El jurado de la Bienal Desde Aquí, conformado por Gabriel Mario Vélez, Wilson Díaz e Ibis Hernández Abascal, calificó los trabajos de los artistas participantes y concedió dos premios y dos menciones.
Publicado por: JORGE TORRES GONZÁLEZ
Dada la participación de los artistas locales, nacionales e internacionales, se promueve el intercambio entre creadores latinoamericanos contemporáneas planteando las dinámicas de interrelación social, globalización e inclusión que bajo argumentos de libertad conceptual dinamizan ciertos parámetros plásticos-visuales en un Desde Aquí deslocalizado.
De igual manera, se entrecruzan todas las vertientes de las expresiones artísticas contemporáneas en un espectro que se constituye en laboratorio e investigación que nos deja ver los niveles locales y nacionales del arte actual.
Desde Aquí es desde cualquier punto cardinal, social, histórico, filosófico, crítico desde los vestigios de un ataque terrorista hasta las miradas a un colectivo social que no busca reivindicaciones sino transformaciones.
La realidad abre un espectro mucho más amplio frente a los públicos nuevos o frescos, no solo desde su carácter de selección con la convocatoria lanzada internacionalmente, sino también desde las participaciones en multiplicidad de orígenes, geografías y propuestas. Plataformas de convocatoria dinamizan y fortalecen mecanismos de participación e interacción que redimensionen el carácter mismo de la Bienal y su marco filosófico.
La Bienal se constituye en una red de espacios desde la diversidad y referencia al panorama de líneas de investigación de los artistas que entran a configurar ese “lugar” polisémico denominado arte Desde Aquí.
Jurado de selección y premiación
El jurado estuvo conformado por Gabriel Mario Vélez, artista y director de artes plásticas y visuales de la Universidad de Antioquia, doctor en arte e investigador; Wilson Díaz, reconocido artista colombiano con gran trayectoria, activo en el circuito artístico latinoamericano; e Ibis Hernández Abascal, importante investigadora y curadora del instituto Wilfredo Lam, organizadora y comisaria de la bienal de la Habana.
La puesta en obra de los trabajos de 21 artistas seleccionados junto a 22 artistas invitados incluye videoinstalaciones, obras participativas e interactivas, “performance”, pintura, fotografía, escultura, instalaciones, procesos y arte relacional, entre otros, con amplios contenidos heterogéneos de inclusión y participación.
Los premios fueron concedidos a los artistas Carlos Camacho con su obra ‘Inter-acción’ y al colectivo Marca de Aqua, de Carolina Martínez y Armando Chicangana con la obra ‘La coca no es kocaína’. Las menciones, a John Mario Ortiz, artista de Medellín, con su instalación ‘Reformas’, y a Nicolás Cadavid, artista de Bucaramanga, con la obra ‘En algún lugar fuera de este mundo’. Cuatro premios que simbolizan el país y su presencia como artistas vivos y en construcción de un imaginario propio.
La Bienal pretende dejar un escenario de posibilidades criticas, reflexivas, interactivas e incluyentes que permitan un intercambio de discurso filosófico mucho más agudo sobre lo que somos y advertimos desde el arte y los múltiples universos usados por los artistas, sus estrategias, dispositivos e interlocuciones.
Una obra sin terminar
La Bienal no es una norma o convención de tiempo que ha de seguirse; es una obra en obra, y, si se advierte en ella misma, su periodicidad no es una camisa de fuerza que ha de seguir abierta, y no una imposición sobre el tiempo o el diseño preconcebido de su destino temporal o epistemológico, minutero creado como una obligación de contrato temporal que contará cuándo debemos hacer la próxima: cada dos años o cada cinco años.
La palabra ‘bienal’ no la leemos con reloj de pulso epistemológico, ni calendario oficial; con esta bienal, la de aquí, la de este lado, sin territorios fijos o demarcadas fronteras conceptuales, las mismas que no determinarán si es un modelo o es una involución en el discurso del arte contemporáneo, incluso puede advertirse como un nuevo aporte en obra al arte nacional e internacional.
La palabra ‘bienal’ no la leemos con reloj de pulso epistemológico, ni calendario oficial; con esta bienal, la de aquí, la de este lado, sin territorios fijos o demarcadas fronteras conceptuales, las mismas que no determinarán si es un modelo o es una involución en el discurso del arte contemporáneo, incluso puede advertirse como un nuevo aporte en obra al arte nacional e internacional.
La Bienal está dispuesta a acoger toda clase de diálogos constructivos, críticos, elaboraciones semánticas o filosóficas o enlaces con la realidad del contexto en que fue creada. Al igual que los documentos o los festivales de arte, una palabra no determina el rumbo de las propuestas artísticas, ni incluye estar a la defensiva con respeto a convenciones de tiempo o lugar; la palabra ‘bienal’ es una plántula que debe crecer y dar frutos sin ataduras.














