Viernes 24 de Octubre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 30 de Agosto de 2012 - 12:01 AM

Lo que hay dentro de nosotros

Nos conviene hacer una limpieza y ‘purgarnos’ para expulsar tanta basura que acumulamos en nuestra mente.

Los médicos sostienen que muchos de sus pacientes no siempre padecen males físicos. Las ‘enfermedades’ que los acompañan están asociadas más a sentimientos de tristeza o de desaliento.
¡Claro! tales síntomas son los que, al final, repercuten en sus estados de salud e incluso pueden llegar a ser más destructores que el cáncer.
Y no hay que ser médico para creer en esta clase de diagnósticos. Con relativa frecuencia no estamos enfermos, lo que nos pasa es que nos sentimos aburridos, decepcionados, cansados o defraudados con nosotros mismos.
¿Qué tenemos por dentro?
¡Mugre!
Sí, convertimos nuestras mentes y nuestros cuerpos en los recipientes de todas las cargas negativas que nos llegan. Hablamos de los chismes, las mentiras, las cizañas, los resentimientos y, en general, toda esa basura que termina anidada en nuestro ser.
Filmamos tremendas películas, al punto que producimos un cine de espanto y allí armamos la ‘habitación de nuestra mente’: recordamos las cosas ingratas, pensamos en todo lo que nos molesta y, lo que es peor, lo vamos repitiendo en nuestra memoria.
Es increíble, pero en la mayoría de los casos, esos recuerdos son solo de cosas que no poseen la gravedad que imaginamos.
Después, todas esas ‘bacterias’ afloran y nos debilitan. Es ahí cuando caemos en la depresión y, por supuesto, nos vamos al médico porque “estamos enfermos”.
Lo peor es que, con semejante dictamen, nuestros sueños y anhelos se cambian por pensamientos rancios, tristes, obsoletos y deprimentes.
¿Cuáles son las medicinas que nos sirven para tratar tales dolencias?
Las vitaminas del alma.
¿De qué hablamos?
De unos reguladores del organismo que, si bien no tienen ningún aporte calórico ni mucho menos están consignados en los grandes libros de medicina, son revitalizadores y tienen efectos en nuestros procesos biológicos.
En nuestra vida diaria, nos convendría tomar una buena cucharada de vitamínicos espirituales; al menos para ver la vida con más entusiasmo.
¿Suena fácil decirlo, pero muy complicado aplicarlo?
Tal vez sí, pero si lo analizamos bien, el tema pasa más por un asunto de actitud que de soluciones mágicas.
No hay que ingerir medicamentos ni aplicarse inyecciones, basta con no dejarse contaminar de ideas negativas, de frustración, de soledad o de baja autoestima.
Por ejemplo, no nos dejamos sumergir en habladurías ni en suposiciones.
Además, hay que tener presente que a nuestra vida, tal como pasa con las naranjas o con las toronjas, hay que sacarles hasta el último zumo que nos regala.
Su jugo es el néctar de la vida.
Los tragos se vuelven amargos cuando dejamos que las frutas se pasen de maduras y, al mismo tiempo, nuestra vida se desperdicia cuando nos preocupamos por bobadas o caemos en los eternos vicios.
Y si el asunto, más allá de la basura, está asociado a un problema, nos corresponde poner nuestra fe a prueba.
Aún las más pesadas montañas de dificultades pueden ser removidas por quien se arrodilla con fe, pide ayuda y ora invocando auxilio de lo alto. ¡Hágalo y verá los resultados!
Eso sí, cuando eso ocurra, no olvide arrodillarse también para darle gracias a Dios por escucharlo.

Una bella historia
Un vendedor de globos alternaba los colores de sus bombas para exhibirlas: primero el blanco, luego uno rojo, después el azul, en fin… De esta forma, lograba que los pequeños se interesaran más en su mercancía.
Un día cualquiera, un pequeño niño, de raza negra, miró al comerciante a los ojos y le preguntó:
- “Señor, si suelta un globo negro, ¿subiría?”
El vendedor le respondió:
- “Hijo, lo que los hace subir es lo que está adentro de ellos, no el color de la piel”.
El niño tuvo la fortuna de encontrar a una persona que veía no solo con sus ojos.
La persona que puede ver con el corazón, también puede alcanzar a tocar el espíritu dentro de otro ser humano y revelar lo bueno que hay en su interior.
Moraleja: Lo que está dentro de usted es lo que lo hará subir.

Sus obras
Hacia el lado al que el árbol esté ladeado, hacia ese lado se verán sus obras. Si alguien está inclinado hacia las cosas buenas, llenará sus días de grandes momentos; pero si se inclina por los vicios, terminará ‘embadurnado’ de miseria.

La cadena
El estómago y los pies discutían sobre su fuerza. Los pies repetían a cada momento que su fuerza era de tal modo superior, que incluso llevaban al estómago; a lo que éste respondió:
- Amigos míos, si yo no les diera el alimento, no me podrían llevar.
Veamos siempre con atención dónde se inicia realmente la cadena de sucesos. Demos el mérito a quien realmente es la base de lo que juzgamos.

RENCORES
Si fijamos la memoria en personas y en hechos que nos hicieron sufrir, nuestra mente se convertirá en una
fabricante de películas desagradables y tormentosas; las cuales se repetirán de manera interminable sin producir utilidad alguna.
Por eso, no hagamos planes contra aquellos que nos
hicieron mal.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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