
En la vida hay personas, cosas y situaciones que llegan y van. Y con relativa frecuencia, las que parten son las que más nos causan dolor, nostalgia y tristeza.
Nos haría bien hacer un curso para aprender a “dejar ir” a quien decide partir o para lograr desapegarnos de cuanta cosa material guardamos.
La verdad es que casi no sabemos soltarnos de nada ni de nadie. Les ocurre a los padres, quienes no quieren dejar partir a sus hijos; ni siquiera cuando logran caminar por sí solos.
Otros no se atreven a emprender el vuelo, pese a que sienten fortalecidas sus alas.
Hay quienes no se despojan de los recuerdos y se quedan esclavos del ayer. Se la pasan diciendo que desean vivir intensamente el presente y nunca se lanzan. Total: jamás conquistan el futuro.
Cuando fallecen los seres queridos, varios dolientes quedan inmersos en duelos eternos, llevando flores a los cementerios; al punto que casi quieren quedar sepultados con sus fallecidos parientes.
Es cierto: algunos pasan la vida cosechando resultados; otros se la pasan recogiendo consecuencias.
¿A qué grupo pertenece usted?
Habría que decir que las ideas, las programaciones y los hábitos nos hacen apegarnos demasiado a todo. Deberíamos desistir de esos viejos esquemas que no nos dejan avanzar. No se trata de rasgarse las vestiduras, ni de rebelarse contra el mundo; es solo cuestión de soltarnos.
Es hora de aquirir conciencia y asumir que debe cambiar en ciertas cosas que lo atan.
¿Siente que debe “dejar ir” algo y no sabe cómo hacerlo?
Usted tiene dos armas válidas.
1a. Puede hacer ejercicios de olvido e imaginar su mundo sin esos apegos. Pensar en ello, arroja muy buenos resultados.
2a. Tenga fe en la ayuda del Creador. No se mueve ni una rama de un árbol sin que Dios lo permita.
La estrategia radica en soltarse, no en agarrarse. Además, el futuro consiste en escalar y mirar la estadística de la vida como un crecimiento espiritual. Ojo: el mundo no es lo que esperamos, sino lo que hacemos con él.
¡A madrugar!
Si no le madruga a hacer realidad sus sueños, la “muerte súbita” lo sorprenderá. C con relativa frecuencia nuestros sueños languidecen en las nieblas de la pereza. No se sabe por qué, pero nos hemos acostumbrado a diferir para mañana esas opciones que la vida nos pinta hoy.
Cuando la pereza invade a nuestro cuerpo, la sangre del mismo corre con menos fuerza. Es ahí cuando nos quedamos plantados en el ayer, esperando un ‘mañana’ que nunca llegará.
La lección
¿Perdió? ¡Aprenda la lección!
Si apuesta y tras una ‘estrellada’ comprueba que ‘por ahí no era’, no insista; no siga ese trayecto. De nada sirve apostarle a la necedad.
Tenga presente que todavía hay muchos caminos por recorrer.
¿cuál es la actitud?
A veces tenemos tantas personas con las que ‘no congeniamos’; o personas cuya mera presencia nos ‘incomoda’, porque no piensan de la misma manera que nosotros.
¿Cómo son nuestras actitudes ante ellas?
¿Qué hacemos con ese hijo que no cumple con nuestras expectativas o con ese empleado que no acata sus deberes como esperamos?
¿Cómo nos comportamos con esa pareja que ‘nos falla’?
La clave con esos seres no está en reprocharles, sino en tener la sabiduría y el tacto para encontrar las palabras precisas y saber cómo hacer para que las relaciones no se deterioren aún más.
Como el violín
La melodía que nos regala ese instrumento musical de cuatro cuerdas, templadas de quinta en quinta, se produce cuando el violín es tocado con un arco. Al igual que él, la vida también necesita de un ‘toque secreto’ para producirle la mejor tonalidad.

