Los integrantes de la Asociación La Cumbre, recientemente realizaron una expedición por las riveras del Río Moniquirá, iniciando por la vía que conduce hacia Santa Sofía, con el objetivo de recopilar un material fotográfico y así analizar las posibles causas de las inundaciones que ha causado este afluente en su paso por Moniquirá.

Publicado por: LUIS FERNANDO MARTINEZ V.
La Asociación La Cumbre, como organización con propósitos altruistas y objetivos claros de intervenir, educar y presentar alternativas que puedan servir de transformadoras del fenómeno, definió adelantar una expedición por el Río Moniquirá, hasta el mismo nacimiento en el embalse o represa de Gachaneca, en el Páramo de Rabanal colindante con el municipio de Samacá.
Se inicia la odisea en los mismos predios del barrio La Aurora, encontrando que el río se llevó parte de terrenos sembrados de caña brava que protegían terrenos de base de las columnas que sostienen las edificaciones de la calle de las ¨alegres mañanitas¨ y el Palacio Municipal.
Hacia arriba por los lados del inexistente balneario de la Gacha, se aprecia los senderos que el río abrió para posarse en las mismas casas del barrio Balcones de Riviera y el desbordamiento de los predios de los Díaz en búsqueda de la llanura de inundación que por años siempre ha reclamado.
Se dejó atrás la quebrada de la caña, pero se recibe la corriente de agua de otras no menos importantes como la San Miguel y Obregón, La Naranja, La Capona, Martin, Sorocotá, Piedras, Guatoque, Camelo, De la Cruz, Bengala, Palo Negro, Del Valle y los ríos Del Árbol, Sáchica, Sutamarchán, Tinjacá, Ráquira, Cane, Funza, Aranda, Leyva, Dulce, Chiquizá, Candelaria, Samacá, Gachaneca y Fritas, fuentes de agua que se deben preservar cuidando sus cuencas, manteniendo los árboles en su rivera, sembrando en las cabeceras para que con el tiempo no desaparezcan.
La ruta
En el Alto del Ángel, desde la cima se observa un gran cañón por donde el rió baja ruidoso y con fuerza imponente dejando su resollar como fiera provocada. Las paredes de las montañas por efecto de las lluvias y la tala del bosque nativo en algunos flancos se han derrumbado causando preocupación por posibles represamientos que podrían causar daños mayores ante una creciente intempestiva, que amerita su estudio y propuestas de atención a mediano y largo plazo.
En los predios del convento de La Candelaria, confluyen a manera de Y, los ríos Sáchica y Sutamarchán que ante las evidencias encontradas en su lecho con enjambres de palos desecados, areniscas, y piedras de canto rodado que han dejado los fenómenos de la erosión, junto a desechos y plásticos que no se degradan tan fácilmente acumulan y retiene el agua que se embalsa y ante la acción de las lluvias, constituyen en un centro generador de las inundaciones que a la postre bajan raudas hasta la misma zona urbana de Moniquirá, donde de manera rebosante reclama los espacios que por cientos de años siempre fueron de su propiedad.
La presa
Allí se avista el nivel dos de la construida presa de 28.5 hectáreas y 1.495.000 metros cúbicos de agua que protegidos por un muro de contención fue ordenada en el gobierno de Virgilio Barco por los años de 1986 al 90.
Esas aguas después de recorrer unos 63 kilómetros, cruzarán por las zonas urbanas de Moniquirá, unas veces recreando el paisaje y otras con la fuerza extensiva que deja la creciente hasta desembocar al Rio Suarez.
Expedicionarios
Los expedicionarios que realizaron la travesía por el Río Moniquirá, fueron Ramón González, Carlos Pinzón, Eliecer Castillo y Juvenal Nieves Herrera, con base en estos estudios, y observaciones, la idea es emprender una serie de acciones tendientes a mejorar las condiciones del Río, tales como reforestación, y en especial impartir una serie de recomendaciones a los habitantes de las laderas, en todo lo que tiene que ver con el manejo de residuos, para contribuir así a descontaminar el Río Moniquirá, y posteriormente recurrir a la instalación de estaciones de monitoreo que anuncien con tiempo en caso de crecientes.
Sigue el ascenso
Ascender bordeando el cañón descarpado entre Sáchica y el luego hacia Samacá, para mirar hacia abajo el riachuelo que en tiempos tranquilos de temporadas secas solo un pequeño hilo de agua desciende por su vertiente.
Se ingresa al Valle de Samacá lleno de cultivos de cebolla, maíz, duraznos y manzanas, pastizales, que son irrigados por el canal más que un verdadero río que es protegido por jarillones para evitar con las lluvias del sector que pueda inundar la amplia superficie del imponente valle.
Por las laderas aledañas al Páramo del Rabanal, se sube como cabras agarradas a los riscos, soportando el calor de los hornos que producen el coque y los huitrones que arrojan bocanadas de humo que contamina con su ripio y el co2 el ambiente otrora siempre limpio y despejado. Por entre matorrales, chusques, encenillos y a los 3.000 msnm la presencia de frailejones, baja el agua cristalina de lo que podría llamarse un río que mas pareciera un inofensivo manantial bautizado como el Gachaneca.












