Martes 16 de Septiembre de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 23 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

La pesada carga que arrastramos

¿Por qué ata a su humanidad cargas pesadas y difíciles de llevar? Lo peor es que se las echa al hombro a pesar de que ni siquiera le corresponde asumirlas.

Muchas veces, justo después de levantarse, usted siente como si llevara cien micos colgados a su espalda. ¿Le ocurre con frecuencia? Aunque no lo crea, eso no tiene nada que ver con el colchón ni con la pesadilla que pueda haber tenido durante la noche. Lo que sucede es que, sin explicarse el porqué, siempre lleva cargas innecesarias en su vida.

¿Sabe algo? No se justifica que aguante solo ese tremendo peso. Es hora de acabar con la costumbre de soportar esos bultos en el alma.

Analice bien y admita que el diagnóstico que hoy le hace la Página Espiritualidad es acertado.

¿Por qué es presa de tantos afanes?

Vive cargando la ‘mochila del pasado’, dizque para pagar sus supuestos errores; se cuelga además la ‘tula del presente’ y la llena de las interminables responsabilidades que se echa a cuestas; y, como si fuera poco, se la pasa estresado armando la ‘maleta del futuro’ e imaginando situaciones y angustias que ni siquiera sabe si algún día experimentará.

¿No cree que lo que le decimos es cierto?

Lo más preocupante del caso es que, en medio de tantas cargas, desperdicia su vida en un ambiente amargado y aburridor.

Todo lo que le pase, aunque no lo crea, tiene un bálsamo y debe recurrir a él. Además, le caería bien librarse de tanto bulto, sin que por ello asuma los roles del irresponsable y del egoísta.

Aprenda a disfrutar de las cosas, acostúmbrese a delegar y viva cada momento con sana intensidad. Es tiempo de que se libere de esas absurdas cadenas que lo atan a la oficina, a su pareja, a lo material, a la sociedad y, en general, a todo su mundo.

¡Ojo! no se trata de mandar todo a los vientos. Es cuestión de asumir una posición más liviana y consecuente con su ritmo de vida. Y decimos estas palabras porque hay cargas que, bien llevadas, se pueden compartir y hasta disfrutar.

¡Lea bien! Hay cosas en la vida que parecen cebollas. Es decir: nos pican, nos hacen llorar y hasta resultan difíciles de digerir; pero, tal y como ocurre con esos vegetales, proporcionan grandes beneficios a la salud física y mental.

También hay situaciones bellas que, si se aprovechan y nos soltamos libremente, nos conducen por el camino de la felicidad.

10 mil pensamientos

Una persona común y corriente tiene unos 10 mil pensamientos diarios y, de manera desafortunada, 80% de ellos son negativos.

Los seres humanos, sin sospecharlo, nos acostumbramos a contagiarnos de todo lo negativo.

Convivimos con densas sombras en la mente y en el espíritu que, al final, hacen que las cosas no nos resulten y que nuestros planes se frustren.

Olvidamos que la mente tiene magnetismo y que atrae lo “bueno” o lo “malo” que pensamos. Es preciso ver la vida de una manera diferente, más optimista por cierto. ¡Hágalo y el mundo comenzará a cambiarle para bien!

Dos hombres distintos

Dos hombres estaban contando la noche que pasaron. El primero de ellos expresó así su experiencia:

- “Antes de acostarme me acordé de mis problemas y me llené la cabeza de preocupaciones, lo cual me hizo dar vueltas y vueltas en la cama”.

El otro comentó:

- “Yo me senté y leí unas líneas de las Sagradas Escrituras. No leí más de un

versículo y ¿sabe una cosa? Me llené de bellos pensamientos y dormí de una manera plácida”.

Fueron dos noches bien distintas. El uno se alimentó con ideas miedosas y deprimentes; mientras que el otro se nutrió con los pensamientos de la confianza.

Es posible cambiar

Todos, de alguna forma, tenemos una mala costumbre que nos gustaría cambiar. Pero hacerlo resulta algo difícil. ¡Pregúnteselo a cualquier alcohólico

que lleve años intentando dejar de beber! Los malos hábitos quitan energía, pues hacen que uno se sienta fuera de control. Aún así, la voluntad puede más que cualquier vicio. Es cierto: romperlo puede demandar uno, dos y hasta diez intentos; pero es con la serenidad que se logra la meta.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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