Espiritualidad
Jueves 10 de mayo de 2012 - 12:00 AM

Un ‘pero’ para cada cosa

Hoy escribimos sobre las disculpas que nos inventamos para no asumir nuestras responsabilidades. Muchas de ellas, en el fondo, solo son parapetos que nos inventamos para no arriesgarnos a actuar.

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

La palabra ‘pero’ es tal vez una de las más odiosas del diccionario. Y no es solo porque signifique “oposición” o “restricción”, sino porque además ese término frena cualquier idea.
Con frecuencia vivimos rodeados de personas que le añaden un ‘pero’ a todo lo que afirman. Incluso, usted mismo asume esa fea costumbre.
El ‘pero’ tiene un sinónimo: la excusa. Sin saber porque, hay una disculpa para no actuar.
Es una lástima que eso ocurra, ya que el ‘pero’ imposibilita, obstaculiza y nos ayuda a levantar esa barrera que nos impide conquistar nuestros sueños.
El ‘pero’ del que hablamos en esta página se puede asemejar a la trampa de una comodidad falsa que, al final, nos deja aburridos.
Quienes persisten en tener un ‘pero’ para todo, jamás progresan. ¿Por qué? porque se quedan atornillados y evitan correr el más mínimo riesgo.
Si la vida nos parece aburrida y las metas se tornan algo difíciles de alcanzar, de entrada deberíamos eliminar de nuestro léxico la palabra ‘pero’.
Deberíamos analizar que si hay personas condenadas a morir, que tienen sus días contados y, a pesar de ello, viven al máximo; por qué nosotros buscamos excusas para no vivir.
Nos la pasamos bostezando y les plantamos un ‘pero’ a cada reto que, en últimas, nos sumerge en un tedio del que solo nosotros somos los responsables.
Para lograr nuestros objetivos, nos corresponde ‘sacarles el quite’ a los ‘peros’ que nos inventamos.
... Si somos veteranos, no le demos mucha importancia a los años que tengamos para que no aparezca el ‘pero’ de la edad.
 ... Si hay gente que habla mal de nosotros, no nos fijemos en esas necias palabras, para que no aparezca el ‘pero’ de la calumnia.
... Si algo malo nos pasa, levantémonos y miremos hacia el frente, para que no aparezca el ‘pero’ de la desesperanza.
Desterremos el ‘pero’ y contagiémonos de lo ‘posible’. Al actuar así, atraeremos lo mejor para nosotros. Si amamos, alguien nos amará; si les brindamos la mano a quien nos la pide, más pronto que tarde alguien nos extenderá el brazo para que nos apoyemos en él, en fin...
Recuerde que para tener éxito, debemos dedicar todo nuestro corazón a un sano ideal, sin tener la menor duda de que lo lograremos.  
Además, si tenemos fe en ese objetivo y trabajamos por conseguirlo, no habrá ‘pero’ que valga.

¡Actúe!
¿Es usted de los que solo hablan o de los que actúan?
Si se atreve a buscar altos ideales, duplicará sus fuerzas para lograr alcanzarlos.
Está comprobado que las metas nobles son un aliciente para el espíritu y motivan al ser humano a dar lo mejor de sí.
Logro lo mejor, cuando tengo una firme confianza y persigo los objetivos con decisión.
No puedo vencer si rondan en mi mente pensamientos como estos: “No puedo”, “Es muy difícil”, “Imposible”. Lo que necesito es una mente positiva y un corazón animoso.

Ojalá
¿Alguna vez ha escuchado hablar a los niños de lo caro que está la vida, de la inseguridad, del desempleo, del mal tiempo, de la congestión vehicular o de la contaminación ambiental?
Ellos nunca hablan de esas cosas. Para ellos, todo es posible. La muchedumbre de ensueños que se despiertan en los pequeños, solo nos trae buenos deseos.
Ellos, antes que un ‘pero’, encuentran un ‘ojalá’ para ser felices. Esa interjección, cuando se tienen grandes sentimientos, trae consigo notas positivas.
Por ejemplo: si usted algún día tropieza, ojalá se levante como lo hacen los niños; es decir, enseguida y sin vergüenza.
… Ojalá usted dibujara como un niño porque, más allá de los mamarrachos que haría, su trazado dejaría ver la transparencia de su vida.
… Ojalá usted tuviera la mirada de un niño, porque sería un hombre transparente y puro.
… Ojalá tuviera la ilusión de un niño, porque llegaría a ser tan grande como él.
… Ojalá celebrara su cumpleaños y decorara su cuarto como un niño, porque llenaría sus sueños de alegrías.
… Ojalá tuviera los amigos que tienen los niños, porque jamás les exigiría a ellos que fueran mejores que usted.
… Ojalá le pidiera a Dios de la misma forma como oran los
niños, porque entendería que Él nos escucha a todos por igual.

Serenidad
Si se enfrenta a una seria dificultad, serénese y estudie con tranquilidad los factores que enredan su situación. Pensando con detenimiento los hechos y analizándolos, descubrirá pistas para la solución. Déjele al tiempo que le ayude a arreglar sus asuntos. Los años enseñan a dejarle las soluciones a las horas, antes de obtenerlas de manera inmediata. ¡Claro! no deje de encomendarle a Dios todos sus afanes y proyectos; verá que con Él se le cumplen sus buenos deseos.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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