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Martes 11 de Marzo de 2014 - 08:02 PM

El veneno que contamina las aguas en Sabana de Torres

La contaminación de la quebrada La Gómez y de la ciénaga de Paredes, hábitat del manatí, causada por una extractora de aceite de palma, no es lo único que los afecta. La tala de árboles, la sequía y el cambio de cursos de los caños y quebradas son “consecuencias anunciadas”. Piden a la CAS drásticas sanciones para las empresas contaminantes.
Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
El veneno que contamina las aguas en Sabana de Torres
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)

Los aguaceros que han caído en las últimas semanas en Sabana de Torres se han convertido en una pesadilla para los habitantes de la vereda La Gómez.

La mancha negra y maloliente de residuos orgánicos que expulsa la extractora de aceite de palma Oro Rojo, de Indupalma, se desplaza por las cristalinas quebradas y caños de la zona, causando la muerte de decenas de peces. Pero el daño va más allá. La corriente arrastra la mancha hasta la Ciénaga de Paredes, hábitat de uno de los mamíferos acuáticos más importantes del país: el manatí.

Hoy están a la espera de que la Corporación Autónoma de Santander, CAS, notifique a la empresa para que suspenda las operaciones y los vertimientos de residuos en el sector. Sin embargo, como lo expresa la organización Cabildo Verde, esto no es un problema de ahora, sino de años atrás, producto de la falta de planeación de las empresas extractoras, de la carencia de plantas de tratamiento de residuos, de proyectos productivos, de programas de conservación del medioambiente y de aplicar la ley por parte de la autoridad ambiental. 

“No desconocemos que la llegada de la palma ha traído progreso y trabajo a cientos de familias, pero ¿a qué precio? Para las empresas extractoras todo es un montaje. Dicen que los estamos atacando”, afirma James Murillo, director de esta organización.

¿Es un montaje?

Ezequiel Rincón entra a un sector de la quebrada La Gómez que aún está limpia y cuenta cada uno de los peces que rodean sus botas. Es administrador de una finca que circunda la cuenca y asegura que a diario baja al afluente para mirar qué tanto ha disminuido la mancha negra. Desconoce qué tipo de sustancias o elementos químicos y orgánicos viajan en las aguas residuales que caen a la quebrada, pero por el olor que expelen sabe que nada bueno lleva la corriente.

Mete las manos en el lodazal espeso, oscuro y aceitoso sin temor. Dice que es la única forma de “conocer la contaminación”. Posa para las cámaras, pues asegura que el registro fotográfico es la prueba del daño ambiental que Oro Rojo viene causando. “El problema que tenemos es que la misma naturaleza borra las evidencias de lo que ocurre. Es decir, llegó la lluvia y los caudales de las quebradas y de los caños empieza a correr, se desplaza, entonces, cuando llega la autoridad ambiental, no encuentran señal de nada”, asegura Ezequiel.

El confía en que esta vez será distinto, que las denuncias elevadas a distintas instancias surtirán efecto y que la lucha por la preservación del manatí y de cientos de especies que viven la zona valdrá la pena.

Comenta que la comunidad desconoce el rumbo de los residuos, pues por el Caño 41, principal vertedero de Oro Rojo, la caída de los restos que se desprenden de la extracción del aceite ha disminuido su caudal. “Se dice que la empresa los está sacando en carrotanques y que los está almacenando, pero nada se puede probar, porque cuando llega la autoridad ambiental no encuentra nada”, añade el campesino.

Preocupa la deforestación

James Murillo muestra imágenes que conservan desde el año 2006, tras la llegada de Oro Rojo y el auge de la siembra de palma. En ellas se evidencia no solo la tala indiscriminada de árboles, sino las máquinas retroexcavadoras que devoran todo a su paso y el terreno marcado por hilos de agua que recuerdan que allí existió una cuenca.

Hace énfasis en la deforestación. Asegura que por estos tiempos no es rentable sacar la madera como lo fue años atrás, cuando los delincuentes llegaban con motosierras y cortaban árboles centenarios. “Como son árboles que tumban las retroexcavadoras, no pueden ser vendidos. Se necesitan permisos y documentos que acrediten el corte y el traslado. Así que lo más fácil es quemar los troncos. De paso se borra la evidencia. Cuando llega la autoridad ambiental todo se justifica diciendo que la zona era un potrero pelado”, comenta Murillo.

El director de Cabildo Verde añade que algunos palmeros tampoco hacen una siembra responsable. No respetan los límites y llevan sus siembras hasta la orilla de las cuencas. “Los cultivos de palma están drenados. Cuando llueve, toda el agua que cae en el lote los inunda y los desbordan. Como los cordones de drenajes son los caños, la mezcla de residuos cae sobre el agua limpia y la arrastra. Lo triste es que cuando deja de llover y llega el verano, los afluentes no tienen agua”, dice Murillo.

Falta la notificación

La CAS está a la espera de los resultados que arrojen las muestras tomadas de La Gómez. Según el coordinador de recursos hídricos e hidrocarburos de la CAS, Rodolfo Sánchez, en próximos días se notificará a la extractora Oro Rojo para que suspenda el vertimiento de residuos.

Pese a la evidencia presentada por Cabildo Verde y los campesinos afectados, y la visita de la CAS a los afluentes contaminados, aún no se sabe si se suspenderá la operación de esta planta, ya que se encuentran en un pico alto de producción.

Gilberto Rojas, ingeniero de Oro Rojo, aseguró vía telefónica a Vanguardia Liberal que esperan la notificación de la CAS y que la gerencia general de Indupalma, a cargo del ingeniero mecánico Andrés Monsalve, es la encargada de pronunciarse sobre la contaminación y el futuro de la empresa en la región. Sin embargo, Monsalve no atendió el llamado de esta casa periodística.

Murillo de Cabildo Verde se cuestiona. “Aún no entendemos cómo es que esta empresa obtiene la licencia de funcionamiento, si uno de los requisitos era instalar una planta de tratamiento de aguas residuales y hasta el momento no lo han hecho. Si se quiere salvar la ciénaga de Paredes no se debe hacer el trabajo en la ciénaga. Debe hacerse desde el pueblo, desde los bajos humedales de La Gómez y controlando a empresas como estas”.

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