El maestro Víctor Hugo Garavito Saldaña, curador en esta séptima convocatoria de ‘Imagen Regional’ del Banco de la República, ofrece su análisis de los trabajos y presenta a los artistas seleccionados.

Publicado por: Víctor H. Garavito Saldaña
Sospecha, inmediatez, simulación y artificio recorren este tiempo; mientras, nos debatimos entre la histeria crónica de una humanidad cada vez más esquizoide y la certidumbre de los abismos construidos a diario, como los muros que surgen de las ambiciones occidentales, servidas junto con viejas o intencionales disputas territoriales; nos destruimos sin el menor asomo de la sensatez pródiga que aliñe la esperanza al despertar y nos recuerde los idearios de civilización.
Las razones anteriormente expuestas nos tienen más lejos de nosotros mismos, enajenados, a contracorriente de lo que debería ser el uso de la inteligencia para crear y no para desatar la sucesión de eventos y hechos, negadores del compromiso responsable con una noción de futuro. Por lo tanto, en la actualidad, estamos más decididos a destruir y menos a considerar la vida como la única salida viable. De igual modo, en medio de sus propias agonías, se encuentra el país destruido en su razón de ser, abandonado por su conciencia colectiva y menoscabado por el desprecio hacia sí mismo; eterno moribundo sin tregua a la guerra; al contrario, sigue sosteniendo la pérfida concupiscencia y los odios enconados por sus historias.
En relación con las tensiones que surgen entre los conceptos de naturaleza e identidad del lugar, se avizora en el tejido de las pulsiones un señalamiento de región extendida, donde su noción no se refiere a una demarcación limítrofe de lo territorial geopolítico, de un lugar dado en la situación. Al decir del filósofo Peter Sloterdijk, la máxima del “conócete a ti mismo” cambió a “conoce la situación”; es decir, el creador asume no un espacio físico, sino una inflexión por donde atraviesa ese “ser ahí”, que pone de manifiesto una frontera atemporal construida como inversión y sedimentación de lo simbólico-estético-afectivo y las relaciones establecidas en él. En definitiva, a partir de la revisión de las obras inscritas en la convocatoria de Imagen Regional VII, se puede dar cuenta de una transformación de la figura del creador demiurgo a un creador, según Paul Ardenne, conector, conocedor de su situación, que consiste en reconocerse atrapado en un lugar muerto y rodeado por una realidad.
Imagen Regional VII se ubica en esos entramados de la retícula de las expresiones y diversidades de la contemporaneidad con las que se aborda el país, y propone un proceso de reflexión de la producción plástica y visual, que amplía el diálogo intrarregional y exógeno; además de incentivar procesos de investigación-creación articulados o no con la institución del arte, la investigación, y, por qué no, la circulación de la producción artística, aunque lo más importante es el espacio de encuentro que propicia.
Para finalizar, los artistas observan y abordan al mundo desde las consecuencias del hombre, lugar común que da soporte a las concepciones y a las cosmovisiones que cada uno configura en el entramado, y como resultado de sus relaciones simbólicas.
Artistas seleccionados
Miguel Antonio Díaz Delgado. Salida de emergencia, 2011. Instalación. Se convierte en el indeseable relato simulador del silencio y la complicidad de nuestra sociedad, devorada por sus propios miedos y castigada por la cobardía de los intentos, con la que al parecer hemos decidido aplazar el futuro.
Luis Guillermo Cárdenas. Pixelados, 2011. Instalación. Se construye con la noción primigenia de la mínima unidad con la se produce el principio de la imagen digital, entendido como el menor punto de una imagen, se podría decir, desde lo biótico, su célula.
Harvin Corena. Zorra TV. Instalación. No se trata de una comparsa en que se invalida al espectador, sino de un objeto provocador que genera participaciones, entre ellas, las que buscan destituir o por lo menos preguntar por los significados de públicos.
José Pablo Serrano Silva. Pastoral ácida, 2009. Mixta sobre tela. Crea una relación desde una especie de romanticismo. Nos acerca a la fuerza y el ritmo, el trazo dramático y expresivo, las formas apenas sugeridas y la riqueza de texturas, las veladuras y el comentario irónico.
Óscar Mauricio Medina Jaimes. Luces y sombras, 2011. Fotografía sobre vidrio. Medina nos introduce en la intimidad a partir de la mirada del otro, de la fotografía como mecanismo de vigilancia y control, de intromisión al morbo pornográfico.
Pablo Antonio Porras Rincón. Pa la pola del Santo Domingo. Instalación, madera y metal. Nos remite a ese espectro de lo popular que lo acompaña y se manifiesta en su gesto paratextual, exportándonos al humor toponímico en que se conjuga la cotidianidad y se redunda en una crítica a la desnudez de lo publicitario y su decadente rítmico.
Carlos Andrés Celis Díaz. De la serie Josefina, 2010. Fotografía. Recrea lo religioso en situación y confronta lo social, en medio de esta decadencia que asfixia. Probable y razón definitiva para que no se desprenda totalmente de lo material y juegue a ese síndrome recurrente de los arrepentimientos y el deseo del que no escapamos fácilmente, como no lo ha podido hacer su cuerpo.
Fredy Saúl Serrano Buitrago. Tríptico, 2011. Mixta sobre lona. Se torna misterioso al escupirnos de forma desaforadamente agresiva. Reflejando recapitulaciones propias del mundo del diseño, un nuevo pop y de la obvia caricatura, en la que se mantiene una fuerte influencia de los “mass media”, y donde se genera lo siniestro.
Lucy Margarita Castro Díaz. Divergencias II, 2011. Acrílico sobre lienzo. Desata un entramado interpretativo que posibilita la focalización, donde se genera su multiplicidad de significados, al transformarse en el espejo con el cual nos observamos como sociedad, en medio de esta construcción histórica que hoy llamamos civilización.
Diana Carolina Dulcey Pinto. Condiciones, 2010. Fotoinstalación. Examina los temas de nacionalidad, sexo, sexualidad y de lo que nos atañe como individuos, mediante el tránsito de lo estrictamente documental y una axiomática ficción con que devela ambigüedad, androginia y confusión de géneros.
Gladys Esther Méndez Mulet. Río, 2009-2011. Instalación. Se torna una epopeya de reconstrucción de un entorno de violencia propio de una consecuencia social derivado de la guerra en Colombia. Contiene una relación desde lo traumático, como si quisiera fundir de alguna manera con imágenes lo confirmado por la noticia y lo social.
Jairo Ospina Leal. F-1 (Díptico), 2011. Fotoinstalación. Recrea lo abstracto; se mete en la identidad del objeto hallado, profundamente antitético con respeto a la imagen concluida, pero que el artista transforma al ponerlo en situación, como un paisaje para no ser observado desde el horizonte, sino en el contrapicado donde reposa lo abismal.
Óscar Mauricio Salamanca Angarita. Circo, 2008-2011. Videoinstalación. Tiene referencias de prácticas antropofágicas y sospecha de la historia. Se proyecta de manera sencilla y contundente en risas frente a la indigencia, saltos de la inmigración y diálogos absurdos y abstrusos del discurso demagógico, hipócrita y conveniente del dirigente.
Luis Alberto Saray Colmenares. Batiseñal -dios murciélago-. Videoinstalación y ensamblaje. La obra insiste desde la “arqueología de la basura y consumonsters” en la reutilización de ese bestiario fantástico con que el artista ensambla la realidad cristalizando el concepto de desecho, de lo inservible.













