
“El que la hace, la paga”, reza un viejo adagio. La verdad es que, este es uno de los dichos que tiene más pruebas fidedignas en nuestra vida cotidiana.

El chisme es una murmuración desagradable. Muchos, de manera desafortunada, se dedican al chismorreo de una forma tal que no pueden vivir sin él. ¿Conoce a alguien así? ¡Aléjese de esa gente! si no lo hace, esa persona terminará contaminándolo a usted y a quienes le rodean.

La belleza siempre está en los ojos de quien ve. De la forma como usted observe su vida y, sobre todo, como aprenda la lección, podrá contar su propia historia con alegría o con dolor. ¡Usted decide!

El bambú se prepara para triunfar y en su camino hacia lo más alto se vuelve poderoso. Si la desgracia cae sobre él y alguien lo corta de manera indiscriminada, este árbol renace y llega de nuevo a la cumbre; incluso 'empezando de cero'. Nos convendría prepararnos para ser tan fuertes como esta milenaria caña.

Depender es estar subordinado a una persona o a una cosa. Laboralmente tal vez eso no sea del todo grave; pero en temas sentimentales puede convertirse en algo muy perjudicial y en un absurdo estilo de vida. Tenga presente que el apego es la principal causa que impide nuestro crecimiento espiritual.

Aléjese de esa persona que a toda hora trata de empequeñecer sus ambiciones; la gente pequeña siempre hace eso. Sin embargo, quien es grande de verdad le hace sentir que usted puede llegar a ser más inmenso de lo que ise imagina.

No soy arquitecto ni diseñador; tampoco pretendo serlo más adelante. No estudié para eso ni creo que a estas alturas de mi vida profesional me interese en el bello arte de hacer maquetas.

Hoy hablaremos de uno de los vicios más desagradables que acompañan a muchos: el de resignarse. ¡Claro! también mencionaremos el mejor antídoto a esta fea costumbre, que no es otro que el de tener ganas de superarse.

Siempre que comienza un año, la motivación para ejecutar nuestros planes se aviva. ¡Eso es positivo! Lo preocupante es que con el paso del tiempo y de la rutina, tal entusiasmo se va gastando y escapando de nuestras manos. Debemos proteger los rayos esperanzadores para que, con la Venia de Dios, podamos cristalizarlos.

Cuente las bendiciones que ha recibido de Dios y notará que tiene muchos motivos para ser feliz. Haga memoria, recuerde sus pequeñas victorias y sea agradecido con Dios por todos los favores recibidos.