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Sábado 10 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Esa loca y maravillosa isla

Habana Blues hizo parte de la Selección Oficial ‘Una Cierta Mirada’, del Festival de Cannes en 2005. Esta coproducción hispano-cubana, del director sevillano Benito Zambrano, es un bello musical sobre la amistad, la dignidad, los deseos de triunfar, el amor, los miedos, las dudas y las convicciones de cada uno de sus protagonistas.

La cinta exhibe como telón de fondo los años de oscuridad, dolor, frustración, desabastecimiento y crisis social que representó el denominado “Periodo Especial” en Cuba, caracterizado por la intensificación del bloqueo financiero y económico, sin razón alguna, por parte del gobierno de Estados Unidos, luego de la caída del Muro de Berlín, la culminación de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética. Una situación que dejó a la isla a la deriva y sin el contexto que le daba sentido la URSS antes de su desaparición.
En ese lapso, y en La Habana como escenario, las relaciones de fraternidad y solidaridad manifiestas en las redes comunitarias juegan un papel determinante. Por un lado, los sectores de la salud y la educación nunca dejaron de estar vigentes y fueron uno de los grandes logros de la Revolución Cubana y la base para que la sociedad no cayera en una tragedia humanitaria; de otra parte, las duras realidades, el sentimiento de abandono y los deseos de obtener un mejor futuro son los dilemas por enfrentar; uno de esos, las concesiones que deben otorgarse para poder comer. “Si tú cumplieses con tu parte, yo no tendría que dejar la universidad”, le dice Claridad a Ruy, su esposo.
En esta escena se deja ver un sistema de matrimonio complejo, pues si bien la relación de pareja había terminado, ellos tienen que seguir conviviendo debido a las condiciones de vida que se desarrollan en la isla. Aún así, los sentimientos de amistad y cariño prevalecen. “Tengo que dejarte ir poniendo el mar entre los dos, pagando el precio de otros que viven de la contradicción, otra familia que quedó marcada por la separación. Cómo luchar con ese sol, con la política y con Dios”, resume la melancólica canción llamada Habana Blues, que describe de manera nostálgica la encrucijada de la gente que se fue después de la época de los balseros.

El dilema dignidad – hambre – bloqueo
Las ganas de triunfar y de salir adelante en ese periodo, el más agobiante de toda la historia cubana, van a discutir con la dignidad. El sueño de grabar y actuar que se les presenta con la oportunidad de una oferta internacional supone un dilema sobre qué hacer, lo que cambia las relaciones entre familiares y amigos. Es lo que se describe en la relación de amistad entre Ruy y Tito.
La propuesta económica realizada, contratos leoninos y de casi esclavitud, y con la cláusula de ser usados como fantoches políticos que desprestigien la Revolución, como medida impuesta por la disquera a causa de los intereses norteamericanos, les supone el no regreso a la isla. Esta escena, entre otras cosas, expone la dura realidad de quienes tuvieron que vivir –y morir– en el exilio. Celia Cruz quizá fue el personaje más representativo de esta cuestión, símbolo de una generación que no pudo reconciliarse de ninguna manera con ese hecho. “He traicionado a mucha gente, incluso a mí mismo, pero a mi música no. Es lo único verdadero que tengo”, exclama Ruy impotente.
Él y Tito representan a dos cubas. El primero, Ruy, es esa Cuba digna que no se rinde ante el capitalismo salvaje, esa Cuba mística que invirtió y creyó en su patrimonio cultural, esa Cuba coqueta y pizpireta que cree en la dignidad como posibilidad de existencia, en ese legado intangible que representa su música, sus orígenes y sus raíces, y que es lo que los ha mantenido como una de las herencias culturales más ricas de la humanidad. Y Tito, esa otra Cuba, la soñadora, que cree que su país necesita otros aires, la musical y bailadora, esa que emerge entre los embates de las adversidades y se mantiene, asume los cambios, pero a la vez se resiste a esa marea de que quien no aguante, se hunde; por eso declama: “Patria es cualquier lugar donde haya un ciudadano sobre la tierra”.

“… Las duras realidades, el sentimiento de abandono y los deseos de obtener un mejor futuro son los dilemas por enfrentar”

Las nuevas músicas cubanas
Otro detalle que recrea la cinta es la diversificación musical que se está llevando a cabo en Cuba. El rock (que antes estaba prohibido), el “hip hop” y el rap, entre otros géneros, muestran unas tendencias que hablan de aspectos críticos de la sociedad.
Esas nuevas tendencias han permitido, de igual forma, el diálogo con los ritmos nativos y su recuperación histórica, pues así como la salsa más tradicional de grandes orquestas está siendo recuperada, surge otra promoción de músicos que rescata otras historias. Ese aire fresco, mezclado con mucha creatividad, ha permitido la recuperación musical entre las glorias de antaño y las nuevas generaciones, haciendo un proceso de continuidad histórica con su propio pasado. Algunos de esos géneros hacen parte de esa magnífica banda sonora de la película.

“Título original: ‘Habana blues’. Países: Cuba-España-Francia. Dirección: Benito Zambrano. Duración: 115 minutos”

Cuba y su recuperación histórica
Así mismo, se puede observar en la cinta el humilde escenario donde realizan el recital. Ese teatro simboliza el decaimiento que en algún momento presentaron otros monumentos y centros culturales de La Habana, y que gracias a varias fuentes de inversión como España, la Unesco, además de la oxigenación que les dio la Revolución Bolivariana de Venezuela, han podido recuperarse.
Este aspecto renueva a Cuba y le permite empezar a salir de los días más difíciles. Ese orgullo por su historia, esa identidad clara y arraigada de la que son gestores, fue en esos momentos de dificultad su única riqueza y su única salvación. Finalmente, cabe decir que el film Habana Blues es un una metáfora, cómica y nostálgica, de la dignidad, la amistad y el amor.

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