Sábado 23 de Agosto de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 07 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

El día menos pensado le rendiremos cuentas a Él

El día menos pensado le rendiremos cuentas a Él
“El que la hace, la paga”, reza un viejo adagio. La verdad es que, este es uno de los dichos que tiene más pruebas fidedignas en nuestra vida cotidiana.

Todos, sin excepción, podemos gozar la vida; algunos lo hacen de una manera sana, otros no tanto.
No obstante, tarde o temprano llega el momento en el que tenemos que responderle a Dios por nuestros actos.
Hay quienes piensan que la rendición de cuentas se da después de la muerte; mientras que  otras personas creen que es en vida cuando se saldan las deudas.
No nos vamos a estancar en esa discusión porque, más allá de las metáforas de la justicia divina, lo único cierto de esos dos puntos de vista es que “lo que se hace, se paga”.
Los saldos parecen invisibles como tal, pero si los analizamos desde la perspectiva de la conciencia aparecen varias cuentas por cobrar.
No podemos negar que, así hayamos burlado a los demás en ‘x’ o ‘y’ circunstancia, siempre hemos escuchado retumbar el sonido de esa voz que nos recuerda que estamos haciendo algo mal.
Ese singular ‘eco’ es como la tutela que nuestro espíritu nos instaura, no como un mecanismo judicial, sino como una medida para proteger los derechos fundamentales que la vida nos exige.
Si quiere haga el siguiente ejercicio:
Traiga a su memoria algo “malo” que haya hecho; no importa si es una situación pequeña o grande.
¿Ya lo hizo?
Recuerde cómo se sintió después. No negará que tuvo remordimientos; incluso, es propable que todavía se puede estar sintiendo algo abatido.
Esa es la tutela que le instauró la conciencia y que, a pesar de ‘fallos en primera o segunda instancia’, usted deberá asumir.
Los seres soberbios, por citar solo un ejemplo, muchas  veces son los que más se ven obligados a rendir cuentas. Alguien que tenga el pecho lleno de orgullo tiene la costumbre de hablar demasiado, sin pensar en el dolor que le causa a quien pretende herir.
¿Y saben una cosa?
Si hay algo que se paga caro es por el alcance de nuestras palabras, sobre todo, cuando en ellas hay tonos de prepotencia o de arrogancia.
Todo lo que haga, diga o escriba, más allá de la forma como lo asuma, se le devolverá.
Si se pudiera utilizar una figura, podría decirse que esta es una fórmula matemática:
 ¿Trata mal al alguien? alguien lo despreciará a usted después; ¿le quitaron algo? más tarde se lo devolverán doble; ¿hace llorar a quien le rodea?  luego usted será el afligido.
Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma: nadie puede llevarse lo que no le pertenece.
La tutela del espíritu, al reclamar sus derechos, hace que usted sienta que las cosas van de mal en peor; esa es la razón por la que muchos caen en depresión o en estados de odio
Lo  peor es que la gente ni siquiera asume su responsablidad; es más, se pregunta: ¿Por qué me pasa esto a mí?
La respuesta es muy clara: las consecuencias de sus acciones siempre salen a flote.
Aunque no se dé cuenta, por cada  uno de sus actos, hasta por el más insignificante, le llega la factura.
Claro está que, no por eso, debe enfrascarse o vivir estresado y lleno de culpas.
La vida sigue, solo que a su debido momento usted tiene que ajustar cuentas.
Recomponga el camino, de manera precisa, para que el recibo de cobro espiritual no lo deje en déficit.
Además, no se engañe: ¡de Dios nadie se burla! Él retribuye o le exige, según su conducta.

PARADOJA
Los robles orgullosos resisten de frente al huracán y son partidos por él; los sauces
humildes se doblan cuando llega el viento fuerte y logran conservarse sin partirse.

Ejercicio
Si está alterado o irritado, practique el siguiente ejercicio:
• Afloje todos los músculos de su cuerpo.
• Levante los brazos y luego déjelos caer de una manera libre.
• Ablande su rostro y ría.
• Parpadee una y otra vez.
• Cierre los ojos y no piense en nada.
• Escuche con atención ruidos y sonidos, próximos o lejanos, sin calificarlos de agradables o desagradables.
¡Hágalo y notará que la irritabilidad pasa a un segundo plano! Y, por supuesto, se sentirá mejor.

Crecer
Usted debe crecer y descubrir el tesoro inmerso que lleva por dentro. La verdadera riqueza, que es la sabiduría del corazón, está en su interior. ¡Cultívela! Si crece por dentro, le encontrará sentido a su vida; si no lo hace, no experimentará la verdadera felicidad.

Buena señal
Un indicio evidente de salud mental es que sienta alegría cuando triunfa su amigo. Sin embargo, es una muestra clarísima de su magnífica salud espiritual cuando usted se regocija con los éxitos de quienes alguna vez le han incomodado o lo miran con malos ojos. Sea benevolente y nunca le desee el mal a nadie.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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