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Jueves 23 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Nuestros errores

¿Reconoce usted sus errores? Échéle cabeza y recuerde qué pasó cuando admitió, de manera pública, que falló en algo. Si analiza, recordará que en ese preciso momento todo cambió para bien y su sinceridad lo hizo sentirse mejor con usted mismo y con los demás. Incluso, después de aquel error, aprendió a desenvolverse mejor y, más temprano que nunca, retomó su camino.

Jamás debemos acostumbrarnos a vivir dando “palos de ciego”, pues no es bueno que nos equivoquemos en todo momento. No obstante, nos convendría tener presente que cada vez que cometemos un error, en el fondo, descubrimos una verdad que no conocíamos.

Euclides Ardila Rueda
euclidesardila@hotmail.com
Un sabio consejo dice así: se deben aceptar los errores con la cabeza erguida y con la mirada hacia el frente; pero jamás con soberbia.
¡Suena fácil decirlo, pero difícil practicarlo!
¿Acaso existe algún secreto para enfrentar así nuestras ‘embarradas’?
¡Claro que sí!
Debemos hacerlo con la gracia de un niño; jamás con la tristeza de un adulto.
¿Por qué?
Porque nada enseña más que la sinceridad y la espontaneidad de los niños. De igual forma, nada entorpece más que la crítica destructiva de ciertos adultos.
Además, los errores son inevitables, lo que importa es cómo respondemos ante ellos.
Se deben construir todos los caminos posibles, sin importar que en algún momento nos perdamos en tales trayectos.
Alguien reflexionará: “no es fácil cargar con los errores”. Y tiene razón, pues eso es muy duro.
Sin embargo, se debe tener presente que asumiendo los errores también podemos llegar a algo en la vida, siempre y cuando los reconozcamos, los memoricemos y, en la medida de lo posible, no los volvamos a repetir.
También es clave ser nobles. Porque el error más grande en la vida es no pedir perdón cuando fallamos.
El terreno del mañana es incierto para los proyectos; y el futuro, por lo general, tiene la fea costumbre de caer en el vacío.
Así las cosas, si se actúa hoy y, por algunas situaciones de la vida se cometen ciertos errores, ¡no importa! Hay que mirar hacia el frente.
Una última recomendación: aunque debemos ratificar que cuando erramos tenemos que levantarnos, nos convendría antes de ponernos de pie quedarnos un rato sentados en el suelo observando lo que nos pasó, entre otras cosas, para tener la fuerza suficiente como para no volver a estar en el piso. ¿No le parece?

No Juzgue
Lleva años construir confianza y apenas un segundo destruirla. No juzgue a los demás, porque usted también hace cosas de las que se arrepiente el resto de la vida.

Brinde ayuda
Jesús siempre se adelantó a hacer favores antes de que la gente se atreviera a pedírselos. Multiplicó
los panes y para ello no necesitó de que alguien se lo solicitara. También resucitó al hijo de la viuda de Naim, sin que ella le hubiera dicho nada. ¿Es usted de los que abre sus manos para hacer favores?

Cuando vamos tras una meta, sobre todo cuando ella es grande, es probable que en el camino hacia ella demos pasos equivocados. ¡Tranquilo! nadie consigue lo que se propone de primera. Por lo tanto, hay que estar preparados y asumir los errores con la tranquilidad de que podemos enmendarlos y recomenzar.

El ejemplo
No importa qué es lo que usted tenga, sino a quién tiene en la vida. Y lo mejor es el ejemplo que se les da a esos seres queridos.
¿Alguna vez se ha planteado propósitos y deseos de ser bueno? ¿Se ha dado cuenta de que cuando se plantea cambiar algunas actitudes, al rato vuelve a sus malas inclinaciones?
Si eso es así, ¿Por qué pretende que los demás sean buenos, si usted ni siquiera ha tenido fuerza de voluntad para darse ejemplo?
En ese orden de ideas, se puede decir que hay padres que no le enseñan a su hijo a decir todo lo que piensa. También podrían enseñarle que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que debemos ser cautelosos al expresar nuestras opiniones, teniendo en cuenta los sentimientos del prójimo.
Los buenos padres no le resuelven los problemas a su hijo; le enseñan a asumir responsabilidades y a aprender de sus errores. Enséñele a su hijo a evitar los fracasos; pero muéstrele que ellos pueden ser parte del camino hacia el éxito.

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