Sábado 19 de Abril de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 08 de Noviembre de 2012 - 12:01 AM

El enfoque

El enfoque
No pierda el enfoque de su entorno. Si se deja absorber demasiado por los problemas de su vida y no define bien la meta, se arriesga a olvidar cuál es la luz que lo guía.

Debemos definir un punto específico y, sobre todo, situarnos a una distancia determinada para que las personas que vayamos a fotografiar aparezcan nítidas y con buen detalle.
¡Pues bien!
No necesitamos ser fotógrafos para entender que a la hora de obturar cámaras, el enfoque es fundamental. Entre otras cosas porque, una vez definimos el objetivo, adelante y atrás de ese punto todo se verá borroso o fuera de foco.
Nunca he sido reportero gráfico ni pretendo serlo a estas alturas. Sin embargo, siempre he creído que en nuestra vida diaria, a veces, el problema es de “enfoque”.
Con relativa frecuencia no sabemos para dónde vamos ni dónde estamos parados; tampoco comprendemos qué es lo que queremos en realidad.
El enfoque nos ubica: si somos optimistas podemos estar ‘bastante cerca’ para tomar la foto; en cambio, si somos pesimistas estaremos ‘muy  lejos’.
Y la verdad es que con todo este asunto de las cámaras digitales, en nuestro moderno mundo nos hemos acostumbrado a que el enfoque sea automático. Solo que, en la vida real, el asunto no es así de fácil.
Porque cuando presionamos el obturador de la cámara, después de unas fracciones de segundo, nuestros ojos nos hacen ver borroso todo lo que nos rodea.
Para que algo en la vida salga bien, requerimos de buena luz,  de  un poco de color y de texturas para lograr la foto ideal. Tal registro no será otra cosa que el cuadro que captará nuestro diario vivir.
Podemos darnos cuenta de lo maravillosa que es nuestra vida cambiando el enfoque de las cosas.
Por ejemplo: hay que ser prácticos y aceptar con entereza las situaciones que nos corresponda afrontar.
Estamos desenfocados cuando nos la pasamos quejándonos de una desgracia pasada. ¿Por qué? Porque dicha lamentadera lo único que hace es provocarnos otra situación adversa.
A muchos nos convendría consultar a un fotógrafo profesional para hacer con él un “curso de enfoque”; entre otras cosas, porque nos acostumbramos a no ver más allá de las narices.
Lo que no se enfoca queda mal hecho. Nos corresponde aprovechar los momentos de una forma sana para ser hombres “fotogénicos”.
¿Nuestro mundo es una desgracia o es una maravilla? ¿Solo vemos problemas o encontramos en ellos oportunidades para crecer? ¿Presumimos algo que no somos o, por el contrario, somos tal cual? ¿Sabe mos por qué estamos en el sitio en donde nos encontramos o hace rato que nos perdimos? Las anteriores preguntas son indicadoras de qué tan enfocados nos vemos. ¡Respondámoslas ya!
  Mejor dicho, ¡es hora de buscar el enfoque de la vida!

Ver la vida con otros ojos
La visión de su vida es perfecta cuando aprecia las cosas con mayor claridad. Si su percepción está alterada, al final ve algo que no es exacto ni real.
Ponga a prueba esta teoría y vea dónde está parado en la actualidad. Busque un papel con una impresión pequeña. Vea las palabras de frente, y luego gire su cabeza al costado hasta que pueda leer las letras pequeñas.
Mueva su cabeza hacia uno y otro lado hasta hallar la mejor posición para leer la impresión perfectamente.
¿Está de frente o de costado?
Ese ejercicio, que es muy práctico entre los oftálmologos, le caería muy bien para saber qué tan nítidas están las cosas de su vida.

Fábula
Había una zorra que nunca había visto un león. Un día se encontró delante de la real fiera, y como era la primera vez que le veía, sintió un miedo espantoso y se alejó tan rápido como pudo.
Al encontrar al león por segunda vez, aún sintió miedo, pero menos que antes, y lo observó con calma por un rato.
Al verlo por tercera vez, se envalentonó lo suficiente hasta llegar a acercarse a él para entablar una conversación.
Moraleja: en la medida que vaya conociendo algo, así le irá perdiendo el temor. Pero, siempre mantenga la prudencia adecuada.

Un chiste para reflexionar
Un pequeño ratón se subió al bus y de pronto el automotor se varó. El conductor le gritó al ayudante:
¡Traiga el gato! …  Y el ratón, que sufría del corazón, se murió del susto, pues le dio un infarto.
Ese es un chiste flojo; pero si lo analiza bien, notará que el pequeño relato nos sirve para dibujar la ‘mano’ de temores tontos que llegan a nuestra vida.  ¿Es usted como el ratoncito que se asusta con un gato hidráulico?

EN LA JUSTA MEDIDA
¿Sabía usted que la pauta para la anchura de las vías de trenes en el mundo es de 1.43 metros?
¿A qué viene ese dato?
Es que así se construían tales rieles en Inglaterra, donde inicialmente se usaron las mismas medidas de los tranvías.
Siempre se seguían las medidas de los carros de guerra romanos, los cuales fueron hechos con la anchura indispensable para acomodar los traseros de los dos caballos de guerra que tiraban de ellos.
Eso de hacer las mismas cosas del ayer, puede ser una torpeza. Cuando hablamos de ‘nuestras repetidas formas
de vivir’, solemos referirnos a conductas que adoptamos por hábito, cayendo en la peligrosa y aburrida “costumbre”.

EN LAS MANOS DE ÉL
Póngase en las manos de Dios. Tenga la convicción de que ahora mismo está recibiendo de Él todos los poderes que necesita y sienta su gran bendición. Recuerde que no se mueve una gota sin la Voluntad Divina.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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