Guillermo Sorzano González –parque San Pío– aún es una antigua casona y sólo el edificio de Cabecera I Etapa estuviera en el sector.

Supongamos que aún se alquilan bicicletas para dar paseos por zonas verdes donde hoy se ubican los barrios Sotomayor, Terrazas, La Floresta, El Jardín y Pan de Azúcar y que los enamorados todavía se encuentran en el parque ‘Puyana’, cuyo nombre real es ‘Los Sarrapios’.

Recordemos las imágenes del sector de Cabecera cuando las montañas que la rodeaban no eran engalanadas por modernas y altas edificaciones.

Traer al presente lo vivido y plasmarlo así sea en imágenes de distintos formatos, en medio del “tráfico aterrador”, la intolerancia de los conductores, la mala educación de los dueños de mascotas, la contaminación auditiva y el comercio desenfrenado, es un ejercicio que muchos como Gilberto y Emérita Camargo, Laura Gómez, Hernán Villaroel, Carlos Andrés Castillo, Carlos Martínez y Daniel Rueda Serrano hicieron para Vanguardia Liberal, en medio de la nostalgia y algo de impotencia.

Cuenta la historia…

El crecimiento de Cabecera se puede abordar desde su expansión urbanística y comercial, la historia de las familias que ocuparon excéntricas viviendas rodeadas de mucha naturaleza, desde la construcción de sus avenidas o simplemente desde lo anecdótico, desde las vivencias de padres, madres, hijos, amigos, ‘compinches’, novios y esposos, como es este caso. 

Hernán Villaroel, quien llegó a vivir en la década de los sesenta a la calle 48 con carrera 28, en la cuadra donde un día estuvo el almacén Iserra, asegura que nunca se ha ido de su memoria la imagen de las “matronas” que salían a barrer las hojas secas de los andenes de sus casas, a las 5:30 de la mañana, sin ningún afán. Tampoco olvida, como muchos de sus vecinos, al inconfundible Luis Enrique Figueroa, “el eterno bromista”, periodista y abogado, quien acostumbraba a las 11:00 de la noche a lanzar ‘chistes verdes’ y frases de alto tono, que generaban tanta molestia a las señoras finas y recatadas, al punto de taparse los oídos.  Hernán dice que el barrio sufrió de “depresión colectiva”, cuando en la década de los setenta entraron  máquinas y obreros con la misión de construir toda clase de edificaciones.

Daniel Rueda Serrano, por su parte, recuerda las reuniones en las esquinas, donde simplemente se veía pasar el tiempo, se hablaba de la vida y se filosofaba. “¿De qué hablábamos? De cualquier cosa. No se necesitaba de un teléfono celular y menos de un chat para abordar a una mujer bonita. También íbamos al parque Las Palmas, aprovechábamos sus sillas y de vez en cuando, ya más grandecitos, nos tomábamos un traguito. En ese entonces no existía ningún negocio”, comenta este arquitecto.

Desde hace dos décadas Laura Gómez vive en la carrera 40. Recuerda los paseos en bicicleta y motocicleta, así como las reuniones de amigos. “Esos planes casi siempre terminaban con un paseo a la Mesa de Los Santos, en especial con los amigos de la Unab, donde muchos residentes estudiábamos”, comenta esta diseñadora.

Vivencias del barrio

Para los años sesenta y setenta, la mayoría de los niños y jóvenes de Cabecera estudiaban en los colegios Instituto Caldas, San Pedro y La Salle. El punto de encuentro antes de subir hasta el Instituto Caldas cada mañana era donde hoy se ubica el Centro Comercial Cabecera V Etapa.

En las tardes del viernes se planeaban las actividades del sábado: jugar baloncesto en la cancha del Colegio La Presentación, sin pedir prestado el lugar a las hermanas de la caridad, saltando el muro que  separaba a la institución educativa de los extensos terrenos donde hoy existe la Clínica Bucaramanga y gran parte de la zona comercial de la carrera 33, entre calles 52 y 56.

La época estudiantil tiene muchos recuerdos para Emérita Camargo. “En el Instituto Caldas la mayoría de estudiantes eran hombres. En mi salón, por ejemplo, había 40 muchachos y solo 7 muchachas. Nunca olvido las interclases, porque siempre participaba en las competencias de ‘zorras”, comenta en medio de risas.

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XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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