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Sábado 24 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Un reportero gráfico que hace poesía visual

Ante un auditorio común, lo común sería suponer que una conferencia de un reportero gráfico, en esencia, sería un recorrido visual por imágenes noticiosas, violencia, algo de deportes; de pronto, uno que otro retrato. La sorpresa es encontrarse con imágenes que parecen hechas para ilustrar un libro de poesías.

Para quienes hemos ejercido la fotografía de prensa, hay un término de referencia a uno de los grandes nombres de la reportería nacional; se trata del apelativo ‘patojo’, que más allá de su real significado es una especie de “ábrete sésamo” que emerge como por arte de magia de la boca de un presidente de la República, la señora que prepara la gallina en la plaza de Ralito, el guerrillero, el paramilitar o cualquiera de sus colegas cuando se encuentra frente a Francisco Carranza, el fotógrafo que durante cerca de cuarenta años sintetizó en sus fotografías el concepto esencial que marcaba la diferencia de las primeras planas de El Espectador con respecto a otros medios del país.
Y es que para cualquier director o editor, tener en la baraja una imagen de Carranza representaba un verdadero as de oro visual, pues además de ilustrar la noticia con la eficacia debida, era un anzuelo certero para cazar al lector y meterlo en el texto.
Hoy, con la tranquilidad de vivir en la armonía de su pensión laboral, sin pensar ni un instante en colgar la cámara, Carranza ha aceptado legar algunos consejos que, sin duda, funcionan tanto para un fotógrafo social como para un reportero de prensa.

Un visor de 360 grados
“Si la noticia está justo delante de nuestros ojos, ¿por qué no mirar hacia atrás o hacia un lado de donde están los protagonistas? En la ubicación está el primer consejo que me atrevo a dar y que aprendí de mi maestro Carlos Caicedo, a quien todos los fotógrafos de prensa temíamos por su capacidad para hacer registros que nadie vio y que a la fija venían con jalón de orejas incorporado por parte del director”.
Carranza se refiere a conceptualizar lo que él llama “el visor de 360 grados”, pues a veces la verdadera noticia está en el rostro de quien está observando un hecho y no en el acontecimiento mismo. Este concepto se aplica para todos los universos posibles del tema fotográfico y no necesariamente de manera excluyente para el fotoperiodismo.

“Si la noticia está justo delante de nuestros ojos, ¿por qué no mirar hacia atrás o hacia un lado de donde están los protagonistas?...”

Conectar idea y realidad
Aunque el dictado del maestro universal de la reportería gráfica Henry Cartier Bresson es categórico al señalar que la clave está en obturar en el momento decisivo, para el Patojo Carranza, es necesario comenzar mucho antes de que el hecho suceda. “Personalmente, cuando me encargaban una misión fotográfica, yo iba ya con la imagen construida en mi mente, de manera que nada me cogía por sorpresa y ese instante decisivo era para mí una especie de hecho cumplido”.

“Carranza se refiere a conceptualizar lo que él llama ‘el visor de 360 grados’, pues a veces la verdadera noticia está en el rostro de quien está observando un hecho y no en el acontecimiento mismo”.

La fotografía como acto pasivo
Distinto de lo que el inquieto y novel fotógrafo de prensa puede pensar, de que en la medida en que se esté literalmente comprometido en el fragor del acto reportado se va a conseguir la imagen “caliente” del hecho, Carranza está al otro lado de este concepto. “Yo siempre me consideré un fotógrafo pasivo, es decir, en un hecho como una refriega entre estudiantes y policías no me interesaba captar al que tiraba la piedra o el bolillazo; eso era lo obvio que captaban mis colegas; para mí, lo esencial estaba por ejemplo en el campo de batalla y no en los guerreros. Siempre fui un testigo pasivo del hecho y con esas imágenes me gané muchos premios de periodismo”.
Ganar confianza
La cámara atemoriza, y así como puede abrirnos puertas como reporteros, igualmente puede neutralizar lo esencial; en tal sentido, Carranza asegura que siempre se puso en el papel del retratado y por ello ganarse la confianza del retratado era un dictado de norma natural.
“El saludo de ‘patojito’ siempre me funcionó, de manera que hasta en una oportunidad en una cumbre de presidentes latinoamericanos, al cabo de dos días de trabajo, todos los gobernantes ya me estaban llamando ‘patojo’, y entonces ya todos éramos tocayos”.

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