Domingo 18 de Septiembre de 2011 - 12:01 AM

¿Fetiches, ¿cuándo se salen de órbita?

Fetiches hay de todo tipo. Hay quien no soporta ver a una mujer en medias de velo y zapatillas altas, o con encajes. Está quien sueña con ver a su pareja sometiéndolo y vestida de policía; pero hay otros fetiches que pueden ser más curiosos de lo que usted se imagina y que pueden lastimar o ir en contra de la pareja. Por eso es bueno repensarlos antes de proponerlos.
Internet/ VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Internet/ VANGUARDIA LIBERAL)

¿Qué pensaría usted si tras varios encuentros psicosexuales con su actual pareja le dice que le gustaría usar como fetiche una máscara de gas?
A muchos podría darles risa, a otros asombro, algunos hasta miedo. Y es que precisamente la reacción que se dé, diferencia en gran parte, si usted debe o no aceptar esa propuesta.
Puede estar la persona que se ríe y hasta le parece divertido, que es capaz de ponerse la máscara y experimentar. Pero está también aquella que le da a la propuesta una lectura diferente hasta el punto de ver a su pareja como alguien “exagerado”, “raro” o hasta “depravado”.
Por esos los expertos consultados reiteran que todo lo que lo lleve a sentirse vulnerado en la intimidad, ya es señal de que usted no está dispuesto y que no tiene por qué acceder.
Pero algunas personas por miedo a perder a su pareja corren el riesgo y cada vez que se encuentran con esas propuestas terminan lastimadas, ofendidas y hasta sintiéndose sucias.
Y es que como la imaginación para muchos es tan grande, hay quienes le imprimen a sus relaciones más y más experiencias excitantes. Si no, solo basta ver algunos documentales donde la gente confiesa que les gusta el sexo fuerte y eso los lleva a ponerle un plástico a su pareja para que con esa sensación de asfixia llegue el punto máximo de excitación.
Así que si usted tiene algún fetiche debe preguntarse hasta qué punto su pareja está dispuesta a aceptarlo y hasta qué punto usted debe frenar su imaginación para que no lastime a otros por sus caprichos en la intimidad.

Preguntas y respuestas

Agustín Herrera de Arcos
Sexólogo y terapeuta
¿Hasta qué punto los fetiches están atravesando barreras que no deberían?
Si el uso de fetiches es aceptado por la pareja y no produce trastorno o alteraciones de su afectividad,  de sus sentimientos y emociones, puede considerarse normal desde la psicosexualidad.
Pero es importante que sea aceptado por los dos y que sea validado como placentero.
Lo que no está bien es pasar al fetichismo, involucrar fetiches que producen dolor, pues ahí ya estaríamos hablando de una psicopatología sexual.
No podemos ver como placentero que el otro se esté muriendo con una bolsa en la cara, pues ya se está atravesando el límite de lo agradable al de lo desagradable.
Un fetiche aceptable es aquel que se convierte en inspiración dentro de los sentidos, dentro de la sensualidad.
¿Por qué algunas personas encuentran placer en cosas extremas o aparentemente raras? Por ejemplo, hacer el amor con máscaras de gas, por citar algunos fetiches.
Hay personas que pueden tener en su aparato psíquico algunas dificultades y por eso acuden a ciertos elementos externos o situaciones por encima de lo común y corriente, que puedan satisfacerlos.
Es permitido buscar el placer, pero la pregunta a hacerse es: ¿Por qué tienen que utilizar una máscara de gas o una bolsa? En mi experiencia como terapeuta sexual les indico a las personas que hay que tener mucho cuidado. Hasta dónde está nuestro interés en buscar nuevas situaciones. Hay algunas muy lamentables, tras esa búsqueda de experiencias, que llegan a maltratar al otro o buscar maltrato.
¿Qué consecuencias puede traer el exceso de fetiches para la sexualidad de la persona que los busca y de su pareja?
Desde una leve dependencia hasta una dependencia franca a vivir situaciones con elementos que aparentemente producen placer. Pero lo complejo está en que les falta interioridad, un componente de tranquilidad y equilibrio emocional, porque el placer está en dos personas a partir de múltiples situaciones que son agradables y no sólo en objetos.
Es importante que la gente se pregunte hasta qué punto debe usar cosas para sentir un agrado con su compañera.
Las consecuencias son desde la adicción leve hasta la propia exposición de la vida. Es probable que lleguen al punto en el que se sientan frustrados y digan “no aguanto más”.
Hay personas que por el interés de experimentar situaciones diferentes han utilizado elementos y han terminado en urgencias. Al salir por supuesto terminan ocultando lo que pasó.
Del fetiche al fetichismo hay que tener mucho cuidado, es riesgoso, hoy en día nos preocupa mucho por la experiencia ingrata de mucha gente joven, que busca experiencias en objetos, cosas, situaciones.

Voz del experto
Camilo Umañan
Sexólogo y psiquiatra
Un fetiche es un objeto que posee una carga sexual y reemplaza a la persona que  lo representa de forma total, por ejemplo, un zapato de él o de ella que suele representar a la persona y que al poseerlo da placer como si ella o él estuvieran presentes.
Cuando tenemos nuestra mente bloqueada en cuanto a la libertad del gozo, la presencia de la persona completa no es aceptada para la mente por ser temida y toda la energía sexual que desata es aplicada al objeto que tenemos como fetiche. Y el fetiche es sentido como seguro.
Es necesario ponerle ‘stop’ a los fetiches cuando son la única y exclusiva forma de aproximarse a la persona para sentir placer. Como las relaciones sexuales son de aceptación mutua, si hay aceptación de determinado elemento, no incomode, porque aceptar algo que incomoda termina desatando crisis y sentimientos que tarde que temprano generaran dolor y distanciamiento. De hacerlo por obligación o presión, por no poner límites acerca de los eventos que son tolerados en contra de la voluntad o de las concepciones morales que se tienen.

Comienzan los problemas en pareja
Disfrutar un fetiche en pareja puede ser una forma de innovar en su intimidad. Así lo piensan muchos, pero hay otros que ante la primera propuesta por parte de sus parejas quedan en estado de ‘shock’. No entienden cómo esa aparenten normalidad en la cama, se torna un tanto brusca o riesgosa.
Imagínese por un momento que su pareja en medio de caricias y besos le diga que quiere verla como una secuestrada y que quiera atarla a la cama, ponerle una mordaza y estar con usted.
En ese mismo instante pasarán por su mente cantidad de dudas, respecto a su pareja y la forma como concibe la sexualidad.
Pero lo que hacen muchas personas es ir corriendo a contarle a su amiga o amigas más cercanas, en vez de buscar la ayuda pertinente de mano de un experto que las guíe y las ayude a entender qué pasa.
Muchas personas terminan angustiadas, otras sencillamente dan por terminada la relación, algunas se someten por miedo, están las que desfiguran la imagen que tienen de su pareja y otras que ceden porque no quieren que se acabe su matrimonio.
¿Qué hacer en esos casos? ¿Cómo reaccionar ante el primer fetiche y cómo saber que es algo que se sale de control?
El sexólogo Agustín Herrera de Arcos le da algunas pautas claves:
•     No le cuente a su amiga o amigo, a menos que tengan cierta preparación profesional sobre el tema y pueda direccionar sus preguntas.
•     No trate de ayudarse de manera individual. No crea que el corazón aguanta todo, pues eso puede llegarlo incluso al divorcio, si no aborda a tiempo la situación.
•     Puede acudir a un terapeuta si quien pasa por esa obsesión entiende que las cosas no funcionaron bien porque había un componente psíquico por resolver. Son afortunados los que buscan ayuda, pero siempre son la minoría.
•     Es importante que como pareja ponga atención a las propuestas iniciales pues pueden ser un inicio de invitaciones más complejas con el paso del tiempo.
•     Tenga en cuenta que es aceptable una venda, un zapato, pero cuando aparece el dolor, ya se está saliendo del límite del fetiche.
•     La invitación es a que busque ayuda de inmediato y no permita violencia sexual en su hogar. De no hacerlo, la situación se traducirá en maltrato, peleas e incluso violencia por parte de quien quiere someter. Aparecerán frases como “si cuentas yo hago tal cosa…”
•     No se culpe ni se obligue a aceptar todo lo que dice su pareja por miedo a que se acabe su relación. Es claro que tras ese tipo de invitaciones se acabará la armonía del compartir corporal y aparecerá la disritmia sexual, porque uno quiere pero el otro no. Pero recuerde que no es su responsabilidad que no funcione, pues usted no puede obligarse a hacer algo que no concibe.

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