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Sábado 18 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Débora Arango, de lujo

En una impactante edición que reúne más de cien acuarelas y ciento cincuenta pinturas, con prólogos de los maestros María del Rosario Escobar y Alberto Sierra y textos de Santiago Rueda y Juan Mejía, el Banco Davivienda rinde homenaje a la pintora antioqueña Débora Arango.

El libro fue presentado en el Museo de Arte Moderno de Medellín, objeto de donación de la artista de más de doscientas de sus obras en 1987, con el afán de dejar una memoria tangible del trabajo, entonces casi en su totalidad albergado en su residencia Casablanca, en Envigado. Esta colección fue declarada “bien de interés cultural” de carácter nacional.
Con impresión de lujo, más de ocho mil ejemplares y cerca de trescientas páginas, en esta obra de Ediciones Gamma se describen aspectos de la vida, la obra y las realizaciones de esta pintora, catalogada como franca y controvertida, que propuso nuevos esquemas como artista y como mujer a principios del siglo XX, en una época extremadamente conservadora.
Los textos fueron escritos por Santiago Rueda y Juan Mejía; la curaduría fue realizada en conjunto con Juan Pablo Fajardo, de ‘La Silueta Ediciones’, y Carolina Zuluaga, de ‘Ediciones Gamma’, con la colaboración de Cecilia Londoño, sobrina de la artista, Alberto Sierra y el Museo de Arte Moderno de Medellín.
“Para Davivienda es un honor poder presentar en este libro una gran muestra de la obra de esta importante pintora antioqueña y rendirle un merecido homenaje a su trabajo, que luego de una larga historia de censura y rechazo, se convirtió en parte fundamental del patrimonio cultural y artístico de nuestro país”, afirmó Efraín Forero Fonseca, presidente de Davivienda.
“Solamente en los años ochenta, y luego de un largo silencio de más de tres décadas en que la obra de esta mujer cayó en el olvido, el medio artístico volvió los ojos hacia el trabajo de Débora, quien fue reconocida como pionera del arte moderno colombiano por la Gobernación de Antioquia, que le otorgó el Premio de las Artes y las Letras. En los últimos años de su vida, el Estado declaró su obra como ‘bien de interés cultural nacional’ y la condecoró con la Cruz de Boyacá. Su trabajo fue, sin duda, la expresión de una realidad cruda, narrada por la voz de una mujer independiente, crítica e incomprendida, que se anticipó a su tiempo”, agregó Forero Fonseca en la presentación del libro.
“Estamos hablando de un testimonio histórico a través de una artista, porque es la primera artista mujer que anda siguiendo unas necesidades espirituales. Es una reivindicación específica de la necesidad de manifestarse”, dijo Alberto Sierra, curador y crítico de arte. Para él, el trabajo de Débora es fundamental para el arte nacional porque representa una ruptura al arte del momento, absolutamente contemporáneo en nuestro tiempo. “A ella no la venció el miedo; fue una persona animada por una familia muy católica que la apoyó. Era una mujer con pocas necesidades económicas y se dio el gusto de pintar”, añadió.

Débora Arango Pérez
(Medellín, 1907 – Envigado, 2005). Creadora de una verdadera revolución en la escena del arte nacional, esta pintora y acuarelista antioqueña es considerada una de las artistas más importantes que ha tenido Colombia en su historia, debido a su postura a través de sus retratos de la violencia, la pobreza, el dolor y la injusticia, que le valieron ser criticada duramente, pues en su tiempo una mujer carecía del derecho de expresarse. Según el crítico Alberto Sierra, “en el momento de Débora, la mujer no existía, era una ciudadana de segunda, y ella toma la vocería como la reportera de la sociedad en ese momento”.
La artista fue discípula del maestro Pedro Nel Gómez, quien, recuerda su sobrina Cecilia Londoño, dejó de dictarle clases por el temor a que la alumna superara al maestro. Débora sufrió la negativa de su maestro para recomendarla en la Escuela Nacional de Bellas Artes de México. “Débora tomó sus obras, se fue para México y se las presentó al maestro Cantú quien le dijo: ‘No solo la admito en mis clases, sino que le doy la beca”.
En 1955 expuso en Madrid una muestra individual, pero por orden de Francisco Franco sus pinturas fueron descolgadas. En 1957 realizó su primera exposición individual de pinturas en Medellín, en la Casa Mariana, invitada, a manera de desagravio, para conmemorar los veinte años de los jesuitas en la ciudad, de donde tuvo que sacar sus obras por temor, tras la caída del gobierno de Laureano Gómez.
Luego de estos desencantos con sus exposiciones, la artista guardó su obra en Casablanca y se dedicó a un trabajo privado por casi veinte años. Detuvo su trabajo cuando ya se encontraba en su séptima década.
“Dejó de pintar porque aseguraba que se le había ido la musa, la inspiración, pero en Cartagena volvió a pintar sus últimos cuatro cuadros”, recuerda su sobrina Cecilia Londoño. Débora Arango murió en 2005 a los 98 años.

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