Miércoles 23 de Julio de 2014
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Espiritualidad
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Jueves 20 de Junio de 2013 - 12:01 AM

No deje crecer la maleza

La ‘maleza’ crece más de la cuenta y hace sucumbir cualquier estado de ánimo. Casi sin notarlo, dejamos que esa mala hierba haga de las suyas.

Algunos le dicen hierba alta, aquí preferimos llamarla maleza. Ella crece en áreas que no se riegan a menudo o en sitios que no se utilizan con frecuencia, ya sea por abandono o por física pereza.

En la cotidianidad dejamos que nuestro estado de ánimo sea devorado, de manera literal, por esos ‘matorrales’ que siempre nos hacen ver muy desarreglados.

La espesura de la que hablamos no es otra cosa que toda esa mugre que permitimos que entre a nuestra vida.

Nos llenamos de rencores, alimentamos falsos orgullos, peleamos por bobadas, nos aferramos al pasado, vivimos llenos de amarguras y en algunos casos nos sumergimos en discusiones que no llegan a ninguna parte.

Es por eso que desatamos tormentas en un vaso de agua y, sin quererlo, nos acostamos con las mangas de nuestro estado de ánimo totalmente deshilachadas.

Somos expertos en desatar incendios en donde no hay ni un fósforo, ni mucho menos un rayo de sol.

Nuestra ‘maleza’ es una fuente continua de aflicciones, cargadas de ideas pesimistas. Es un manantial inagotable de malos presentimientos, de supersticiones y de angustias.

Lo peor es que esa ‘maraña’ nos trae momentos  de depresión y nos deja en un vacío. Es como si nada nos sirviera, como si nada se prestara para sonreír e incluso como si el mundo entero estuviera en contra nuestra.

Cuando se nos crece la maleza contamos con dos opciones: o nos le medimos a ‘podarla’ o nos resignamos a vernos abandonados.

Si nuestra mente está obsesionada por algún pensamiento de inseguridad, nos conviene convertirnos en ‘jardineros’ para hacerle el debido  mantenimiento a nuestro espíritu.

Y una sana estrategia para acabar con la maleza consiste en arrancarla con todo y su raíz. Esta práctica debe hacerse con una relativa periodicidad, pues solo  irá desapareciendo en la medida en que se corte.

La voluntad que tengamos para hacerlo es, en realidad, el mejor herbicida.

Si una borrasca golpea a nuestra vida y sentimos que ella sigue zarandeándonos de manera violenta mientras nuestras raíces se debaten desprotegidas, es hora de movernos.

Nos corresponde tener la fuerza y la buena mano del sembrador para volvernos a plantar y acabar con toda esa vegetación que nos daña el paisaje de la vida.

Debemos enraizarnos con firmeza en las nuevas circunstancias que el mundo nos ofrece.

Ya es hora de preocuparnos por algo que en esta página podríamos llamar: ‘medio ambiente interior’.

Porque, aunque no lo asumamos, la ‘contaminación’ que nos carcome por dentro, a veces no nos deja respirar.

Los chismes, las envidias y las heridas emocionales, esas que no nos preocupamos por sanar, son las que más ocasionan en nosotros el terrible efecto de la maleza.

Empecemos por sacar la basura de nuestros corazones.

Deshagámonos de todo aquello que nos produzca malas energías.

¡Claro! no se trata ahora de encender velas o de ponerse a rezar, sino de limpiar ese ‘garaje de estupideces’ en el que acostumbramos  a estacionarnos.

Encontrarle el sentido a la vida no está, de manera precisa, en estirar las manos y abrazar el mundo solo porque sí.

A veces, el sentir la riqueza de la existencia se logra con cosas tan elementales como tener voluntad de progresar y, lo más importante, ‘echarles ganas’ a las cosas pequeñas que hagamos.

El fuego que calienta el frío y el manjar que quita el hambre se encuentran con sentidos, no con quejas o reproches.

Oración final

Si llegó a esta parte de la página, lo invitamos a leer, en voz baja, la siguiente oración:

Dios: le pido que me dé fuerzas para continuar cuando sienta desfallecer; permítame encontrar las salidas cuando las crisis me hagan estallar.

No me deje ahogar en ilusiones tontas, aunque el pantano sea hondo. Deme la serenidad necesaria para tomar las decisiones que me correspondan, sobre todo cuando la confusión se apodere de mí.

¡Ayúdeme a cortar mis propias malezas!

No son problemas, son situaciones

No todo lo que nos produce alteración es necesariamente “malo”. Por eso, no se desespere con sus vicisitudes ni se preocupe más de la cuenta.

Enfrente el ardor en su cara y en su mente con valentía. No todo está perdido; de hecho, en más de una ocasión tales situaciones terminan siendo benéficas.

Tampoco agrande las circunstancias. No haga lo de la lupa, que nos hace ver las cosas pequeñas como grandes monstruos. Muchas veces lo que usted llama ‘problema’ solo es una oportunidad más en su vida. Cuando alguna angustia lo inquiete, póngase en la tarea de enfrentarla.

De ahora en adelante, no maldiga cuando no se le den las cosas. ¡Échele cabeza y notará que algo está haciendo mal! En lugar de lanzar improperios, proceda a rectificar y encontrará la mejor salida a su crisis.

¡Asuma la vida con gallardía!

Si una tragedia golpea a su puerta, asúmala con gallardía. Entienda que esa es la verdad que tiene frente a usted y que es la realidad de las cosas.

¿Sufre alguna pérdida? recorra las etapas que debe tomar para rehacerse. Sí, es probable que sienta temor, pánico,conmoción, ira y hasta depresión. Lo malo no es que sienta esas cosas; lo complicado es que se quede ahí, llorando sobre su desgracia.

Ríndase a la esperanza: ¡Crea en Dios! Él nunca lo dejará solo; así usted sienta que nadie lo acompaña.

Publicada por
EUCLIDES ARDILA RUEDA
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