Los momentos duros, aquellos que nos llenan de oscuridad, nos aportan muchos elementos para adquirir fortaleza y madurez.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
¿Hasta el momento ha vivido una ‘semana de perros’? Échele cabeza y respóndase por qué le ocurre eso. Muchas cosas le pasan porque usted mismo propicia que ellas sucedan.
Por otro lado, tenga claro que somos vulnerables. Nadie está aislado del dolor o de la tristeza; y con menor o mayor grado, nos toca transitar por la vida con ciertas angustias.
Siempre hay pruebas, dificultades, depresiones o tiempos asfixiantes. La clave consiste asumir con entereza todo lo que le llega a su vida.
Porque cuando vivimos episodios difíciles, hay momentos en los que, sin saber el por qué, nos sentimos como atravesando por interminables desiertos.
Muchos problemas nos golpean una y otra vez, tal y como lo hacen los vientos cálidos y secos. Es como si se tratara de una cadena montañosa que no permite el paso del sol ni de las nubes.
Es difícil vivir en el desierto: hay muy pocas esperanzas, la temperatura de los problemas es demasiado alta, sin contar que las preocupaciones nos hacen perder la fe. Tambalea nuestro estado de ánimo y nos sentimos vulnerables; muchos hasta sienten que pueden morir.
Dicen que esas horas o días desérticos, por llamarlos de alguna forma, muchas veces son ‘necesarios’ para probarnos y medirnos. Sobre todo porque cuando nos invaden dichas angustias, comprendemos que el camino es menos difícil si estamos agarrados de la mano de Dios.
Las vidas de muchos se ven afectadas por las resequedades del alma; y no nos referimos solo a las de esos santos que están en los altares, sino también a las de las personas comunes y corrientes.
Las vicisitudes, unas más fuertes que otras, nos permiten aprender y crecer.
¿Qué hacer?
El primer consejo que debemos tomar es el de enfrentar esta etapa árida de nuestra vida, teniendo siempre presente que Dios no nos da cargas más pesadas de las que podemos soportar.
Él nos manda que asumamos retos; que miremos para el frente; y que le imprimamos a cada cosa que nos pase tesón, decoro y, algo que escasea por estos tiempos: sencillez.
Si advertimos un problema, podemos comprender que esa angustia es al mismo tiempo una palanca para poder avanzar en nuestra formación como personas.
Alguien dirá: “nos conviene huir de los problemas”. ¡Eso puede ser cierto! pero también es preciso tener presente que, cuando nos veamos con ellos ‘cara a cara’, es mejor enfrentarlos.
Más allá de las adversidades, decidamos triunfar. Si no tomamos esa decisión, la vida en esa fase desértica nos resultará más dramática.
En medio de estos momentos que nos quitan la tranquilidad, es indispensable ser fuertes.
La esencia del asunto radica en sobreponerse y alcanzar una felicidad que, a decir verdad, solo está dentro de nosotros mismos.
HISTORIA
Alguien abrió una cuenta en una corporación financiera creyendo
que la felicidad le iba a llegar cada mes en el extracto bancario. Imaginó que los momentos felices de su vida se podían comprar, y más temprano que tarde descubrió que con plata no se arreglan todas las cosas. Con dinero usted puede acceder a lo material; pero las nueve letras de la “felicidad” no llegan en el saldo final.















