Martes 2 de Septiembre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 22 de Noviembre de 2012 - 12:01 AM

La brújula de la vida

La brújula de la vida
De nada nos sirve abrir los ojos si estamos en tinieblas; y de nada nos sirve estar en la luz si tenemos los ojos cerrados.

Cuando los problemas están presentes, se tiene la sensación de que el día no termina nunca. Ahora bien, tampoco se puede negar que cuando uno está feliz, el tiempo se pasa tan veloz como un suspiro.
Ha de saber que esas percepciones, al fin de cuentas, son las que le dan sentido a su vida. Porque así sienta que nada le sale bien, la vida siempre lo va a sorprender.
A veces llegan cosas buenas que le traen situaciones plenas; en otras ocasiones no lo son tanto y, en cambio, le dejan un sabor agridulce.
Pase lo que pase, ¡de todo se aprende!
Porque las lecciones de la vida hacen que no se cometa el mismo error o nos evitan tropezar con la misma piedra.
A eso algunos le llaman “experiencia”, otros hablan de “madurez”, y unos más le asignan el epíteto de “destino”. La verdad es que el asunto no es otra cosa que la propia esencia de la vida.
Así las cosas, le corresponde entender que no todo permanece constante. Si no lo cree, mire a su alrededor y notará que lo que ayer era una “certeza”, hoy es una “mentira”.
Muchas cosas pueden tener un cambio de un momento a otro; lo que pasa es que usted jamás se prepara para que esa novedad toque a su puerta. ¡Claro! cuando las cosas le cambian el libreto, usted “se vuelve un ocho”.
Para poder llegar a donde quiere, usted debería tener una brújula interna que le indicara por dónde comenzar a caminar.
Con ella encontraría la serenidad ante sus problemas. Podría calmarse, respirar hondo y pensar con más calma. También descubriría que la solución a cualquiera de sus angustias está en sus propias manos.
No pierda el entusiasmo, ni mucho menos la fe. Esa absurda idea de que usted es el único que padece problemas, es falsa. Muchas veces usted ni siquiera los tiene; solo los cultiva en el pensamiento.
Con la orientación del alma usted aprende a fluir con las circunstancias como el agua de un río que, por encima de las piedras, siempre sabe dejarse llevar por su corriente.

10 sanos consejos
1 Escuche música que incluya tonalidades y letras revitalizantes; ojalá sea clásica o sacra. Dicen que los ritmos de esas melodías nos conectan con la serenidad y nos hacen pensar mejor las cosas. Al mismo tiempo, una buena interpretación llena el vacío de nuestra alma y amaina aquel dolor interior que ningún remedio cura.
2 Los problemas no siempre se solucionan con dinero; eso ayuda a sobrellevarlos, pero no los destierra del todo. Las dificultades económicas se resuelven con imaginación y con creatividad.
3 Sea positivo, observe el lado amable de las circunstancias. Atraiga del optimismo como un imán. Una buena metodología para ello consiste en jamás juzgar, ni criticar. Tampoco sea chismoso, eso le irradia malas energías.
4 Orar siempre será bueno. Eleve al cielo una plegaria cada día. No es necesario repetir palabras como lora borracha; basta con un sencilla oración leída con fe.
5 Siempre repita en su interior la palabra “bien”.  Y póngala en práctica; es decir, hable bien de la gente y asuma bien las situaciones. Esa expresión lo ayuda a dirigir sus pensamientos hacia el lado positivo.
6 No participe de cosas “chuecas” ni “torcidas”. Es más caro para usted ser ilegal, porque tarde o temprano termina pagando el doble por esa acción incorrecta.
7 Que de su boca solo salgan palabras agradables. Hable con amabilidad, sea cortés y siempre pronuncie palabras que alegren los corazones.
8La sonrisa es una gran medicina. Dicen que una cara alegre estimula el sistema inmunológico y, lo más importante, ella es una ‘droga’ gratis.
9 ¡Adiós a la pereza! No se quede echado en la cama todo el día; eso, antes que ser un descanso, es un desperdicio de vida.
10 No guarde nada oscuro en su corazón; su parte interior no puede ser un basurero. ¡No más rencores, envidias, apegos, odios o frustraciones!

El mal arte de pedir
Hay gente que solo se la pasa pidiendo cosas y se queda sentado esperando a que los demás le alcancen lo que necesita. Olvidan que los brazos cruzados no producen nada.
Ojo: las manos que se extienden para pedir, al igual que las que no trabajan se vuelven fastidiosas.

HISTORIA
Una zorra saltaba sobre unos montículos. De repente, estuvo a punto de caerse. Y para evitar la caída, se agarró a un espino, pero sus púas les hirieron las patas.
Sintiendo el dolor que ellas le producían, le dijo al espino:
- ¡Acudí a usted por su ayuda, y más bien me ha herido!
A lo cual respondió el espino:
- ¡Usted tiene la culpa por agarrarse de mí! Todo el mundo sabe lo bueno que soy para enganchar y herir a los demás. ¿Por qué abría usted de ser la excepción?
Moraleja: Nunca le pida ayuda a esa persona que acostumbra a hacer daño.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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