Sábado 1 de Noviembre de 2014
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Cultura
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Sábado 22 de Junio de 2013 - 12:01 AM

Los payasos y la guerra

Un artículo sobre la relación payasos y guerra, a propósito de ‘El recreo de los payasos’, de PFU Teatro, que sale de gi-ra nacional el 25 de junio, con una presentación de entrada libre el lunes 24 de junio en el auditorio Pedro Gómez Val-derrama, del IMCT.

No se tienen históricamente datos exactos, ni la certeza de quién fue el primer payaso de la historia. Sin embargo, hay antecedentes remotos que dan una idea de la existencia de estos personajes en la antigüedad, y desde allí se percibe, como un actor satírico que se burla de la cotidianidad. La relación payasos–guerra se ha dado desde tiempos inmemoriales, en el Medioevo, periodo de los bufones de la cortes en relación con el rey, autoridad suprema, y se consolida en las dos guerras mundiales y en el periodo de entreguerras, hasta el día de hoy.

El “clown”, como se conoce hoy, nació en la calle, en el espacio circular formado por los espectadores, reunidos por curiosidad en torno de él. Más tarde, El circo capta de forma natural este espacio, lo organiza, lo protege y hace de él un campo de acción ideal para su arte; así el “clown” puede medir el alcance de sus actos y sus efectos.

Para el “clown”, la proximidad constante de los espectadores es la garantía de una relación de intimidad tan importante como aquella que él mantiene con su público. El espectador, debido a esta intimidad, mantiene una familiaridad con el nuevo payaso que a veces puede tener un carácter dramático. En este sentido, el público no considera el payaso como un actor normal; él puede distinguir entre la función normal (actor), el papel (el personaje) y la naturaleza (la historia narrada).

El actor–“clown” simplifica todas las nociones de tiempo y lugar, y su mundo es inmediato. Él trabaja de manera constante en el presente, y su talento consiste en crear una ambigüedad entre lo que funciona, pero es preparado, y lo que es espontáneo y sin preparación. El payaso también requiere una cierta técnica, a menudo contra la lógica. Él desordena el orden y esto le permite denunciar el orden establecido. Por ello, el personaje cómico, particularmente el payaso, es por excelencia un perturbador del sistema. Él es la expresión del instinto de juego, el gusto del hombre por la broma y la risa, su capacidad de percibir aspectos insólitos y ridículos de la realidad física y social. El payaso como arma social da los medios para criticar la sociedad, para ocultar su oposición con una broma o una farsa. Él centra la acción en torno a los conflictos y los incidentes que demuestran la creatividad y el optimismo del ser humano contra la adversidad.

Ser “clown” es una profesión de fe, una actitud frente a la sociedad: es querer ser ese personaje reconocido por todos, por el que sentimos un gran interés, por todo lo que hace. En la investigación contemporánea sobre el lenguaje “clownesco”, el actor debe enfrentarse a sus propias debilidades para organizar sus defectos con humor y deshacerse de sus miedos y ansiedades.

Desde la mirada de unos payasos muy particulares, el Colectivo Teatral PFU aborda la situación de la población civil, en medio del conflicto, víctima de emboscadas y de atentados. ¿De quién son obra? ¿Quién alimenta, aloja, presta ayuda, colabora, sostiene de manera cotidiana a esos adversarios invisibles? Para saberlo, hay que obtener información; y cuando ésta no se ofrece espontáneamente, o a cambio de alguna recompensa, hay que arrancarla eventualmente por medio de la tortura. El ejemplo favorito de los apologistas de la tortura es el atentado que se anuncia y al que hay que anticiparse. La tortura, las violencias de los bandos en conflicto, las ejecuciones capitales, tienen por efecto inmediato el generar terror en todos los habitantes. ¿Cómo es posible que los bandos en conflicto hayan practicado la tortura con tan pocos escrúpulos? En esta versión de la obra, la frontera entre lo real y lo ficcional se atraviesa en dos sentidos: se toma a los seres ficticios como seres reales; se vive con personajes dramáticos literarios como si fuesen “conocidos” nuestros; pero al mismo tiempo se llevan al terreno de la ficción los actos que realmente se efectúan, al verlos desde fuera, a la manera de un espectador.

En la obra, los payasos del teatro son personajes, los más humanos de los seres humanos. El payaso, a diferencia del loco o bufón tradicional de la corte, comúnmente desempe-ña situaciones absurdas y acciones físicas fuertes, enérgi-cas. La obra ‘El recreo de los payasos’ sumerge de entrada al espectador en el mundo de los payasos. El payaso en el teatro es un creador, un provocador de emociones, de sentimientos, de sensaciones y especialmente de risa. El paya-so desde su concepción hace reír con su visión del mundo y sus intentos de posarse por encima de sus fracasos. Estos payasos incluyen más arquetipos sicológicos y contextos sociológicos, juegan con las emociones, proponiendo también situaciones cotidianas con las que el público se identifica.

Publicada por
REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
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