Espiritualidad
Jueves 10 de enero de 2013 - 12:00 AM

Rompa el vicio de la resignación

Hoy hablaremos de uno de los vicios más desagradables que acompañan a muchos: el de resignarse. ¡Claro! también mencionaremos el mejor antídoto a esta fea costumbre, que no es otro que el de tener ganas de superarse.

Rompa el vicio de la resignación
Rompa el vicio de la resignación

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA


¿Sabe usted qué traduce la palabra resignación?
“Es la costumbre de ceder sus derechos en favor de otro”.
Mejor dicho: ¡es tirar la toalla!
Lo peor es que cuando alguien se resigna solo tiene dos caminos:
1° Se vuelve incrédulo, pues considera que en su mundo todo es pena.
2° Cae en la pasividad que acompaña a muchos y que, de manera desafortunada, se vuelve un peligroso hábito de vida.
Cuántos hombres y mujeres se resignan a los maltratos de sus parejas; cuántos empleados viven aburridos en sus oficinas y se sumergen en la pereza; cuántas personas se resignan a su suerte y se olvidan de su formación profesional, de sus metas y hasta de sus propios aspectos físicos.
No sea de los que piensa que “quien nace en cuna de paja” debe sufrir sumiso, dizque porque Dios nació en el pesebre y también tuvo frío.
¿Quién dijo que usted vino a este mundo a sufrir?
¡No señor!
Es preferible ser sensato y tener presente que puede salir adelante, más allá de las adversidades.
No haga lo que hacen muchos por ahí: que se la pasan hablando de sus problemas al punto de que se vuelven ‘adictos’ a ellos.
Usted fue concebido como un vencedor, jamás como un perdedor. Dios no quiere que se quede tranquilo con su marca, Él aspira a que usted se oriente y se sobreponga a esos bajos estándares que fijan los conformistas.
Es mejor ser ‘vicioso’ en el arte de hablar de sus alegrías, acostumbrarse a verse bien y tener claro en la mente que las mejores cosas de su vida están por venir.
Hay que avanzar: ‘hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy’. ¡Ese es el verdadero lema de un triunfador! Quien sabe que con su esfuerzo y compromiso podrá escalar otro peldaño, más temprano que tarde, asciende.
Además, no se olvide de que otros luchan más que usted, sufren más y padecen más angustias; sin embargo, ellos no retroceden ni se encasillan, sino que han entendido la bendición de tocar a otro, aún con gestos y detalles pequeños, con los que cambian el rumbo de la vida.
En esta parte del texto se hace preciso hacer una pequeña aclaración: una cosa es no resignarse y otra muy distinta es ‘nadar contra la corriente’ y ser terco en la vida. Porque ha de saber que en este mundo todo está tan mágicamente unido que si tiene que ser, usted no podrá evitarlo.
Sin  embargo, no debe quedarse cruzado de brazos esperando a que todo pase como sea; debe ayudarse usted mismo para cambiar su propia historia. Ninguna otra persona hará lo que, por ley divina, le corresponderá hacer a usted.
Desátese de los malos pensamientos, deje de llevar cargas pesadas e inoficiosas sobre sus hombros y, sobre todo, no se la pase con el dedo en el gatillo para dispararse ráfagas de resignación.
Mire hacia adelante porque esa no es la mejor opción; es la única que tiene.

¿Por qué fracasamos?
La gente que fracasa en la vida, se la pasa mencionando dos frases patéticas:
1 ¡No fue mi culpa, fue de...!
2 ¡Es que no pude porque...!
Para lograr ese nefasto ‘propósito de destruirse’, la gente siempre recurre a ellas.
Quien cree que va a fracasar piensa que los problemas siempre son frutos del destino, de la mala suerte, de los demás; pero nunca admite que son de su responsabilidad. Mejor dicho: para caer derrotado, siempre culpa a quien puede y se convierte en un experto en buscar excusas. Así su derrota es permanente.
Permítanos formularle una pregunta: ¿eso es lo que usted quiere para su vida?

Para ser una mejor persona
Tenga carisma: Conserve dentro de su alma a ese ángel que le permite hacer bien las cosas.
¡Hágase querer! Trate de ser simpático con los demás y de ponerle amor a todo lo que haga.
Cultive una gracia: Dedique cinco minutos de su tiempo a hacerle algún favor a alguien. Preste servicios humildes a los demás.
Ayude a quien lo necesita: San Francisco de Sales decía que todos deberíamos cumplir con un interesante sacramento, al cual tituló así: ‘Buenas maneras”. Atender a los enfermos, comprender a los angustiados y ayudar a alguien si está en sus manos hacerlo, son algunas de las acciones contenidas en este dictamen sacramental.
Sea honesto: Hable claro, sin rodeos y, sobre todo, tenga la madurez para decir la verdad todo el tiempo. Le mentira tiene patas cortas.
Viva con entusiasmo: La energía está dentro de usted. Todas las grandes cosas que se han construido en este mundo fueron ejecutadas por personas que tenían ganas de vivir.

¡EXPRÉSESE!
No se resigne a callar sus sentimientos. Siempre debe decirles a sus seres queridos que los ama, porque nunca estará seguros de cuándo será la última vez que los vea.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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