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Jueves 08 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Deje la quejadera, enfrente la vida

Tres cosas no hay que hacer nunca cuando tropezamos y algo nos sale mal: refunfuñar, desanimarse o dejar de luchar. Hay que utilizar la cabeza y aprovechar los errores para crecer. No se deje dominar por la tristeza porque ella no trae bienes, sino males. Muchas victorias pueden venir después de una derrota.

Todo lo que nos sucede se da porque nosotros permitimos que ocurra; lo que pasa es que nos hacemos los ciegos e inventamos ‘culpables’ que permitan justificar lo que afrontamos.
Habría que recordar la vieja frase que nos enseñaron los abuelos: “seamos responsables de nuestras acciones”.
Y así como no debemos amargarnos por nuestros fracasos, tampoco se los debemos cargar a otras personas. Cada experiencia mala, así suene extraño decirlo, es valiosa.
¿Por qué?
Porque la adversidad de alguna forma nos permite crecer. Si le sacáramos provecho y entendiéramos que todo hace parte de un aprendizaje, comprenderíamos que todo es ganancia.
Échele cabeza a algo “malo” que le haya ocurrido y analice que, más allá del sufrimiento, de todo eso quedó algo “bueno”. Gracias a eso que pasó, usted hoy está mejor o, tal vez, tuvo conciencia de algo que le frenaba su vida.
Usted reflexionará que puede resultar fácil leer el mensaje de esta página; pero que otra cosa muy distinta es llevarlo a la práctica.
Podríamos replicarle que, ante las circunstancia adversas, lo que podemos cambiar es la forma de ver las vicisitudes. Cuando sentimos que algo se nos escapa de nuestro control, debemos asumir una actitud distinta y encontrarles sentido a los acontecimientos que la vida nos regala.
Veamos tres ejemplos:
¿Qué pasa si llegamos a un puesto de trabajo específico que no nos satisface?
¿Qué ocurre si sostenemos alguna relación tormentosa con alguien que amamos?
¿Qué hacer si atravesamos por alguna penosa situación económica?
Respuestas a los tres interrogantes:
 Debemos entender que llegamos a una oficina, conocimos sentimentalmente a alguien o afrontamos los problemas de dinero para aprender algo que nos va a ayudar en la vida, así no sea de manera más exacta lo que buscábamos.
Analice que nuestras tragedias y cruces, con relativa frecuencia, son livianas si las comparamos con lo que ocurre a nuestro alrededor.
¡No! no es que nos debamos resignar a sufrir o a perder. Lo que queremos decir es que, por dura que sea una crisis, la clave siempre consistirá en alinearse y predisponerse a enfrentarla para poder obtener lo mejor que ese problema nos va a dejar.
Mejor dicho: cada intento de nuestras vidas es un éxito. Porque cada esfuerzo produce la victoria y las mismas ganas de hacer las cosas no son menos honrosas que el triunfo mismo.
Todo esto se logra solamente cuando somos capaces de mantener nuestro enfoque, en su lado positivo.  Cuando ocurre lo contrario, percibimos de manera reiterada que es el fin y creamos la correspondencia exacta para caer en el desánimo.
Dejemos de culpar a los demás por nuestros errores y decisiones; aceptemos que no somos perfectos y que el mejor camino para aprender consiste en asumir la responsabilidad de nuestros actos.

Los que viven quejándose por todo lo "negativo" que les pasa, se pierden en la desazón. Lo peor es que no se dan cuenta de que ellos, y solamente ellos, son los responsables de lo que les pasa. 

LO QUE LE PEDÍ A DIOS
* Le pedí fuerza a Dios para llegar más lejos, y me hizo más débil para que aprendiera la humilde obediencia.
* Le pedí salud para hacer cosas grandiosas, y me hizo frágil para que hiciera cosas mejores.
* Le pedí riquezas para ser feliz, y me dio pobreza para que fuera sabio.
* Le pedí poder para ser admirado por los hombres, y me dio debilidad para que sintiera “la grandeza de la pequeñez”.
* Le pedí todas las cosas para gozar la vida, y me dio la vida para disfrutar todas las cosas, fueran “buenas” o “malas”.
... Sí, es cierto que no tuve nada de lo que le pedí a Dios al principio; pero sí logré que Él me enseñara a no quedarme esperando que las cosas me llovieran del cielo. A pesar de mi forma de pensar, mis silenciosas peticiones fueron escuchadas de un modo muy particular.
Moraleja: seremos felices el día que aprendamos que la forma de pedirle a Dios consiste en reconocernos débiles y, sobre todo, en ser humildes dejando a un lado nuestro orgullo y nuestra forma fácil de esperar que todo nos sonría sin esforzarnos. Al actuar así, gozaremos de la prosperidad y comprobaremos que Dios sí nos escucha.

ORACIÓN “ANTI-MIEDO”
Dios: hay nubes grises en el horizonte, el mar está agitado y el aire que respiro parece extinguirse. Sí, es mi fe la que en realidad se debilita. ¡Tengo miedo! El recelo me paraliza la sangre. Manos invisibles me toman y me hacen ir hacia atrás. Oscuras aves cruzan mi firmamento. Señor: sé que si estoy con usted, nada me pasará. ¡Protéjame!

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