
No crea que usted es el único que afronta problemas; tampoco piense que el universo siempre hace todo lo posible para que sus planes jamás lleguen a feliz término. ¡Eso jamás ocurre! Pásele lo que le pase, la fe es la mejor arma que tiene para enfrentar las adversidades.

Cada día que pasa se pierden más los valores. Y aunque ellos deberían ser parte de nuestra identidad, de manera errada muchos los ven como obstáculos para enriquecerse, para avanzar e incluso para amar. Hoy, la Página Espiritualidad lo invita a actuar guiado por valores, entre otras cosas, porque con ellos nadie pierde... ¡todos ganan!

Para reconocer un milagro no hay que ir a la Santa Sede ni escudriñar la Biblia. Una puesta del sol, el bostezo de un niño, una nube, una flor, el nacimiento del ser humano y la misma magia de un beso encierran miles de maravillas.

Antes de terminar el año, cierre los ojos y pídale a Dios para que el 2012 que entra lo tenga a usted, de manera exacta, en el lugar en donde deba estar. Permita que la presencia del Altísimo inunde sus huesos y, algo mejor, déjese llevar por Él.

Las horas, los días y los años vienen y van. Y, con relativa frecuencia, muchos no los aprovechamos. Deberíamos tener presente que Dios también tiene reloj y que, con el paso del tiempo, Él nos dará cosechas reales sólo en la medida que sembremos las semillas del bien.

¿Por qué será que cuando una persona sabe que van a fotografiarla, sonríe de manera espontánea?

Tres cosas no hay que hacer nunca cuando tropezamos y algo nos sale mal: refunfuñar, desanimarse o dejar de luchar. Hay que utilizar la cabeza y aprovechar los errores para crecer. No se deje dominar por la tristeza porque ella no trae bienes, sino males. Muchas victorias pueden venir después de una derrota.

Antes de leer esta página, comience el día con una acción de gracias a Dios; no sólo por su vida, sino por las de los demás. Después, dedíquese a disfrutar la jornada y, sobre todo, no deje que nadie arruine su entusiasmo.

Nos corresponde ser coherentes entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Todo debe estar basado en la verdad y en la equidad. Por eso, cuando nos corresponda decir “no” debemos pronunciarlo, más allá de lo que esa negativa les pueda generar a los demás.

La sencillez es un valor, entre otras cosas, porque puede llegar a todo el mundo. Alguien sencillo es franco, afable y transparente. También es natural y espontáneo, rechaza el protocolo y prefiere la informalidad. Le conviene ser así.