Sábado 14 de Diciembre de 2013 - 12:01 AM

El hombre con el hacha y otras situaciones breves

Un hombre con un hacha hace trizas todo lo que encuentra.

En su afán devastador anuncia la desolación del paisaje. El hombre diminuto –no supera los cinco centímetros de altura– parece una máquina de guerra. Sobre la gran tarima blanca objetos fracturados, dispersos, pequeñas figuras tocadas por la mano del tiempo –¿o de la artista?–:libros, relojes, un plato roto con el ícono del Che Guevara, cartas de naipe, la figura de Mickey Mouse, una mujer de porcelana que vierte un tonel de leche, postales, un patito, sillas y hasta un piano tamaño natural arrojado en uno de los extremos, “cosas encontradas en ferias de antigüedades y mercados de pulgas”, precisa la artista.

Liliana Porter nació en Argentina en 1941; reside en Nueva York desde 1964. Su instalación, El hombre con el hacha y otras situaciones breves, se exhibe por estos días en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. “Esta obra quizá sea una metáfora del tiempo, el tiempo que va pasando; hay cosas que desaparecen y al mismo tiempo uno las recuerda; nunca se rompen del todo, o desaparecen del todo. Hay un personaje que desenreda hilos y sogas negras, es gente que está confrontada con tareas que siempre los supera, así como uno”, comenta.

En esa confrontación de la pequeña y la gran escala se produce una colisión en la mirada; se trata de objetos aparentemente insignificantes dispuestos en situaciones absurdas que por momentos desatan el humor. Ningún espectador sale intacto de la sala donde se exhibe la instalación, pues, en medio de ese caos controlado, donde todo cae y se recompone a su vez, se genera una especie de conmoción.

“Para que el hombre del hacha destruya, Porter, en la dirección inversa del tiempo, compone pieza a pieza los pedazos; reconstruye. El suyo es un tiempo más flexible y más incierto en el que es posible destruir y a la vez componer, optar por una alternativa sin perder las otras, alumbrar a un hombre con un hacha y también a un jardinero que riega sus plantas en medio del desastre”, reflexiona la crítica de arte Graciela Speranza.

A sus setenta y dos años, Liliana Porter nos recuerda lo engañoso que resulta intentar aprehender la realidad, especialmente cuando todo cae, cuando todo se rompe.

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