Viernes 24 de Octubre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 27 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

¡Bendiciones!

¡Bendiciones!
Cuente las bendiciones que ha recibido de Dios y notará que tiene muchos motivos para ser feliz. Haga memoria, recuerde sus pequeñas victorias y sea agradecido con Dios por todos los favores recibidos.

En un ayer, no tan lejano por cierto, era cotidiano escuchar a los hijos pedirles la Bendición a sus progenitores, tíos o padrinos.
Esa petición, que no era otra cosa distinta a la de querer escuchar la hermosa frase de ‘Dios lo bendiga’, representaba el saludo que distinguía el respeto y la consideración hacia las personas mayores.
En la actualidad esa bella costumbre, de manera desafortunada, es vista por muchos de nuestros jóvenes como algo “anticuado”.
Quienes piensan que esta expresión debe seguir en ‘desuso’, deberían reconsiderar esa absurda forma de pensar. Porque más allá de ser un acto protocolario, la Bendición de Dios tiene un poder enorme; sobre todo cuando es deseada y solicitada por las personas que más nos aman: nuestros padres.
¿Por qué lo decimos?
Porque la sola frase invoca a la vida, a la salud, a la prosperidad, al éxito y a la esperanza.
Mejor dicho, recibir la Bendición de Dios es la ratificación de ese deseo de “estar bien”  y de revitalizar energías.
No se trata solo del hecho de que las palabras tengan poder o algo así; es algo más: esa expresión fortalece, sana y transforma.
¡La Bendición de Dios es un acto fe!
Debemos tener presente que no existe nada más poderoso en nuestra humanidad que sentir y tener la confianza de que podemos hacer las cosas que nos proponemos.
Crea en el Poder de Dios y las cosas buenas le irán ocurriendo a su debido tiempo. Esa es una fórmula que ha dado grandes resultados a través de la historia.
Recuerde que la oración más corta y más poderosa es: “Dios lo bendiga”. Cada vez que pueda, invóquela y decláresela a su hijo.

SEA LUZ PARA LOS DEMÁS
Él no ve nada, pero siempre lleva en sus manos una potente linterna, con la cual ilumina cada paso que daba.
¿Por qué un ciego anda con una linterna si su vida es oscuridad?, se preguntará usted.
“Porque esa luz no es para mí, sino para los demás”, responde el invidente.
El ciego de esta historia, a pesar del oscuro mundo en el que se sumerge, se convierte en la luz de la gente; una luz que es más intensa en este tiempo de reflexión.
Usted y yo tenemos linternas en nuestro interior más fuertes que la del ciego de este relato; solo que no sabemos cómo encenderlas.
Aunque no lo creamos, nuestra vida puede ser como la del invidente de este relato. Tenemos la capacidad de volvernos fosforescentes con solo extender una mano.
¡El servicio es nuestra linterna!
Esa energía representa nuestra verdadera alma, una materia luminosa que ‘arde’ sin consumir nuestro cuerpo. Es como la sazón de la vida que, por desgracia, olvidamos saborear.
Hay que advertir, eso sí, que a pesar de que tenemos las linternas suficientes, solo de nosotros depende encender nuestro brillo interior.
Esa luz es la que en realidad debemos tener para emprender alguna cosa o cualquier trabajo y, sobre todo, para ayudar a los demás.
Cuando hacemos algo con el alma, sentimos la profunda alegría que nos proporciona conseguir nuestros objetivos. Y esa dicha es mayor cuando comprobamos que gracias a nuestro trabajo, otros se benefician de nuestras acciones.
Cuando usted le pone el alma a lo que hace, de inmediato se produce una fiesta en el cielo que irradia una luz en su hogar. Es entonces cuando usted se llena de entusiasmo y todo le sale bien.
Durante este 2012, por citar solo un ejemplo, muchos estuvimos caminando por un sendero oscuro, con problemas económicos, con inesperadas partidas de seres queridos o con más de un tropiezo en el trabajo; pero a pesar de todo le pusimos ganas a la vida para poder brillar.
La clave de la vida consiste en dar lo mejor que se espera de nosotros. Y en ese orden de ideas, nos conviene llevar en la mano la linterna del servicio.

LO QUE RECIBIMOS
La Bendición de Dios no se apartará ni de su día ni de su noche. A través de ella, Él enviará prosperidad para su trabajo y para cualquiera de sus proyectos.
Con ella, Él no permitirá que usted sea avergonzado, ni humillado o dejado en el olvido.  
Y si está limitado económicamente o muy necesitado, la Bendición de Dios creará su milagro poderoso de asistencia.
Dios le calmará en el lecho cualquier dolor que lo atormente y le guardará durante ese día que usted sienta que todo le sale mal.
La Bendición de Dios arroja un manto de protección que cubre a su familia y a su casa.
La Bendición de Dios protege sus sueños y ayuda a que la semilla de ellos den frutos.
La Bendición de Dios lo ayuda a conducirse en su vida lleno de honor y de honra.
La Bendición de Dios tiene vida y le da la fuerza para esperar el tiempo necesario en el cumplimiento de sus metas, dándole a su corazón la paciencia adecuada.
La Bendición de Dios está diseñada para cumplir el propósito mientras avanza en las sanas estrategias diseñadas para su éxito profesional. Ella desata las riquezas de los cielos y da fortaleza  en  todo tiempo. La Bendición es suficiente para que usted se anide en su propia fe y sienta que los mejores tiempos están “por…venir”.

Ejercicio
Todas las mañanas implore la Bendición de Dios, incluso si es escéptico. Notará que al solicitar la ayuda del Altísimo, espanta de su mente los pensamientos negativos y, sin saber cómo, comienza a sentir que sus esperanzas renacen. Puede parecer un ejercicio simple; sin embargo está comprobado que da excelentes resultados.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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