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Sábado 11 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Pensamiento y reflexión a través de la belleza

Cuando la realidad, que tiene tres dimensiones, se pasa a una imagen, que tiene dos, en ese tránsito se pierde una dimensión. Tal es el caso de una fotografía que representa la realidad en un plano.

La obra que nos ocupa, ‘Fragmentes’, parte de un plano, pero ese plano al ser intervenido recupera su tridimensionalidad. Desde esta operación, la obra de Camilo Umaña complejiza las relaciones entre imagen y realidad y se plantea como un trabajo de innegable interés. El plano que perdía una dimensión con respecto a lo real, ahora gana la que había perdido, y agrega otro ingrediente más: está trabajado por ambos lados. El resultado es una obra tridimensional, y como no tiene revés, nos introduce en el enigma de una cuarta dimensión.
Inmediatamente el ojo tiene la obra al frente, es evidente la importancia que ejerce el sistema de montaje suspendido, colgado. La obra parece descansar, pues pende del techo. Al no presentar ninguna tensión estructural, al descargar su peso controladamente, la naturalidad se apodera del espectador, y esto hace que la obra manifieste, desde el principio, una empatía con quien la observa. Esta resonancia tiene raíces más profundas. La obra trabaja con la fuerza de la gravedad, y todo lo que funciona con la gravedad pertenece al planeta Tierra, donde se encuentran arraigados nuestros más sensibles rasgos de humanidad. Si el arte es la manifestación de lo humano, ‘Fragmentes’ hace alianza con la gravedad, que está comprometida en lo más hondo de nuestro organismo.
Todo el arte contemporáneo es la puesta en obra de un problema espacial. ‘Fragmentes’ lo afronta en forma decidida con una intensidad notoria. Al ser la obra emplazada tiene relación con el espacio arquitectónico que la alberga, pero al mismo tiempo, los elementos de la obra en sí están relacionados por el vacío que queda entre ellos.
El color es radical. Ya no hay gamas, ni armonías, ni composición. La teoría del color moderna ha sido reemplazada por un ritmo sincopado y vívido que pertenece a la revolución mediática. Los medios de comunicación masiva cambiaron toda la concepción sistemática del color, y ‘Fragmentes’ apuesta por un color asistemático, azaroso y sorpresivo. Además, el color no soporta la forma, ni sirve para darle relevancia; es autónomo y se expresa por sí mismo. Forma y color no son mutuamente dependientes. Cada uno desempeña su papel con inusitados encuentros y fuertes divorcios. A veces, aparece una planimetría radical que se disuelve en una atmósfera ya lejos de los campos de color modernos.
Tampoco la obra de Camilo Umaña presenta una jerarquía arborescente; es más una multiplicidad rizomática, como dirían Deleuze y Guattari. Antes que organizarse con la estructura convencional del árbol, los elementos tienen el desconcierto de una raíz que crece por donde menos esperábamos. Cuando pensábamos que la obra seguiría su descenso perpendicular, súbitamente adquiere un destino trasversal, y cuando sentíamos que la obra se dirigiría a un determinado lugar para continuar con una supuesta idea básica, la obra cambia de rumbo y acaba con nuestra pretensión. La obra no es universal, es “multiversal”; y de ahí la palabra ‘Mentes’ de ‘Fragmentes’. La obra es un flujo (nómada), ocupa el lugar imprevisto (se disloca), se despeña, se precipita.
Cada obra es un mapa indescifrable, pues no tiene sentido: posee sentidos. Además, el mapa no nos lleva a un lugar, pues no es una representación; es el mapa de sí mismo, una cartografía que remite a la obra misma para no dejarnos escapar en especulaciones. La obra no remite a nada que no sea su “sí mismo”. Pero está abierta, puede ser conectable para volverse otra, adaptable para seguir un juego que le proponen; alterable, pues su forma no es definitiva; y puede ser rota, pues la totalidad no es su residencia. Se siente más a gusto en el fragmento intenso y significativo. Su encadenamiento no crea un territorio; se fuga de él, y se embarca en una deriva que es siempre una aventura.
La obra no se deja encasillar tampoco en un himno al fragmento. Precisamente, su interés reside en superar esa dicotomía elemental entre fragmento y totalidad. Ya no sabemos decir qué es, pues estamos ante una entidad visual que ha sido producida más allá de las palabras. La obra se introduce en una complejidad, que más allá de la escisión fragmento-totalidad, entra al reino de lo innombrable, a la faz de lo indecible, mostrándonos un ser inédito y real. Ya no podemos recurrir a nuestro entendimiento, porque todo está por experimentarse; no se trata de una demostración, sino de una mostración. ‘Fragmentes’ no renuncia a la belleza; a través de ella nos lleva al terreno del pensamiento y la reflexión.


“La obra no es universal, es ‘multiversal’; y de ahí la palabra ‘Mentes’ de ‘Fragmentes’. La obra es un flujo (nómada), ocupa el lugar imprevisto (se disloca), se despeña, se precipita”.

Caja biográfica
Camilo Umaña Valdivieso nació en Bucaramanga en 1957. Su formación artística autodidacta la complementó en el Dicas, que abandonó para seguir un curso ecléctico e iconoclasta al lado del maestro Jorge Mantilla Caballero. Expone individual y colectivamente, nacional e internacionalmente, desde 1979. Algunos de los premios y reconocimientos que ha recibido son: mención especial del jurado en el III Salón Regional de Artes Visuales en 1980 en Bucaramanga; Il Borgo degli Artisti, 2008 y 2009 en Milán, Italia.

“El plano que perdía una dimensión con respecto a lo real, ahora gana la que había perdido, y agrega otro ingrediente más: está trabajado por ambos lados”.

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