Espiritualidad
Jueves 04 de agosto de 2011 - 12:00 AM

La ventana de lo posible

Para vencer un pensamiento negativo, exprese de manera deliberada la idea positiva contraria. Los sentimientos optimistas anulan las impre-siones de fracaso. Entre más haga este ejercicio, ¡mejor!

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

Cuando una puerta se cierra, al mismo tiempo se abre una ventana. La frase, más allá de ser un viejo proverbio, encierra una gran verdad.
Si afronta un momento difícil o un ciclo en su vida se ha cerrado de manera intempestiva, recuerde que tendrá la oportunidad de divisar un mejor panorama a través de la llamada “ventana de lo posible”.
Cuando va a llover, Dios decide mover entre las nubes un carro ligero y reluciente. Y en ese vehículo van la tempestad y su interminable corte de relámpagos.
En nuestra cotidianidad, tales relámpagos llegan de repente y nos sorprenden en la intemperie. Y aunque pareciera que no tenemos la menor posibilidad de refugiarnos, siempre hay una opción para salir adelante.
Si asemejamos las tormentas a eso que llamamos problemas y las analizamos, no como expertos del clima sino como formadores del espíritu, podríamos encontrarle grandes beneficios a nuestra situación actual.
En cada vicisitud, hay una semilla de futuros triunfos. En esta página no le estamos recomendando que se resigne a sufrir. ¡Nada de eso! Lo que pretendemos es recordarle que un aguacero también podría ayudarle a ‘germinar’ un mejor futuro.
Es cierto que en su vida ocurren acontecimientos terribles, diríamos que demasiados ‘lluviosos’. Son esas épocas cuando siente que todo le sale mal y no sabe qué hacer, ni a quién recurrir.
Más allá de cómo se sienta, recuerde que ningún problema es para siempre y, a lo mejor, esa situación que está viviendo sólo lo está invitando a cambiar.
Esté abierto a las nuevas posibilidades que se le abrirán con la ventana de Dios. No se aferre a esa puerta que se le cerró; la clave en la vida consiste en soltarse.
Y cuando la puerta se le cierre en sus narices, no se angustie. Respire profundo, analice el panorama y luego sí considere la situación. Conviene asumir una actitud positiva y una visión más esperanzadora.

No todo es color de rosa
Queremos que nuestra vida sea puro amor y dulzura; nada de problemas. ¡Sería lo ideal!
Sin embargo, el optimista no es aquel que no ve las dificultades, sino aquel que no se asusta ante ellas ni no se echa para atrás.
Por eso podemos afirmar que las dificultades son ventajas, pues maduran a las personas y las hacen crecer.
Hace falta una verdadera tormenta en la vida de una persona, para hacerla comprender cuánto se ha preocupado por tonterías o por chubascos pasajeros.
Reflexión: Lo importante no es escapar de las tormentas, sino tener fe y confianza de que pronto pasarán y nos dejarán algo bueno en nuestras vidas.

Bella historia
El dueño de un restaurante, que sabía de los estragos que ocasionan en la mala digestión los malos pensamientos, se inventó una singular forma para ayudar a quienes padecen de úlcera.
En su negocio implantó una multa para todo aquel que hablara de cosas tristes o preocupantes durante el almuerzo.
La multa consistía en pagar $1.000 más por el plato.
La suma recolectada, según argumentó, iba dirigida a las personas que padecían la citada enfermedad.
Él decía que todos los seres humanos debemos esparcir nuestros buenos pensamientos.
Los seres humanos gozamos al vernos rodeados de personas que hablan de lo que les alegra, no de lo que les entristece.
Si usted tiene amigos, familiares o esos profesores ‘mamones’ que le hablan de tristezas y hasta le infunden miedo; es mejor que los evite.
 ¡Adiós a los amargados!
Haga como los niños, que siempre ven lo positivo en todo .
¿Alguna vez ha escuchado hablar a los niños de lo caro que está la vida, de la inseguridad, del desempleo, del mal tiempo, de la congestión vehicular o de la contaminación ambiental?
¡Ellos nunca hablan de eso!
La muchedumbre de ensueños que se despiertan en los pequeños, sólo nos trae buenos deseos.
Estos pequeñines no le dedican ni un segundo a lo mal
que está el Producto Interno Bruto, PIB, ni a los estragos de la Inflación, ni mucho menos a las cosas enredadas de la economía que nos cuentan todo lo pobre que está nuestro bolsillo.
Pareciera que ellos, los niños, estuviesen ahí sólo para
recordarnos que, más allá de los problemas, de lo duro
de un día de trabajo, siempre hay razones para continuar.
Por ejemplo: Si usted algún día tropieza, ojalá se levante como lo hacen los niños; es decir, enseguida y sin vergüenza.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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