Publicidad
Mié Oct 18 2017
23ºC
Actualizado 10:00 pm
Sábado 24 de Mayo de 2014 - 12:01 AM

¿Arte popular? ¿Qué es y quién lo dice?

Una de las cosas más maravillosas del IV Salón BAT de Arte Popular- Identidad Regional, es que me puso a cuestionarme en serio sobre la profundidad de la mirada y la renovación en el hacer del artista empírico: salí regocijada con lo que vi, y no es que le tenga tirria al artista académico, ni más faltaba.

Una de las cosas más maravillosas del IV Salón BAT de Arte Popular- Identidad Regional es que me puso a cuestionarme en serio sobre la profundidad de la mirada y la renovación en el hacer del artista empírico: salí regocijada con lo que vi, y no es que le tenga tirria al artista académico, ni más faltaba.

Al entrar a la primera sala del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y posar mis ojos sobre las obras de la pared derecha sentí que me quedé sin aire, y un ligero escalofrío me recorrió de pies a cabeza: dos pinturas, hermosamente hechas, sobrias y contundentes, abordan, al menos en apariencia, un tema que de una u otra manera nos debe tocar a todos los colombianos: la pobreza. Pero lo hacen sin ningún dramatismo, sin apelar al más mínimo sentimentalismo, sin crueldad; no son un panfleto, no son una denuncia, y aunque su belleza estética es singular, una desde la luz y la transparencia del color, la otra desde los tonos grises y una evidente melancolía, fue inevitable, después de unos minutos de simplemente contemplar, de deleitarme en su riqueza plástica, preguntarme ¿qué pasó aquí?

Sí, la pobreza, la falta de oportunidades, la belleza desnuda del paisaje sin artificios – humano y geográfico–, sí, esa oscura maraña de cuestiones políticas, sociales, económicas, ¿pero quién hace esto? ¿De cuándo acá en un salón de “arte popular” se ve uno impelido a reflexionar sobre estos asuntos?

Sigo caminando, y me voy encontrando aquí y allá con emergencias expresivas de lo que tengo en mi archivo de memorias como lo que identifica al arte popular –y que lo deja de este lado de esa otrora sólida frontera que lo separa del producido por el artista titulado, el que tiene además de sus herramientas plásticas un más o menos sólido bagaje reflexivo amparado en la teoría–: un color explosivo, vital, que no se detiene en las presunciones de la armonía cromática; un trazo relativamente ingenuo, sin posturas académicas, al igual que el empleo de una perspectiva o unos volúmenes intuitivos; unos temas también “populares”: la fiesta, el jolgorio de pueblo, las festividades o los íconos religiosos, las rutinas del trabajo agrícola o artesanal, la vida cotidiana. Sí, de todo eso hay, pero hay ‘algo más’. Aquí y allá percibo, siento que ya no estoy frente al artista aficionado, más cercano al artesano que a lo que describimos o entendemos como ‘artista’: estoy frente a la obra de personas profundamente reflexivas, que, insisto, sin dejar totalmente de lado lo que caracteriza el hacer del arte popular, se han dedicado a mirar el mundo de otra manera, a reflexionar; han sido evidentemente tocados por la realidad del país, que no es la idílica imagen rural de las fiestas de pueblo –sin que estas desaparezcan, claro está–, y hablan de ella, nos la cuentan, con belleza, con pulcritud, con sutileza y contención, pero sin ambages, propositivamente.

No desaparece el humor, un humor fino, sin estridencias, pero reflexivo, que incita más allá del simple chascarrillo, ni está ausente un sentido de felicidad tampoco, de cierta alegría frente a la vida, pero ya no se trata del artista “ingenuo”: hoy estamos frente a creadores empíricos absolutamente apropiados de lo que el entorno tecnológico y los medios de comunicación les brindan, y que siguen adaptando para sí, como herramienta expresiva, y con singular habilidad, lo que tienen a su alcance: desde el habitual óleo sobre lienzo, la fotografía, la talla y la escultura en madera, pasando por los adornos de pasamanería y las plumas, el modelado en alambre, los dioramas, hasta una impecable escultura con materiales poco ortodoxos, la “pintura digital”, la instalación y la “subversión” de objetos.

Otro aspecto sorprendente es la relectura y la reinterpretación de temas clásicos del arte universal, con humor, siempre con humor, con una suerte de picardía, con un atrevimiento espontáneo y libre que quizá solo es posible cuando la academia y la teoría no han dejado aún una impronta profunda en el creador y que producen obras muy peculiares y bellas, que dialogan con propiedad en ese impreciso espacio que recibe el nombre de arte contemporáneo.

El paisaje sigue siendo dominante, pero ya no es el dulce escenario bucólico y acaramelado, sin nada sorprendente más allá de la mayor o menor habilidad del pintor, no; este es un paisaje que sin perder belleza nos punza, nos detiene, nos impide ir por ahí revoloteando, persiguiendo algo hermoso. Se trata de un paisaje profundamente reevaluado en que el artista ha puesto sus ojos con la plena conciencia de que aquí ya no hay nada de paradisiaco, y sin embargo nos lo muestra sin amarillismo, pero con serenidad y determinación. Pienso en concreto en ese paisaje de cruces de madera barata sembradas en la mitad de la sala, en las que hay inscritos nombres: de personas, de plantas, de animales.

Ni un hueso, ni una gota de sangre, ni un zapato a medio podrir, ni un pájaro disecado, nada. Solo silencio, ese abrumador silencio que nos sacude desde adentro.

Consiento en que aún encontramos algunas obras más apegadas al lindero de lo popular, pero en definitiva la frontera se rompió; en ese sólido dique del arte con mayúsculas se empezó a filtrar el hacer del artista sin pretensiones ni títulos, pero, esto es muy importante, con altura, reflexivamente, con profundidad. Me resta esperar que el eco de las voces de estos artistas no se apague nada más cerrar la exposición.

Publicada por
Su voto: Ninguno (2 votos)
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Jugo de lychee
Refrescante jugo de la exótica fruta lychee, al estilo árabe.
Publicidad
Publicidad