
La letra de una vieja canción del artista Diego Verdaguer le preguntaba a usted qué haría “si pudiera con experiencia recomenzar”.
¡Pues bien! aferrado a ese cuestionamiento, hace poco se le planteó tal inquietud a un buen número de personas.
¿Qué respondieron?
Antes de conocer los resultados, redacte en las siguientes líneas qué haría si pudiera devolver el tiempo:_________
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Si ya contestó, analice los porcentajes de las respuestas que se encontraron en dicha encuesta.
El 30% de las personas entrevistadas dijo que cambiaría su forma de ver la vida; el 20%, su autoestima; el 15%, su carácter; el 13%, su infancia; el 10%, cambiaría su pareja; el 7% no trabajaría en la empresa en donde está en la actualidad; y solo el 5% habló de que dejaría todo “tal cual”.
¿En cuál de esos porcentajes está su respuesta?
Es posible que se identifique con varias de las respuestas emitidas. Sin embargo, sorprende que tanta gente, previa reflexión, le apueste a cambiar su forma de ver la vida; y que un porcentaje, muy pequeño por cierto, valide lo que ha hecho hasta el momento.
Es extraño el resultado, si se tiene en cuenta que existen muchas personas que no son conscientes de lo que equivocados que están. No obstante, cuando reflexionan qué cambiarían, no vacilan al decir que no les gusta como se ven.
No es un asunto de vanidad, es algo más. La forma equivocada como nos vemos la mayor parte de nuestro tiempo es, sin lugar a dudas, una de las principales barreras para truncar nuestros sueños.
Nos cuesta entender que la vida no está condicionada por una lógica matemática. Deberíamos entender que hay factores que se escapan a nuestro control, no por el azar, sino por la forma como vemos las cosas que nos pasan.
Hay quien aborda las situaciones como “asuntos de vida o muerte” y, tal vez por eso, se condenan a morir en vida.
Esa es la razón por la que algunos, a pesar de tenerlo todo, se sienten tristes y deprimidos.
El tema es de actitud, de la forma como usted aborde un problema y, sobre todo, de la manera como se vea frente al espejo.
¿Quiere un ejemplo?
A veces usted tropieza y ve ese traspié como algo terrible, al punto que se queda quieto. Debería analizar que, a lo mejor, ese pequeño mal paso, solo le impidió una gran caída más adelante.
A veces los primeros resultados de la vida lo engañan y lo frenan.
Usted es lo que desea hacer, y ese querer es su voluntad. Y lo mejor es que su voluntad es lo que hace con su vida.
¿Quiere bajar de peso?
No necesita tener una “fe ciega”, ni inventar nada; ni mucho menos arriesgarse a morir preso de dietas absurdas, tal como les ocurre a los anoréxicos. Solo busque un camino sencillo que les haya servido a muchos, y de ese modo sepa que si ellos pudieron usted también podrá.
No convierta su vida en “intentos”; haga de ella una realidad y vea esa realidad, tal cual es. No agrande las cosas, ni las vuelva una tragedia.
Si realmente entiende esto, habrá recorrido la mitad del camino del éxito, en cualquier cosa que se proponga.
Por último, le convendría tener presente que el mundo es como usted es: si es complicado, su entorno es complicado; si usted es simple, pues sencillamente su vida es así de simple. ¡Reflexione sobre ello!
¡Encuéntrele sentido a su vida!
Jhon Alexánder estudió para ser alguien en la vida: se graduó en la universidad, consiguió un trabajo y hoy tiene una novia con quien piensa formalizar un hogar. Inexplicablemente, Jhon Alexánder sostiene que está “aburrido con la vida”.
A Sofía, una trabajadora que lleva 9 años en una importante empresa, la acaban de despedir por el tema aquel de la “crisis económica” que muchos se han inventado. ¡Por supuesto, Sofía está decepcionada!
Los anteriores son dos casos distintos, pero tienen un común denominador: el aburrimiento con la vida.
¿Cuántos de ustedes no tienen motivos más poderosos que Jhon Alexánder o que Sofía para estar así?
Seguro están sin un peso en el bolsillo; de pronto, están de duelo por la muerte de un familiar, o padecen una penosa enfermedad.
Sin embargo, más allá de antídotos tan claves como el empleo, el dinero o, incluso, la misma salud, hay una explicación que reúne todos los aburrimientos posibles de la vida. Nos falta contagiarnos de ganas de vivir para encontrarle sentido a lo que hacemos.
Así, por ejemplo, el Jhon Alexánder de nuestra historia hace lo que su padre le aconsejó, formarse como administrador; y Sofía se la pasó toda su vida trabajando. Sin embargo, los dos están impregnados de la rutina. Aunque van por los caminos correctos, al menos por las sendas que manda la disciplina, no le han encontrado sentidos a sus vidas.
A decir verdad, no hay que hacer muchas cosas para encontrarle una buena ruta a su mundo; al menos no unos trayectos distintos a los que usted hace en su vida diaria.
La clave está en el amor con el que haga las cosas. Usted puede ser el embolador más pobre del mundo, pero si lustra las botas con cariño, le encuentra sentido a su oficio.
Por eso, hay que ver las cosas de una manera distinta. No es cuestión de magia, ni de palabrería: “es cuestión de tomar las duras realidades que le ofrece la vida y convertirlas en retos para crecer”.
No hay por ahí ninguna receta o ningún libro que le dé la solución a sus problemas; esta página, por ejemplo, no es para ello.
¿Sabe por qué?
Porque la solución está en usted mismo. Y la respuesta es así de fácil y sencilla: ¡sea feliz!

