Días antes de ocurrir el incendio que destruyó la primera fase de la Alcaldía de Bucaramanga, el primero de junio de 2002, el teléfono asignado al vigilante de ese edificio perdió la capacidad de sacar llamadas a la ciudad. Este dato sería in-trascendente si no fuera porque esa madrugada, tal dificultad fue un factor clave que impidió darles aviso oportuno a las autoridades.
El teléfono usado para notificar la presencia de fuego en las instalaciones de la Administración Local, ubicadas entre las calles 35 y 34 con carreras 10 y 11, no estuvo situado en el llamado “Palacio Municipal”.
La comunicación provino de un uniformado del Comando de Policía Nacional, quien a través del sistema de cámaras de seguridad registró el fuego y alertó al Cuerpo de Bomberos de Bucaramanga.
La minuta diaria de este organismo de atención de emergencias (conocida esta semana por Vanguardia Liberal y que reposa en esta redacción) firmada por el auxiliar de Bomberos, Juan Gabriel Gamboa, consigna que el incendio se reportó a las 0:25 de la mañana del primero de junio de 2002.
“A esta hora, la Ponal (Policía Nacional) reportó del 7:40 (sigla que significa in-cendio) en la Alcaldía. De inmediato se informa a las estaciones para que se diri-jan al 7:20 (sigla que se utiliza para señalar un lugar físico)”, señala el documen-to.
Tres minutos después, consigna la minuta, un camión de Bomberos, con cua-tro hombres, llegó a la edificación.
El capitán Wilson Pineda Arévalo, jefe actual del área de capacitación e investi-gación de incendios, y quien asistió al lugar, señaló que “la máquina que se utili-zó era pequeña, porque se suponía que era un conato y no un incendio declarado como lo encontramos.
Cuando llegamos ya estaba incendiado el tercer piso y el fuego subía...”.
Pineda Arévalo agregó que “es sospechoso” que sólo les fuera reportado el in-cendio cuando transcurrieron cerca de 40 minutos después de identificado el fue-go.
“Más de media hora transcurrió entre el momento que presumimos que co-menzó la conflagración y la hora que nos avisan.
Nosotros estamos cerca de la Alcaldía (nueve calles). Por mucho que nos de-moremos, estamos en ese lugar en tres minutos. ¿Por qué no fuimos avisados an-tes?”.
El oficial, quien cuenta con 24 años de experiencia en atención de emergen-cias, recordó que dos años después (en julio de 2004) se registró un incendio en la Contraloría de Bucaramanga. Este inmueble está ubicado a una distancia tres veces superior a la Alcaldía.
“Lo controlamos a tiempo y no hubo mayores daños porque el reporte llegó a tiempo. No es habitual que alguien tarde más de 30 minutos en avisar de la pre-sencia de fuego en un lugar. Si es así, todos los incendios nos quedarían grandes en Bucaramanga. Esto genera sospecha. Más aún cuando el vigilante de la Alcal-día informó a Bomberos que días antes le cortaron la salida de llamadas telefóni-cas. Preguntamos el porqué de esa medida. Nunca nos dieron una razón. Consi-dero que aquí hay muchas cosas para investigar...”, explicó el capitán Wilson Pi-neda Arévalo.
Un único extintor
El informe de la emergencia en la Alcaldía, firmado por el entonces oficial de servicio de Bomberos, Ciro Bueno, advierte que sólo fue utilizado un extintor en el edificio de la Administración Municipal para atacar el fuego.
Esta clase de aparatos, que por lo común arrojan sobre el fuego un chorro de agua o de una mezcla que dificulta la combustión, según Bomberos, tendría un tiempo de ataque de tres minutos como máximo.
“Un extintor se utiliza para la fase incipiente de un incendio y se descarga en un corto tiempo”, aclaró Pineda Arévalo, quien reiteró sus dudas por la demora en notificar la emergencia, máxime, cuando sólo se recurrió a un extintor.
Cabe advertir que el informe de Bomberos de Bucaramanga no afirma o refuta si esa madrugada las instalaciones de la Alcaldía de Bucaramanga contaban con el material dispuesto y completo, según la ley, para atender un incendio. Al res-pecto nada se investigó o documentó.
Llama sí, la atención, que en el informe de Bomberos Bucaramanga quedó consignado que en la edificación “estaba sólo el vigilante”, cuando existen versio-nes que contradicen tal afirmación.
Iván Cantillo Junco, quien prestaba sus servicios a la Alcaldía en el área de di-seño, trabajaba esa madrugada en la elaboración de un aviso publicitario en el tercer piso (donde se presume se originó el incendio).
Cantillo Junco aseguró que detectó “un olor a quemado” y humo, por lo que buscó al vigilante. Aunque advierte que no puede certificar la presencia de más personas en la edificación (cuando se percató del fuego) sí aclara que minutos atrás, “escuché voces. En ese entonces había cubículos. Las oficinas tenían divi-siones, por lo que no pude ver a nadie...”.
Este diseñador agregó que una vez detectó el humo, bajó por las escaleras a buscar ayuda del vigilante de turno.
“Cuando regresamos, el fuego apenas comenzaba. El vigilante buscó un extin-tor y me entregó el radio. Me dijo que llamara. Yo no sabía cómo operar ese apa-rato. No pude comunicarme. Eso fue lo que pasó. Creo que el vigilante alcanzó a llamar a Bomberos...”, dijo. No obstante, esta entidad negó tal hipótesis.
Al preguntarle si consideraba que existió demora, negligencia, falta de prepa-ración para atender el incendio, Iván Cantillo Junco prefirió no comprometerse.
“¿Demora en la notificación de la emergencia? No sé. Desconozco si Bomberos tardó en reaccionar o qué pasó. No sabría qué decir. No me aventuro a dar decla-raciones...”, precisó.
Las dudas
Según la Alcaldía de Bucaramanga, el vigilante que prestaba sus servicios esa madrugada pertenecía a la Cooperativa Coopvivir Ltda., que mediante la orden de prestación de servicios Nº 008 de 2002, se comprometió a vigilar cerca de 20 pun-tos en inmuebles públicos, por sólo tres meses. Los cuales fueron prorrogados, en otro contrato, por el mismo periodo de tiempo.
Esta semana, Vanguardia Liberal intentó conocer la versión de los funcionarios de dicha cooperativa, pero pese a los múltiples mensajes dejados durante dos dí-as, en la entidad, sus voceros no entregaron declaraciones.
Cabe advertir que esta modalidad de contratación trimestral fue avalada por el entonces alcalde y actual senador de la República, Néstor Iván Moreno Rojas.
Esta redacción intentó conocer su opinión frente al incendio y el porqué de la imposibilidad de sacar llamadas del teléfono del vigilante el día del incendio, pero su asesora informó que “el (hoy) Senador se encuentra fuera del país y no es po-sible localizarlo vía telefónica en el exterior”.
La Administración del mandatario Fernando Vargas aseguró que es necesario un análisis riguroso de los archivos históricos, para determinar si existe algún documento que determine las causas del problema en el teléfono del vigilante, esa madrugada.
El capitán Wilson Pineda Arévalo, jefe actual del área de capacitación e investi-gación de incendios, concluye seis años después del siniestro, que “hay muchas cosas que le indican a uno que aquí pasó algo fuera de lo común respecto a los demás incendios, y que considero se debieron investigar...”.
Nunca se investigó
La presencia de manos criminales en el incendio de la Alcaldía de Bucaraman-ga no podría descartarse o negarse en este momento. ¿La razón? El Cuerpo de Bomberos de Bucaramanga informó que nunca se realizó una investigación téc-nica sobre las causas del siniestro, y en la actualidad tal proceso es “imposible”.
“Bomberos no tiene una hipótesis sobre las causas del incendio. Para esa fe-cha no había entrado en vigencia el nuevo sistema penal acusatorio. Por lo tanto, para esa época no se investigaban estos hechos”, precisó Pineda Arévalo.
Tal tesis es respaldada por el capitán, Álvaro Celis Carrillo, jefe de Operaciones de Bomberos de Bucaramanga, quien con 16 años de experiencia añade que en ese entonces poco se sabía de las causas de una deflagración en la ciudad.
“Teníamos datos más por información de los propietarios o vecinos, que por una investigación que se hiciera de cualquier incendio”.
En la Fiscalía, el proceso penal sufrió igual suerte. Desde octubre de 2002 el expediente permanece archivado en un armario, bajo la más rigurosa confiden-cialidad.
Esta investigación jamás pasó de ser una indagación preliminar, como lo rese-ñó el expediente Nº 132238. El proceso estuvo a cargo de la Fiscalía 8 Seccional de Bucaramanga (hoy desaparecida), que profirió resolución inhibitoria (archivar por falta de pruebas) el 22 de octubre de 2002.
Según la misma Fiscalía, a menos que aparezca una “prueba reina”, el proceso seguirá archivado hasta 2009, cuando muera en forma definitiva.
El director Seccional de la Fiscalía en Santander, Alejandro Padrón Pardo, ase-guró esta semana que la investigación podría reabrirse si el investigador conside-ra que es necesario indagar, ya no por las causas del incendio si no por una pre-sunta omisión al momento de informar de forma oportuna sobre la deflagración.
“No descartamos que se pueda abrir el proceso, tendremos que analizar si hay irregularidades...”, concluyó.
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