La sencillez es un valor, entre otras cosas, porque puede llegar a todo el mundo. Alguien sencillo es franco, afable y transparente. También es natural y espontáneo, rechaza el protocolo y prefiere la informalidad. Le conviene ser así.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Ser bueno hoy día es ser tomado por “bobo”. ¿Conoce a alguien así?
Ser justo, por estos días, es ser un “imbécil insobornable”. ¿Ha juzgado a alguien así?
Tener moral y honor, de manera desafortunada, en nuestros tiempos es ser un “retrógrado”. ¿Ha calificado a alguna persona con tal adjetivo?
Tener compasión, para muchos, es un rasgo claro de “debilidad”. ¿Se ha comportado alguna vez duro, sólo para parecer fuerte ante los demás?
Y ser sencillo, para los petulantes de esta época, es un indicio de “poco valor”. ¿Piensa que eso es cierto?
¡No se equivoque!
Prefiera ser “bobo”, “imbécil”, “retrógrado”, “débil” y hasta de “poco valor”, antes que caer en un egoísmo que no sólo lo hará ver como un engreído sino que, además, lo llevará a un grado extremo de soledad.
Todos los hombres que valen en la vida y que nos enseñan a ser personas, se comportan de maneras sencillas.
La sencillez no es algo externo; ella viene del corazón, fluye e irradia a los demás.
Ser sencillo tampoco tiene nada que ver con no ser ambicioso. De hecho, todos debemos luchar por crecer, por tener una forma de vida más digna, por superarnos profesionalmente; sin embargo siempre debemos apuntarles a esos nobles ideales con sencillez.
Lo cierto es que todo lo que es verdaderamente sabio es sencillo y transparente.
Un hombre de Dios, por mencionar sólo un ejemplo, no es el que va a misa para que lo vean rezar; ni el que tiene un rosario, una túnica o el que les cuenta a todos que decidió ser un pastor. Una persona de fe es aquella que interiormente se muestra sencilla y que no se “transforma” en algo para que todos la veneren.
¿Se puede aprender a vivir de una manera sencilla?
¡Claro que sí!
Sea usted mismo: ¿se ha puesto a pensar cuánta energía se gasta fingiendo ser alguien que no es en verdad?
Si su estilo de vida refleja las ideas de otra persona sobre cómo debería ser su mundo, tómese unos momentos para imaginarse lo sencillo que sería si dejara de fingir y aprendiera a ser usted mismo.
Ahora bien, en lugar de trabajar por dinero, empiece a disfrutar lo que le corresponde hacer.
Y si es de los que protesta por todo, en lugar de esa ‘quejadera’, mejor consiga un proyecto de acción que le permita ser una mejor persona, un mejor profesional, un mejor esposo o un mejor amigo.
Organice el plan para alcanzar sus propias metas, sin olvidar que todo lo que haga o deje de hacer es ciento por ciento su responsabilidad.
Por último, empiece por reprogramar su mente con mensajes positivos, reconocer sus errores y buscar el camino para conseguir lo que tanto anhela.
Recomendación
Cuando abra algún texto, procure que su lectura le enseñe algo sano. Si puede elegir entre varias revistas, opte por aquella que le posibilite reflexiones nobles, que le enriquezcan los conocimientos acerca de la vida. Si tiene tiempo para navegar por la Internet, no se detenga en las páginas deprimentes o de contenidos dudosos y agresivos. No haga de sus archivos mentales una basura.
Busque detenerse en las mejores imágenes que componen el paisaje por donde pasa. Es cierto que los problemas existen, que las miserias humanas son una realidad, que los hechos deprimentes contaminan a La Tierra; pero no por eso, usted tiene que contagiarse de ellos.
Considere que si usted no puede cambiar una situación, no hay motivo para cargarla en su archivo mental. Por esa razón, busque siempre la mejor parte de las cosas y vea siempre lo bueno de la gente.
Al levantarse por la mañana, mire a su alrededor lo que tiene de mejor: observe el amanecer, los colores que la naturaleza traza, los paisajes que el día le ofrece. Contemple La Luna, incluso sabiendo que bajo la luz lunar existen la violencia, la injusticia, el dolor…
Admire la puesta del sol, aunque tema a los peligros que surgen en la oscuridad. Observe con atención el invierno, más allá de que el paisaje no le parezca agradable. Recuerde que siempre habrá una primavera.
Deténgase un poco para observar la sonrisa de un niño, por encima de saber que la negligencia con la infancia es una realidad. Actuando así, al final de cada día usted tendrá una buena razón para agradecer por las oportunidades vividas.














