Si las penas llegaren a maltratar su humanidad sepa sobrellevarlas; además, ellas en últimas sirven para liberar su corazón. Por eso, cuando la sombra de los mal llamados 'días grises' perturbe su crecimiento, eleve el corazón a Dios sin olvidar que Él está en su interior.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Así como en la naturaleza hay cambios en la temperatura y el tiempo pasa de soleado a brumoso, nuestra vida presenta ciclos de variabilidad. Lo malo es que, en más de una ocasión, no somos capaces de asumir esas alteraciones.
Los vientos fuertes, las olas y la visibilidad limitada, en alta mar, son frecuentes; y son tan fuertes que hasta a los propios marineros les resulta difícil mantener el rumbo.
No podemos negar que hay ciertos días en los que sentimos que ya no podemos más o que nuestros pies no quieren seguir en el camino. Son instantes que nos hacen ver las cosas grises, casi negras, y nos dejan a oscuras o al bordel del abismo.
¿Qué solemos hacer cuando algo no nos sale bien?
A veces explotamos, en otras ocasiones nos echamos a la pena.
Tales actitudes, de entrada, no están para nada bien. Lo mejor sería hacer lo que reza el consejo de antaño: ¡respirar profundo y contar hasta diez!
Por muy difícil que sea la situación, en nuestras manos está el mantener siempre el equilibrio, haciéndonos dueños de nuestras emociones para no ser los ‘títeres’ de los problemas.
Las personas que tienen dominio de sí mismas jamás se dejan amilanar por los malos ratos que les pasan, y a punta de serenidad salen a flote.
No podemos ir por la vida llenándonos de amarguras ni de tristezas ni mucho menos de rabias. No es culpa de la vida; tampoco se trata de que Dios quiera que suframos.
No hay días grises, solo son nubes pasajeras. Mañana, cuando de nuevo salga el sol, todo cambiará.
Evitemos ir por el mundo acumulando decepciones porque, en algún momento, necesitaremos encontrar un lugar en dónde desahogarnos y ese sitio terminará siendo nuestro corazón.
La vida no se nos debe convertir en una escuela de frustraciones; ella no puede ser un cúmulo de pesares. Siempre será mejor vivir en medio de la fe y con ella mantener el rumbo hasta que lleguemos a nuestra meta.
Nos viene bien considerar que cada día es único y que esas 24 horas lucen para nosotros. Y, por supuesto, hay que aprender a disfrutar la vida en su momento y con toda la pasión del caso.
Lo importante de todas estas palabras es que hay que aceptar los problemas.
¿Por qué?
Porque forman parte de la cotidianidad y, sobre todo, porque son pruebas contundentes de que en el interior de nuestra propia esencia tenemos la fortaleza suficiente para superarlos.
Su futuro puede ser tan brillante como las promesas de Dios; es solo cuestión de trabajar por él.
Las cosas no se nos presentan siempre como nos gustarían. No obstante, hay que aprender a darle gracias a Dios por los momentos “buenos”; y también por los “malos”, pues de ellos se aprende más de lo que esperamos.
SABIOS CONSEJOS
* A menos de que usted sea un atleta, no viva de prisa.
* Toda acción que emprenda debe ser un limpio torneo de nobleza.
* No deje que su vida, que ha de ser siempre una pasión, se convierta en una fea costumbre. ¡Nunca caiga en la absurda rutina!
* El que no aprecia el tiempo que tiene, sencillamente no lo merece.
* La vida no puede ser egoísta. Ella es más que nuestra vida, es un poco la vida de todos los que nos rodean.
* Hay personas que se la pasan fabricando ‘museos de espantos’ y en ellos arman las habitaciones de sus mentes. Recuerdan todo lo ingrato y todo lo molesto, y lo van repitiendo en su memoria hasta convertirlos en monstruos que tiranizan. ¡Jamás sea así!
* La falta de confianza es el más grande obstáculo que tenemos.
* En la calle, en las oficinas y en nuestros hogares hay personas que no hacen algo para combatir los inconvenientes que les trae la vida. ¡No haga parte de ese grupo!
* Cuando no pueda arreglar las cosas, deje que ellas busquen su propio curso. Dios y el tiempo ajustan lo que sus afanes no lograrán jamás.
* No son los que brillan e impresionan los que mayor bien hacen, sino los que trabajan de una manera callada día a día para ser útiles a los demás.
Es cierto que hasta la más suave brisa puede hacer tambalear a un árbol; pero ninguna borrasca es capaz de quitarle su encanto, mucho menos su fragancia.
No piense que es tarde, siempre hay nuevas oportunidades para volver a levantarse.
DATO CURIOSO Una persona común ríe aproximadamente tres veces por día. ¡Deberíamos mejorar esa cifra!













