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Viernes 16 de Noviembre de 2012 - 12:01 AM

Dios en nosotros

Nos corresponde tener calma y apreciar todo lo positivo que nos traen las situaciones que ocurren a nuestro alrededor.
Dios en nosotros

¬ŅAlguna vez se ha preguntado por qu√© a las personas buenas les pasan muchas cosas malas?
¬ŅY por qu√© ser√° que varios de los que act√ļan de mala fe, en m√°s de una ocasi√≥n, terminan gozando de sus fechor√≠as?
La cosa se complica cuando somos nosotros los que afrontamos tales vicisitudes. En ese orden de ideas, el asunto da m√°s rabia.
¬°No es para menos!
Ante tanta inequidad, nuestro estado de √°nimo toca fondo. Por eso, estimulamos nuestra sed de justicia y nos atrevemos a juzgar; hasta maldecimos por todo lo que nos ocurre.
- Dios m√≠o, ¬ŅPor qu√© me pasa eso a m√≠ que soy tan bueno?, le reprochamos.
Es en esas circunstancias cuando consideramos, de manera errada, que Dios debe estar castigándonos por alguna razón.
Si aprendemos a ‚Äėleer‚Äô con profundidad la vida, comprender√≠amos que todos los acontecimientos traen consigo mensajes de crecimiento que, en definitiva, nos sirven para madurar.
Hemos de saber que nadie vino a este mundo a sufrir y que el Creador ni nos ha abandonado, ni mucho menos nos tiene aislados de sus asuntos. Es probable que seamos nosotros quienes hayamos decidido no tenerlo m√°s en cuenta.
Sin importar qué tan abatidos estemos por alguna situación que nos haya ocurrido, recordemos las promesas de Dios.
√Čl siempre nos dar√° la  mano, la fortaleza y la direcci√≥n necesarias para recomponer el camino.
Es más, a veces sin la fe suficiente, Dios comienza a obrar en la solución de nuestros problemas mucho antes de que nosotros invoquemos su ayuda.
La realidad es que Dios est√° entre nosotros y para nosotros; √Čl no est√° en contra nuestra, ni mucho menos es quien permite que a las personas buenas les ocurran cosas malas.
Cuando escudri√Īamos en lo espiritual, nos animamos a preguntarnos acerca de nosotros mismos, de qui√©nes somos, de cu√°l es nuestra naturaleza y de nuestro papel en la vida, hacia d√≥nde vamos y cu√°l es nuestro compromiso con las personas que nos acompa√Īan.
¬°Tales inquietudes nos acercan a lo divino!
Para ver la luz que Dios nos dio, hay que indagar en nuestro interior... No debemos buscar afuera a los responsables de todo lo malo que nos pasa.
Si encontramos la luz que Dios nos obsequia cada día, muy pronto notamos que somos capaces de iluminar a los demás y, por ende, podemos seguir adelante.
Sí, es cierto que siempre aparecen situaciones difíciles. Sin embargo, las soluciones a esos momentos se logran si los asumimos y los enfrentamos con dignidad.
Con la energía de la fe y las alas de la esperanza, seremos capaces de enfrentar los obstáculos.
 Cuando nos animemos a elevar nuestros pensamientos y nos arriesguemos a volar, as√≠ el viento est√© en contra, nada nos detendr√°.
¬°Es hora de confiar en  Dios!  √Čl no permitir√° que las pruebas nos aniquilen y, en cambio, nos dar√° aliento para seguir.
Todo lo permite el Se√Īor para obtener buenos fines. Y a√ļn si al malo le permite que exista, el d√≠a menos pensado sabremos por qu√© ese ser tuvo la oportunidad de hacer tanto da√Īo.

LA TRISTEZA NO ALIMENTA
¬ŅVive triste? ¬ŅPor qu√©?
El triste, ese que se la pasa apesadumbrado por todo lo que le pasa, es como aquella piedra que se nos mete en el zapato y que impide que lleguemos m√°s lejos.
Es mejor ver la vida con alegría. Ella aclara un semblante inexpresivo y apagado y lo deja ver radiante. Y no hay belleza comparable con la del rostro iluminado por la sonrisa, pues es como una electricidad que se contagia con mucha facilidad.
La tristeza, en cambio, es un disgusto por algo negativo. Mientras vivamos recordando ese mal, nos iremos consumiendo m√°s y m√°s.
Adem√°s, recuerde que la tristeza es demasiado contagiosa y puede da√Īar, de manera peligrosa, a las personas que m√°s amamos.

SI ES PARA UNO… ¡LE GUARDAN!
Cuando Dios no nos concede algo, aunque todos los santos le rueguen, las cosas no suceden.
M√°s all√° de los grandes poderes de la fe, que son inmensos y reales, hay cosas que por m√°s que se pidan, jam√°s llegar√°n. ¬ŅPor qu√©? A lo mejor no est√° en el plan de Dios conced√©rnoslas porque, entre otras cosas, no nos convienen o simplemente √Čl nos tiene preparado algo mejor.

PARA REFLEXIONAR
Cuando los hind√ļes se saludan, se miran en el entrecejo y dicen: ‚ÄúNamast√©‚ÄĚ.
¬ŅEso qu√© quiere decir?
Ellos dicen: ‚ÄúAdoro al Dios que hay en ti‚ÄĚ.
A todos nos corresponde saludar as√≠, viendo esa parte de Dios en nosotros que tiene la sublime misi√≥n, no solo de ‚Äúespiritualizarnos‚ÄĚ, sino de llenarnos de fe para seguir adelante.
Ese Dios en nosotros aviva de manera insistente nuestra b√ļsqueda; pero, lo que es m√°s importante, nos ayuda a seguir haci√©ndolo con una sabidur√≠a superior y trascendental.
Afortunadamente, como dicen los orientales, “cuando
el disc√≠pulo est√° preparado, el Maestro aparece‚ÄĚ.
Es decir, cuando nuestra b√ļsqueda es sincera, √Čl se deja encontrar por nosotros.

Nadie se hace mayor por el simple hecho de crecer en a√Īos, en estatura o en plata; el mayor es aquel que sabe, siente y asume que sirve para corresponder a las responsabilidades que se le encomienden. Por algo dir√°n que los a√Īos son como pelda√Īos.

PERSEVERAR
Debemos perseverar en todas las cosas positivas en las que estemos empe√Īados. Aunque no resulten tan r√°pidas como las hubi√©ramos deseado y se demoren un cierto tiempo prudencial, a la larga todas ser√°n una triunfante realidad, tal como lo hab√≠amos so√Īado. Ese es el secreto que tiene inmerso la perseverancia. ¬°No lo olvide!

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