Espiritualidad
Jueves 01 de septiembre de 2011 - 12:00 AM

Puntos de diferencia

Usted marca la diferencia: goza o sufre, ríe o llora, toma las cosas con calma o se complica. Ojalá, siempre pueda irradiar fuerza, optimismo y alegría en cada paso que dé.

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

En la geometría uno puede hacerse idealizaciones
del espacio: puntos, círculos, rectas, triángulos, planos, superficies, etc...
¿A qué viene el apunte? A que las múltiples figuras nos sirven para darnos cuenta de las muchas formas que, a diario, se presentan en nuestro mundo.
Mire a su alrededor y lo notará: hay altos y bajos, gordos y delgados; negros y blancos, en fin…
La verdad es que no hay dos hombres iguales como tampoco hay dos hojas idénticas, aunque pertenezcan a un mismo tronco. Cada una toma el sol de una forma y, sin embargo, todas sirven al árbol.
Más allá de las figuras, siempre hay una esencia.
Y no se trata sólo de las imágenes que apreciamos.
Ocurre lo mismo con los pensamientos: hay gente que cree que está perdida y otra que siente que va por el camino correcto; y están las personas que creen que pueden hacer algo y las que se declaran como “incapaces”.
Hablamos de la forma como se asume la vida: usted decide cuándo reír, cuándo siente que debe llorar, cuándo cantar y cuándo es el momento preciso para actuar.
En su actitud es donde se marca la diferencia con los demás, así sean famosos o anónimos o simplemente pobres o ricos.
Hay quien cae y jamás se levanta; mientras que hay otra clase de ser que, al tropezar, se vuelve a levantar. ¡Y lo hace en un santiamén!
Si usted tiene algún defecto y no lo corrige a tiempo, cae en el abismo. Sin embargo, también se puede decir que si posee alguna cualidad y la cultiva, consigue muchos triunfos.
Sólo Dios puede hacer que bajo el sol crezcan los trigales; pero usted puede triturar el grano y compartir el pan.
Sólo Dios puede hacer que se conserve o prolongue una vida; pero usted puede hacer que dicha vida esté llena de alegrías.
Haga las cosas lo mejor que pueda y deje el resultado en manos de Dios.
No hay que perder el ánimo y quedarse en la vera del sendero. De todas formas, somos caminantes y algún día tendremos que levantarnos y continuar.
Por algo dicen que Dios lleva a los hombres a las aguas profundas; no para ahogarlos, sino para limpiarlos.

Ejercicio
• Afloje todos los músculos de su cuerpo.
• Levante los brazos y luego déjelos caer de una manera libre.
• Ablande su rostro y ría.
• Parpadee una y otra vez.  • Cierre los ojos y no piense en nada.
• Escuche con atención ruidos y sonidos, próximos o lejanos, sin calificarlos de agradables o desagradables.
¡Hágalo! notará que cualquier cosa que hoy le inquiete pasará a un segundo plano y, en consecuencia, se sentirá mejor.

¿La esposa de Dios?
Un niño de 10 años estaba parado, descalzo, frente a una tienda de zapatos apuntando a través de la ventana y temblando de frío.
Una señora se acercó al niño y le dijo: ¿Qué estás mirando con tanto interés?
La respuesta del niño fue: “Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos”.
La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcetines para el niño.
Preguntó si podría prestarle una vasija con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. La señora se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño y se los secó con la toalla.
Para entonces el empleado llegó con los calcetines, la señora le puso un par de ellos al niño y le compró un par de zapatos.
Juntó el resto de los calcetines y se los dio al niño. Ella acarició al niño en la cabeza y mientras ella daba la vuelta para marcharse, el niño la alcanzó, la tomó de la mano y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó:
¿Es usted la esposa de Dios?

Peticiones
Pídale a Dios nuevas ilusiones y una triple ración de fe.
Una gota de esperanza también le caería muy bien.
Pídale a Dios una paleta de colores para pintar su vida cuando la vea gris.
También le sería útil pedirle una caneca de basura para tirar todo lo que le haga daño.
Con respeto, dígale que le mande un frasco de ‘merthiolate’ y una cajita de curitas para sanar su corazón, resquebrajado con tantos raspones.
Dígale que necesita un reloj grande, para que cada vez que lo vea usted se acuerde de que el tiempo no se detiene: él corre y no debe desperdiciarlo.
También solicítele una cajita de pastillas, de las que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, para que le vaya bien en la vida.
¡Ah! Y también le puede pedir unas tres o cuatro toneladas de “ganas de vivir”, para cumplir sus sueños.

Recomenzar
Si alguna vez su vida aparece inmersa en una de esas tormentas que azotan sus ramas y lanza las hojas a los cuatro vientos es, porque, sencillamente,
le llegó la hora de recomenzar.
Los sicólogos dicen que, cuando eso pasa, la vida lo único que hace es formularle la siguiente pregunta: ¿Está preparado para continuar luchando?
Es en ese momento cuando usted entiende que tiene el poder de remplazar el caos por la calma.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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