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Viernes 11 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

El apego

Un apego es una creencia; es como una fantasía de su mente, adquirida mediante una “programación errónea” de su vida.

La clave no está en agarrarse, sino en soltarse.
La anterior es una frase singular que, a decir verdad, muy pocos ponemos en práctica. ¿Por qué? porque tenemos la percepción de que si no estamos aferrados a algo, nos caemos.
El trabajo, nuestra pareja, nuestros hijos, el dinero, el sexo, los amigos y hasta el famoso ‘qué dirán’ nos atan, con relativa frecuencia. Es como si tuviéramos una extraña cadena que, aunque no se ve, nos impide ser libres.
¿Qué es lo que sucede?
Que tenemos la errada creencia de que sin esas cosas o sin las personas que nos rodean no podremos vivir. Es muy fácil caer en ese estado de aprehensión; mejor dicho, nos resulta ‘cómodo’ el vivir apegados.
Los apegos hacen parte de las programaciones que nos hacemos; son ideas que parecen lógicas, pero que lo único que hacen es esclavizarnos.
Hablamos de esos lazos emocionales que desarrollamos, casi sin darnos cuenta.
Y es que los apegos nos proporcionan falsas percepciones de seguridad, como las de estar protegidos o las de estar próximos a algo o a alguien.
Veamos varios ejemplos: si tenemos cierto trabajo, así sea tedioso y aburridor, al final nos alegramos porque siempre nos llegan las ‘quincenitas’; nos aferramos a relaciones sentimentales, algo traumáticas, sólo por no sentirnos solos; otros fundamentamos nuestras vidas en un desmedido afán por la plata, que nos resuelve algunas situaciones, pero que jamás nos proporcionan la verdadera felicidad.
El apego es un estado emocional que tiene dos aristas: una positiva y otra negativa. La positiva es el estado de placer y la emoción que se siente cuando se logra aquello a lo que se está apegado. La negativa es la sensación de amenaza y la tensión que lo acompañan, lo que nos hace vulnerables por la eventual pérdida de nuestra tranquilidad.
Debemos desapegarnos. Y eso no significa que debemos dejar tirado todo; por el contrario, es sólo cuestión de entender que no podemos amarrarnos a cadenas.

¿Cómo hacerlo?
Hay una fórmula maestra que abre los candados del apego y nos libera de esas absurdas prisiones. La llave que sirve para abrir dicha cerradura, no es más que la confianza en sí mismo.
Para poder avanzar es preciso liberarse. Y uno sólo se suelta cuando tiene la plena convicción de que las cosas le van a salir bien. Por las calles vemos a diario personas ‘corroídas’ por el temor, faltos de fe y decididos a seguir presos, sin enfrentar las vicisitudes que les presenta la vida.
El novio celoso debe dejar libre a su pareja, antes que retenerla; el orgulloso debe olvidarse de los apellidos, antes que sacar pecho por ellos; y todos aquellos que viven congelados en el libro del pasado, deben pasar la hoja y leer la siguiente página de su vida.

PARA TENER EN CUENTA
Nuestros verdaderos poderes de superación tienden a ocultarse cuando le ponemos ‘candados’ a nuestra confianza y nos apegamos al miedo.
Nos ocurre un problema y de inmediato caemos en el desánimo. En ese momento nos conviene tener un poco de serenidad.
De entrada hay que pensar que estamos menos vencidos de lo que creemos estar. Cuando tenga un problema, encomiéndese a Dios, suelte la cadena del temor y diga: “Voy a salir adelante”.
Esta frase le permitirá brotar de su interior un volcán de energía que nunca imaginó poseer y que le hará superar cualquier inconveniente.
No se apegue a ninguna religión, porque estará negando la grandeza de Dios... No se apegue a este mundo, porque estará olvidando la grandeza del universo... No se apegue a la belleza de su cuerpo, porque no trascenderá a Dios... No se apegue a su espiritualidad como esos monjes tibetanos que se alejan de la realidad, porque terminará solo y perdido en sus mensajes celestiales… No se apegue al dinero porque, sin quererlo, le quitará a los demás.

PARA SU TRANQUILIDAD
Piense en el ánimo de una persona desesperada por la sed y en el de alguien que no la tiene. ¿En cuál ve paz, tranquilidad, seguridad; y en cual lo contrario?
Ahora observe su mundo y analice qué lo hace infeliz.
¿Qué causa esa tristeza?
La respuesta está en los apegos. A veces cree que, sin esos lazos que tiene o sin esa persona que está a su lado, no es posible ser feliz.
Sus programaciones dicen:
No puedo ser feliz si no tengo tal o cual cosa, o si tal persona no está a mi lado. No puedo ser feliz si tal persona no me ama. No puedo ser feliz si no tengo un trabajo seguro. No puedo ser feliz si estoy solo. No puedo ser feliz si no tengo un cuerpo a la moda.
No cabe duda de que su mente está programada para demostrarle, de manera constante, que no puede gozar la vida, si no es por una cosa o por otra.
¡Y no es así!
Usted es feliz aquí y ahora; pero no lo sabe porque sus falsas creencias y su manera deformada de ver las cosas lo han llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades...
Todas las cosas a las que se apega son simplemente motivos de angustias.
Lo que le hace feliz no es la situación que le rodea, sino los pensamientos que hay en su mente.

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