Martes 2 de Septiembre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 29 de Noviembre de 2012 - 12:01 AM

Decálogo de nuestros errores

Decálogo de nuestros errores
Podemos cometer errores, porque algo aprendemos; lo desacertado es quedarnos sumergidos en ellos.

Esta página es como una cita con nosotros mismos. ¿Por qué lo decimos? porque debemos conectarnos con nuestro interior para dar el primer gran paso hacia el camino espiritual. Lo invitamos a hacer un recorrido a través de los diez errores más frecuentes que cometemos. Ellos, de alguna manera, nos permitirán entender qué es lo que nos está atando y, sobre todo, cómo podemos corregirnos. Veamos:

1

Con el tema del tiempo nos hacemos demasiado daño. Vivimos atrapados en un remolino de afanes por el futuro, de nostalgias por el ayer y de desilusiones por el presente. La solución es muy clara: gozar cada segundo de una manera sana. Disfrutemos de las pequeñas realizaciones que consigamos cada día.

2

Juzgarnos más de la cuenta es otra equivocación. Nos criticamos demasiado y tendemos a juzgar a los demás. Algunos son excesivamente duros en sus cues-tionamientos. No deberíamos ser así, al menos no de manera extrema. Muchos árboles crecen y luego desaparecen; y lo mismo pasa con la gente: hay tantos seres que vienen y luego desaparecen. Nada lo tenemos comprado.

3

Desánimo espiritual. ¡Qué fea costumbre la que tenemos de comenzar el día pensando que todo nos saldrá mal! El pesimismo es el peor consejero. ¿Qué hacer? Levantarnos con la certeza de que vamos a enfrentar con dignidad cada una de las situaciones que nos corresponda vivir. Y si nos sentimos sin fuerzas, invoquemos la fortaleza de Dios para lograr entereza y asumir las vicisitudes que ocurran. Mañana, al despertar, cancelemos los odios, miremos para el frente y dejemos la prisa.

4

No sabemos reconocer nuestro propio poder. Todos somos capaces de hacer lo que nos proponemos; los límites los ponen nuestro miedos y nuestra imaginación. De manera desafortunada, para muchos es más fácil decir ‘no puedo’. Ya es hora de empezar a fomentar la confianza en nosotros mismos y creer que somos capaces de asumir todos los retos que nos vaya planteando la vida.

5

La infructuosa búsqueda de la felicidad. Nos da miedo ser felices, no sabemos con exactitud qué queremos y nos acostumbramos a vivir aburridos. ¿Cómo se logra la felicidad? No todos tienen la respuesta. Esta página, a decir verdad, tampoco se la va a dar. No aparentar lo que no somos, ni añorar con envidia lo que no poseemos pueden ser  estrategias para alcanzar la felicidad.

6

No sabemos perdonar a los que nos ofenden. El perdón es la máxima expresión para abrir puertas y sanar heridas. La verdad, no es fácil perdonar, pero se puede lograr si nos lo proponemos. Lo mejor es que él nos permite un poco de calma a nuestra vida. Perdonar es el camino de la sanación. Porque cuando perdonamos, dejamos marchar la dureza que se tenía hacia una persona, soltando rencores y angustias que hacen trastabillar nuestros estados de ánimo.

7

No sabemos servirle a la gente. Cuando nuestro corazón responde de una manera instintiva a las alegrías y a las penas de los demás, nos sentimos vivos y de paso Dios nos recompensa. La clave está en dar, no en recibir. Lo que sucede es que nos acostumbramos a pensar solo en nosotros y olvidamos a nuestros semejantes.

8

Nos complicamos la vida. A veces les prestamos atención a cosas insignificantes. Y como nos inventamos problemas, antes de comprobar si existen en realidad, al final terminamos amargados.

9

No nos sabemos controlar. Si queremos triunfar y vivir en paz, tenemos que aprender a manejar nuestras reacciones, nuestras palabras, nuestros sentimentalismos, nuestras rabias y, en general, nuestras emociones.

10

Nos aferramos siempre al dolor. Las aflicciones que nos atormentan no tienen porqué ser amarguras eternas. Debemos entender que el dolor es una realidad que debemos aceptar, pero de la misma forma debemos hacer que esas angustias pasen en el menor tiempo posible.

Síntesis
¿Por qué nos duele tanto equivocarnos?
Tal vez porque no entendemos que una equivocación, en cierta forma, es una oportunidad para crecer.
Dicen que de los errores se aprende mucho. Pero, ¿se aprende algo de un error que puede echar a perder toda la vida?
No importa la edad que tenga, usted puede fallar. A lo mejor, el peor error de su vida, puede ser aquel que nunca ha cometido.
Es más, alguien dice que errar es un privilegio que solo se les está permitido a los hombres y mujeres valientes.
Las imperfecciones nos recuerdan que somos humanos.
Además, el error no es más que una ayuda para aprender a vivir.
Hay una última reflexión al respecto. ¿Cuál? Que no les podemos echar la culpa a otras personas de nuestros errores, ni mucho menos nos podemos quedar lamentándonos toda la vida por ellos.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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