Martes 2 de Septiembre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 13 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

Sentirse bien

Archivo / VANGUARDIA LIBERAL
A partir de hoy póngale color a su vida. Hacerlo es muy fácil y, lo mejor, es que no le cuesta ni un solo peso.
(Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Aunque no lo crea, el espíritu necesita de más cuidados que ni el mismo cuerpo. Por eso hay que aprender a cuidarlo, a reeducarlo, a sanearlo e incluso a “mimarlo”.

Porque si en su vida reinan momentos de aburrimiento o de desesperanza, al final de cada jornada sentirá una extraña sensación de vacío que ni usted mismo podrá explicar.
Si al terminar el día siente que no ha hecho nada productivo, que hoy es menos que ayer y que para el calendario de su vida solo fue un día menos … ¡mucho cuidado!
No puede tratar su vida como ese preso que anota una raya en la libreta, la cual esconde bajo el colchón para tachar el tedio de un día más bajo las rejas.
Sentirse a la deriva, experimentar una sensación de estar decepcionado con lo que hace y vivir amargado ‘por todo’ y ‘con todos’, son síntomas de que algo anda mal.
Con relativa frecuencia padecemos de miedos inconsciente, los cuales nos impulsan a pensar que lo podemos perder todo: el trabajo, tal vez un amor o la misma salud.
Usted no puede llegar a ser tan incoherente en sus pensamientos, ni mucho menos cristalizar las decisiones de su alma viviendo insatisfecho o inseguro.
Para dejar de sentirse vacío debe volver al lugar de donde partió; mejor dicho, le corresponde regresar a su interior.
¿Cómo hacerlo?
Disciplinando su mente y encontrándole sentido a lo que hace; incluso más allá de que no tenga chance de hacer otra cosa.
No le estamos pidiendo que se resigne, ¡todo lo contrario! Si no tiene algo en sus manos no significa que no pueda llegar a tenerlo.
Si la vida le pregunta algo, respóndale viviendo, no se “eche a morir”.
A veces, usted se predispone a estar a la defensiva y esa actitud, sin sospecharlo, siempre lo hace pensar cosas erróneas.
Su mundo le exige una contribución de parte suya para ser feliz y depende de usted, de nadie más, que eso sea posible.
La verdad es que usted no se da cuenta de que podría estar mejor. De pronto lo que necesita es un argumento distinto para escribir la nueva página del día de hoy.
Tener confianza, ser honesto con su proceder, apostarle más a la sencillez que a la ostentación, dejar de autoengañarse y, sobre todo, poner los pies sobre la tierra pueden ser buenas estrategias para salir de ese “marasmo espiritual” en el que se encuentra.
Tenga fortaleza para enfrentar los retos, dignidad para asumir las vicisitudes y, sobre todo, agilidad para sacar a flote esa capacidad de reacción que todos tenemos por dentro.
Su estilo de vida no puede ser la depresión; no solo por cuestiones de salud sino porque, de manera sencilla, no tiene otra salida mejor.
Si decide sentirse mal, a cada instante encontrará razones para sentir terrible; pero si decide sentirse bien, todos los días le sobrarán motivos para disfrutar la vida.

Para pensar
En ciertos momentos nos encontramos en un estado de depresión, en un vacío... Es como si nada nos sirviera, como si nada se prestara para sonreír e incluso como si el mundo estuviera en contra de nosotros. Cuando surgen esos días, contamos con dos opciones: o nos le medimos a ponernos alas para volar, o le apostamos a comprar dos muletas para que nos vean arrastrándonos.

Debilidad
Ver a un niño o una persona débil es motivo de pesar, de tristeza, de preocupación y, por supuesto, parte el corazón del más fuerte. Ese estado pone en peligro la salud y afecta, de manera notable, nuestro estado de ánimo. Pero hay una debilidad peor: la espiritual. Esa clase de flaqueza nos hace vulnerables.

Tempestad
Muchas veces hacemos una tempestad en un vaso de agua, nos fiamos del color más no del sabor e incluso hacemos mucho ruido por cuanta simpleza nos ocurre. ¡Cuántos chascos nos llevamos cuando no miramos más allá de las apariencias! Eso es lo que nos ocurre con los llamados ‘problemas’, pues con frecuencia nos los inventamos.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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