Para no alejarnos de nuestras metas, nos corresponde cultivar una actitud optimista ante la vida; incluso más allá de que todo se nos esté yendo al piso.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
En ciertos momentos nos sentimos perdidos. Algo nos deja ciegos y, sin saber de manera exacta el ‘por qué’, nos desviamos de nuestros sueños e incluso de nuestras propias vidas.
¿Son episodios de desánimo? ¡Tal vez!
¿Son momentos de confusión? ¡Es probable!
Sin embargo, es algo más; es un acto de desconfianza con nosotros mismos.
Abandonar nuestra fe para arrojarnos a la deriva y caminar como ‘topa tolondra’ puede resultar más peligroso de lo que podríamos imaginar.
Hemos de saber que si eso nos ocurre, nos corresponde encender las alarmas.
¿Por qué?
Porque si perdemos la fe, Dios no podrá influir en modo alguno para ayudarnos.
Mejor dicho: si no creemos, no podemos.
Si tenemos confianza, podremos esperar con firmeza y seguridad. En cambio, no tenerla es un pasaporte a experimentar palabras que nos dejan pendiendo de un hilo; hablamos de incredulidad, descomposición, abatimiento, tristeza o depresión.
Perdone que insista en el planteamiento; pero si nos pasa algo así, debemos lanzar un S.0.S. espiritual.
¿Cuál es la salida?
Empecemos por hacer “pequeñas cosas” que nos abran el camino hacia la fe. Echémosle una mirada al ayer para recordar qué era lo que hacíamos y qué nos llenaba de confianza.
A lo mejor hemos dejado de un lado la disciplina, la perseverancia o las ganas de seguir; y nos hemos quedado estampillados en los fracasos.
Nuestra confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones que ejecutemos. Son los hechos, no las palabras, las que nos llevan a creer.
Con los buenos ejemplos podremos dejar huellas en este mundo; además, nos servirán para recuperar la confianza en nosotros mismos y en los demás.
Si no cumplimos con las cosas que nos prometemos hacer, jamás podremos alcanzar ninguno de nuestros anhelos.
Debemos crecer y la confianza es una gran herramienta para lograrlo.
Y recuerde que crecer implica un gran esfuerzo de nuestra parte: requiere compromiso, más consciencia y, sobre todo, corregir los errores para recomponer el trayecto. ¡Comience desde ya!
CONFÍE MÁS EN DIOS
¿Hasta cuándo vamos a dejar que Dios esté por fuera de nuestros asuntos?
Recordemos que si se lo pedimos, Dios siempre tomará nuestras angustias en sus manos y nos cobijará con sus brazos.
¡Qué tal si hacemos el siguiente ejercicio!
Imaginemos, de manera hipotética, que hoy le firmamos un cheque en blanco a Dios.
Ahora pensemos que ese ‘título valor’ es el pago que le daremos por las cosas buenas que Él nos está preparando.
Las obras del Creador son buenas y no tienen precio. Por eso no nos desanimemos si las cosas no nos llegan de una. A su debido tiempo sabremos que todo lo que nos pasa en la vida, ha sido conveniente y útil.
El corazón, y no la razón, es el que siente a Dios.
No son las circunstancias del tiempo, sino la forma como se afrontan los temporales, las que garantizan nuestro bienestar.
La lluvia cae como algo que se deshoja; pero así llueva toda la noche, el agua refresca la tierra que pisamos.
Así Dios nos parezca mudo y pensemos que no trata de arreglarnos las cosas; en cada paso de nuestra vida, siempre veremos la amistosa cara del Creador.
LA FELICIDAD
La felicidad es algo que usted decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende en cómo esté arreglado el lugar; depende en cómo yo arregle mi mente. Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme.
Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el día en cama enumerando las difi cultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan; o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que sí funcionan.
Cada día es un regalo. Por eso la vejez es como una cuenta bancaria: se extrae de lo que se haya depositado en ella. No olvide depositar una gran cantidad de felicidad en la ‘chequera’ de sus recuerdos.
PETICIÓN DIVINA
En el silencio de este día que nace, vengo a pedir paz, sabiduría y fuerza.
Hoy quiero mirar el mundo con los ojos llenos de amor; ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.
Debo cerrar mis oídos a toda murmuración, guardar mi lengua de toda maledicencia; y que solo los pensamientos que bendigan, permanezcan en mí.
Quiero ser tan bien intencionado y justo, que todos los que se acerquen a mí, sientan la presencia Divina.
Le pido a Dios que me revista de su bondad y permita que durante este día yo refleje la paz que llevo por dentro.
SINGULAR HISTORIA
La gallina preguntaba al cerdo: ¿Por qué mientras que yo canto al regalar un huevo para que la gente se alimente, usted chilla cuando entrega su tocino?
Y el cerdo le respondió:
“Usted regala lo que le sobra, mientras que yo para proporcionar el alimento que les doy, tengo que entregar al mismo tiempo mi vida”.
Reflexión: usted puede regalar lo que quiera, pero no por encima de sus necesidades.















