No soy arquitecto ni diseñador; tampoco pretendo serlo más adelante. No estudié para eso ni creo que a estas alturas de mi vida profesional me interese en el bello arte de hacer maquetas.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Sin embargo, debo decir que uno de los rasgos característicos de las torres que componen las instalaciones físicas de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Bucaramanga, es la arquitectura simplista que muestran: se trata de ladrillos que les hacen honor a la arcilla cocida, todos iguales, nada ostentosos y sin arandelas.
¿A qué viene el tema?
A que más allá de la palabra “simple”, que hoy cito, tales edificaciones se ven más bellas que los modernos rascacielos de otros países.
Siempre que iba a clases a esa universidad no paraba de disfrutar el panorama que me ofrecían esos bloques. Sus salones siempre me invitaban a gozar más las clases y, más allá de ello, me daban la sensación de que sentía la placidez de vivir con lo justo, sin preocuparme por los lujos.
Ni hablar de la capilla de la UPB, compuesta por un pequeño altar, unas cuantas sillas, un ramo y un cristo de palo. ¡Es un hermoso escenario para meditar y para reflexionar!
Siempre deberíamos buscar detenernos en las mejores imágenes que componen el paisaje por donde pasamos o en donde vivimos.
Es cierto que los problemas existen, pero no por eso debemos contagiarnos de ellos ni olvidar que podemos gozar de los placeres más sencillos.
Considere que si usted no puede cambiar una situación, no hay motivo para cargarla en su archivo mental. Por esa razón, busque siempre la mejor parte de las cosas y vea siempre lo bueno de la gente; en los edificios de su vida hay masas de arcillas encantadoras.
Vivir de una manera sencilla, sin pasar penurias claro está, resulta algo saludable.
Muchos construyen las “casas de sus vidas” como si fueran a quedarse en este mundo de manera eterna.
Ciertos dolientes levantan lápidas ostentosas, como si con ello pudieran escriturarles a sus seres queridos los pedazos de tierra en los que reposan sus restos.
No podemos olvidar que el valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden y en la oportunidad de experimentarlas.
Siempre existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables; y si analizamos bien tales instantes, dichos elementos e incluso esos seres logran cautivarnos con su esencia.
No somos más por el simple hecho de que tengamos más dinero, más apellidos de alcurnia o más prestigio social; la grandeza está más allá de lo pasajero.
No hay que estar vestidos con prendas de marcas, para lucir bien; no hay que conducir un carro último modelo para transportarnos; no hay que tener un cuerpo escultural para saber amar. Lo físico puede atraer, pero es la actitud la que enamora.
Las palabras pretensiosas solo divagan, mientras que las palabras más dicientes son las que podemos entender con la magia de la espontaneidad.
Hay que volver a lo esencial y pensar menos en lo material.
Tal vez no haya sido el mejor alumno de esa universidad que mencioné al inicio de este texto; de pronto el arquitecto que construyó los salones ni siquiera se imaginó que alguno de los estudiantes que allí acudiría sería capaz de calificar sus edificios de una manera tan “rústica”.
Lo cierto del caso es que en torres como esas comprendí que, más allá del concepto arquitectónico, cada ladrillo me enseñó que la vida puede ser sobria, sencilla y, al mismo tiempo, muy feliz.
Tal y como lo digo en el título de esta página: nuestro mundo puede ser algo simple, pero bello.
LO DIJO UN FAMOSO
“Mi vida es una cosa sencilla que podría no interesarle a nadie. Es un hecho probado que nací, y eso es todo lo necesario”: Albert Einstein.
Un buen ejercicio
Simplifique su mente para que se deshaga de lo superfluo. Si la vida le pesa, aligérela tomando con tranquilidad las situaciones que le corresponda vivir.
Palabras
No ruegue “mucho”
porque ese “mucho”
duele “mucho”.
Bella historia
Un padre le dijo a su hijo:
- “Tenga cuidado por donde camina”
Y el hijo le respondió:
- “El cuidado lo debe tener usted, recuerde que yo sigo sus pasos”.













