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Sábado 19 de Noviembre de 2011 - 03:39 PM

‘La novia oscura’, víctima de un ‘Delirio’

El hecho de que un escritor tenga los avales de García Márquez y Saramago sería suficiente para que alguien decidiera sentirse pleno y no volviera a escribir. En el caso de Laura Restrepo, ganadora del Premio Alfaguara de novela 2004, esto es un elogio, pero no es el fin.

Todo lo contrario, en cada una de sus obras, su narrativa crece, sus mundos son más y mejor poblados que sus textos iniciales y sus personajes tienen tantos conflictos como aquellos seres del contexto trágico griego. Aunque leer lo que el autor de ‘Cien años de soledad’ manifiesta acerca de ‘La novia oscura’ son palabras mayores, Restrepo crece en un mundo masculino que pareciera tener un contrato de exclusividad sin la presencia de las mujeres, y es ahí donde sus metáforas, su “impecable humor”, hacen la novedad en el terreno de las letras universales. Leer las palabras del creador de ‘Las intermitencias de la muerte’ también sería un sinónimo de delirio para cualquiera, pero Restrepo no sucumbe ante los aplausos; toma de ellos un punto de partida para deleitar a sus lectores con magistrales historias.
Para poder ahondar en su obra, se tomarán dos novelas de esta excelente narradora y periodista colombiana, ‘La novia oscura’ (1999) y ‘Delirio’ (2004), con el fin de evidenciar la riqueza de su prosa. Como sucede, especialmente, con las obras de Saramago, las de Restrepo, mencionadas anteriormente, también tienen dos epígrafes, dos puertas que permiten el ingreso a sus mundos. El poeta Saint-John Perse se convierte en el faro que dirige el camino de la novela que tiene como protagonista a una joven mujer que genera en quienes la conocen una rivalidad para poder “entrar a su corazón”: Sayonara. En el mundo de esta mujer, se inmiscuye la voz de la narradora, aquella que llega a expresar: “Me dirán que ya es la tercera o cuarta vez que se cuela el fuego en esta historia para reducir la realidad a la nada. No me parece casual. Como colombiana que soy, sé que registro un mundo que permanece en combustión, siempre al borde del desplome definitivo […]”. Es innegable que la construcción de la voz que narra esta historia de Restrepo llega a ser tan juguetona e inquieta como la del narrador (y sus múltiples) en la novelística del premio nobel portugués: un elemento vital que da rienda suelta a sus ideas y las acompaña de la voces de los personajes que, en el caso de la obra de Restrepo, la narradora entrevista sin llegar a excluir a ninguno de estos seres, pues todos tienen su protagonismo y todos aportan en la configuración de la historia de Sayonara. Además, como sucede tanto en ‘La novia oscura’ como en ‘Delirio’, la palabra ‘Saramago’ hace parte del castillo de palabras de estas dos novelas. En la primera, la narradora expresa: “Hablando de la María de Magdala de los tiempos bíblicos, Saramago menciona esa honda herida que es <la puerta abierta por donde entran otros y mi amado no”. Dato curioso este, pero, como ya es sabido, en la literatura nada es gratuito. Costuras que se asoman en la obra de Restrepo en que la narradora nos cuenta su proceso de creación literaria: “El hecho de poner como personaje de este libro a Sacramento me obligó a preguntarme cómo llegar a comprenderlo y a estimarlo […]”; que, en medio de la narración, podría hacer que los lectores se desviaran de la historia, pero que, con un poco de calma, se nota esa condición de la narradora de no dejar nada al azar.
En ‘Delirio’, la cita del ensayista y novelista Gore Vidal plantea las bases de la obra de Restrepo, pues “al no ser el loco moralmente responsable, no habría verdadera historia que contar”. En este caso, Agustina, la que “delira”, es la que asume un protagonismo que viene amparado en los personajes que la circundan, que la protegen, que la lastiman y que, en definitiva, le permiten “vivir” y conocer la realidad, es decir, salir de esa “ceguera mental” y ver el mundo como ¿realmente es? A diferencia del contexto de la prostitución, en esta obra, lo académico es lo que se convierte en el punto de unión entre Aguilar y Agustina: “Profesor Aguilar, soy la del otro día en el cineclub y necesito pedirle un favor; se trata de que quisiera escribir mi autobiografía, pero no sé cómo hacerlo, usted preguntará si me ha sucedido algo memorable o importante, algo que merezca ser contado y la respuesta es no, pero de todos modos es una obsesión que tengo y creo que usted me puede ayudar con eso, por algo es profesor de letras”.
Además del citado mundo, el que construye Restrepo, en esta novela es de las apariencias que, de una u otra manera, viene englobado en McAlister: “Pero no sospechas hasta qué punto el hecho de exhibir ese lagarto Lacoste en el pecho me ayudó a confiar en mí mismo y a llegar a ser el tipo que soy”. Como es habitual en ‘La novia oscura’, en ‘Delirio’ el narrador asume el rol de dar los detalles pormenorizados de la extraña relación entre Aguilar y Agustina. “Aguilar recalca lo de la coraza porque antes del episodio oscuro lo que hacían en la mañana del domingo era el amor, y según él lo hacían con un fervor admirable, como si se desquitaran del sexo a la carrera que entre semana le imponían a él los madrugones al empezar el día y el agotamiento al terminarlo”, y como ya se evidenció en la obra que retrata la vida de Sayonara, en esta ‘Saramago’ vuelve a estar presente. En esta oportunidad, a través de una de sus más famosas obras: “Memorial del convento, la novela portuguesa que acababa de leer, que también trataba de una mujer vidente, y esas preguntas eran, ¿si Blimunda es vidente, por qué no va a serlo Agustina?; ¿adónde hubiera ido a parar el alma de Sietesoles si no hubiera confiado en las facultades de Blimunda?”.
Como es visible en estas dos joyas de Restrepo, el legado del autor de ‘Memorial del convento’ sigue vigente y se actualiza en los mundos posibles de la narradora colombiana, pues aunque ‘La novia oscura’ y ‘Delirio’ remiten a diferentes realidades de una misma nación, son elementos que se pueden asumir en dos elogios más para la periodista que, con ojo crítico, se esconde tras una brillante novelista.

“Laura Restrepo da vida a una singular amalgama de investigación periodística y creación literaria. Así, la desdicha y la violencia que viven en los corazones de la sociedad colombiana siempre están presentes, pero también están su fascinación por la cultura popular y el jugar de su impecable humor, de esa mordaz pero a la vez tierna ironía que salva sus novelas de cualquier tentación hacia el patetismo o el melodrama y las llena de un placer inequívoco por la lectura”. Gabriel García Márquez.

“Como es visible en estas dos joyas de Restrepo, el legado del autor de ‘Memorial del convento’ sigue vigente y se actualiza en los mundos posibles de la narradora colombiana…”

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