Martes 29 de Julio de 2014
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Cultura
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Sábado 16 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

¿Y el público en dónde está?

Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
“El sostenimiento de la sala cuesta seiscientos millones al año; en 2012, el Ministerio de Cultura nos concertó la sala, y nos dio dieciséis millones para funcionar todo el año”
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Muchas veces, ante las dificultades que la cultura enfrenta en ciudades como la nuestra, la gente se pregunta cómo sobreviven los escenarios culturales. Vanguardia Liberal presenta a sus lectores una serie de entrevistas con quienes se encargan de mantener con vida estos espacios.
Sandra Barrera y El Teatro Corfescu han sido merecedores en los últimos meses de todas las distinciones regionales por el trabajo; ¿eso motiva su actividad cultural?
Claro, nuestra actividad cultural sí, pero ha servido para que la gente crea que uno se está forrando de billetes, y que otros digan que el premio es por ser parte de una rosca. Nosotros estamos muy orgullosos por las distinciones, porque significan que se nos reconoce en lo que hacemos, pero, como decíamos de broma y de veras, sería bueno que a la medalla le pegaran un chequecito, como deben ser los premios y los homenajes.

La pregunta que siempre se hace la ciudadanía es: “¿La Alcaldía y la Gobernación sí apoyan?”
Por supuesto que sí. Precisamente, porque somos un equipo organizado, tanto la Alcaldía como la Gobernación ven en nosotros un trabajo serio, garantizado por gente que hace las cosas con responsabilidad. Ahora, yo me pregunto ¿y cuál es el apoyo de la ciudadanía?; ¿cuál es el apoyo del público frente al hecho de asistir a la sala y pagar una entrada? Cuando los conciertos son gratuitos, la gente llega, pero muy pocos son los que realmente están dispuestos a pagar una boleta para divertirse.

Pero la gente acude en masa a algunos espectáculos, por ejemplo, de rancheras y música norteña…
Si la convocatoria es para una actividad que incluya venta y distribución de trago dentro de la sala, sí llama la atención, pero el contratante se devuelve cuando sabe que dentro de la sala no puede consumirse trago, y entonces se van para un club o para una discoteca. En realidad, la gente no asiste al espectáculo por el espectáculo como tal, sino como excusa para beber. No puede ocultarse que es difícil traer al público a la sala; la gente disfruta de lo que se hace en la calle, pero traerlo a la sala es muy difícil: la gente dice que eso de la cultura es muy chévere, y que a todo el mundo le gusta asistir a esas cosas, pero no se les ve por acá.

¿Es importante el respaldo de los medios de comunicación?
Es fundamental, y en términos generales nos ha ido bien con eso, pero el canal regional nos tiene vetados, aunque oficialmente no me dicho nada, pero si no pautamos en el canal, no sacan notas culturales de nosotros; nos pasó con Diego Camargo, director de la franja de entretenimiento, y con Gonzalo Valderrama, entre otros, que les dijeron que podían mencionar que estaban en Bucaramanga y que se presentarían, pero que no podían citar el lugar; le dicen al artista que no mencione en dónde se presentará: ¿dónde estará el compromiso cultural del canal?

¿Y la empresa privada?
Pocas empresas tienen programación cultural para sus empleados; se trabaja con la oficina de recursos humanos o con las cooperativas de empleados, pero desde la empresa no se piensa en lo cultural; no se fomenta desde los programas de bienestar de la empresa con bonos para asistir a actividades culturales, ni aunque no les cueste, porque pueden convocar, por ejemplo, a una jornada de teatro callejero, o de alguna actividad gratuita, pero no. De pronto, la empresa apoya porque le gusta específicamente un género cultural, o poque se es un artista frustado, de modo que se apoya ese género, pero, en general, no hay una línea dentro de la empresa que respalde la actividad cultural.

¿Y los colegios?
Allí hay muchas actividades lúdicas, pero nunca se saca a la comunidad educativa a ver actividades culturales. Los colegios, como las empresas, piden, por ejemplo, un cuentero para una “actividad cultural”, pero no tienen sino cincuenta mil pesos, y cuando el artista llega, que por favor sea corto porque viene la orquesta para la rumba, y en cambio sí es evidente que hay dinero y tiempo para la rumba, con bebeta y comida por montones. Tanto el empresario como la estructura educativa tienen una enorme responsabilidad dentro de sus instituciones en la formación de público.

¿Cómo se reconoce al mal público?
Porque se enoja cuando se le pide que no deje el carro parqueado en la calle; porque pelea cuando llega treinta o cuarenta minutos tarde y no se le deja entrar; porque llega cuando el espectáculo ya comenzó y quiere sentarse en la silla que le corresponde, aunque con ello interrumpa el espectáculo; porque no se le dejan entrar comidas ni bebidas a la sala; porque no se deja entrar con bebés a una obra seria; porque no se les deja entrar con equipos con los que se dedican a grabar a los artistas (¿se imagina usted a quien le toca detrás de estas personas, que quieren de pie hacer paneos y grabación de detalles?), no saben de qué se trata aquello de los derechos de autor; porque hay quienes contestan su celular en medio de un concierto o una obra de teatro, no que les timbre, porque puede pasarle a cualquiera, ¡sino que contestan!, ¡y hablan!: “Sí, mija, yo aquí en la función de Isabela Santodomingo; sí, nos vemos más tarde, que aquí el acomodador me está mirando feo”.

¿Y la gente que se porta bien…?
La que llega temprano, porque sabe que la sala se abre una hora antes; la que compra su boleta con tiempo; la que es amable, hace críticas, y sabe criticar; hace sugerencias; convoca público; escribe comentarios, positivos y negativos; apaga el celular –ni siquiera lo pone en vibrador–, y se regala la hora y media del espectáculo, con la idea de que así alguien haya muerto, que le avisen después; al final espera a los artistas, les agradece y se toma una foto con ellos, y les presenta a sus hijos; no se mete al camerino, sino que espera al artista a la salida.

¿Cómo puede educarse al público?
Eso es lo que estamos intentando aprender, a educar al público. El proceso va cogiendo forma, pero todo el tiempo hay que estar cambiando de estrategia. Ahora, por ejemplo, con el tema de los cincuenta años estamos haciendo una campaña de concientización, de “lleva el arte por dentro”, de decirle a la gente que esto no es como ir a jugar bolos y ya. Que la gente entienda que hay buena oferta cultural, aunque no toda es de buena calidad. La gente va a Bogotá y paga trescientos mil pesos para ver a Armando Manzanero, pero no paga la mitad de eso en Bucaramanga para verlo. Tenemos espectáculos internacionales de teatro serio, pero me da pánico traerlos a Bucaramanga. En Bogotá, hay un grueso de público que contempla ir a espectáculos, pero aquí la masa de público no tiene entre sus actividades cotidianas ir a espectáculos, y esto es fundamental, que la gente entienda que lo importante es que venga a la sala, que asista a los espectáculos.

¿Qué debe hacerse, entonces?
Que la gente realmente demuestre su amor por la cultura y el arte, y su necesidad de estos espacios y de estos espectáculos; ¿cómo?, asistiendo, y no con el hecho de darle a uno palmaditas, no con decirle a uno que qué chévere, sino asistiendo como público, no solo con el hecho de comprar la boleta, sino ser crítico, aportar, pedir lo que quiere ver. El compromiso como público va mucho más allá de asistir al espectáculo y salir después.
Finalmente, ciudadanos y seres humanos somos todos: el profesor, el empresario, el del sector oficial; más allá de dividirnos por sectores, es realmente definir cuándo aprendemos a pensar en conjunto, a no pensar que esto es obligación solo del Estado.

¿Cuánto valen el mantenimiento y el sostenimiento de la sala?
Alrededor de cincuenta millones de pesos mensuales, seiscientos millones en el año, sin contar lo que demandan los espectáculos especiales, contando el mantenimiento permanente de las sillas, porque diariamente hay quienes las rompen, rayan los cojines y les pegan calcomanías. Hay que pagar mensualmente a la Defensa Civil, haya o no haya espectáculos; hay que pagar servicios, personal, suministros, implementos de aseo, pulimento, fumigación y control de plagas, alarma, mantenimiento de equipos, y siete millones de pesos mensuales de arriendo.
Publicada por
PUNO ARDILA AMAYA
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